Durante una primavera de hace 66 millones de años un dinosaurio alzó la vista al cielo. El punto brillante que había aparecido unos minutos antes era cada vez más grande. El meteorito Chicxulub, de unos 14 kilómetros de diámetro se acercaba a La Tierra a una velocidad pasmosa. Según han demostrado estudios posteriores, la enorme roca apenas tardó 20 segundos en atravesar la atmósfera e impactar en las costas de la península de Yucatán.
- La energía liberada creó una onda de choque que barrió a cualquier ser vivo que se encontrase a cientos de kilómetros de la redonda, provocó enormes tsunamis y vaporizó miles de toneladas de rocas sulfurosas, que acidificaron los océanos y bloquearon el sol durante años.
- La extinción masiva del Cretácico-Paleógeno acabó con aproximadamente dos tercios de las especies de La Tierra, incluidos todos los reptiles y dinosaurios no avianos superiores a los 40 kilos de peso, excepto tortugas y cocodrilos.
Gracias a los eventos que sucedieron tras el impacto, los mamíferos de pronto se encontraron en un mundo con muy poca competencia y comenzaron a dominar el planeta, hasta la actualidad. Sin embargo, aunque esta extinción es la más conocida, solo es la última de una larga lista y que sigue actualmente en lo que ya se conoce como “la sexta extinción masiva”.
Las primeras: las extinciones masivas del ordovícico-silúrico
Cuando la vida compleja estaba dando sus primeros pasos tras la Explosión Cámbrica, cientos de familias de especies evolucionaron para adaptarse a un entorno cambiante. En el enorme océano Panthalassa, que cubría la mayor parte de la superficie del planeta, especies conocidas, como los trilobites, campaban a sus anchas, y los primeros peces comenzaron a nadar en las cálidas aguas. En este período también aparecieron las primeras especies que habitaban tierra firme, como ciertas plantas y, según se cree, los primeros artrópodos.
Sin embargo, hace entre 450 y 440 millones de años desapareció aproximadamente el 60% de todos los géneros que habitaban el planeta, y se cree que un 85% de todas las especies marinas se extinguió. Existen distintas hipótesis sobre por qué ocurrió esta pérdida en la biodiversidad.
La más aceptada en la actualidad es que se produjeron una serie de glaciaciones, aunque sus causas no están claras y son objeto de debate. Entre las opciones se baraja el vulcanismo, el desplazamiento de los polos, o incluso el impacto de la radiación procedente de una supernova, pero no existen pruebas suficientemente sólidas como para demostrar la causa concreta o si fue una combinación de estas.
Las extinciones masivas del final del devónico
Se estima que apenas 5 millones de años tras las extinciones del Ordovícico-Silúrico, los ecosistemas habían recuperado su biodiversidad. Tras esto, comenzó lo que se conoce informalmente como “la Edad de los Peces”, una época en la que brotaron infinidad de especies marinas. Entre ellos, destacan los peces óseos, que han llegado hasta nuestros días, pero también habitaban corales, esponjas, artrópodos y cefalópodos. En el devónico también aparecieron los primeros bosques.
- Los más antiguos conocidos datan de hace 390 millones de años, y ha sido descubierto recientemente en los acantilados del sudoeste de Inglaterra. Estos bosques estaban formados por plantas vasculares, con un tronco hueco que podría asemejarse -por su forma- al de las palmeras actuales, y con una altura máxima de unos 10 metros de alto. Además, las plantas desarrollaron las primeras semillas, un paso crucial en la reproducción vegetal.
Tras unos 70 millones de años de relativa tranquilidad, de pronto desaparecieron hasta el 83% de estas especies. De nuevo, en este caso, la causa no está completamente clara. La hipótesis de una glaciación similar a la anterior está sobre la mesa y, de nuevo no se descarta el vulcanismo ni impactos de meteoritos.
Sin embargo, en 2020 una investigación apuntó que era posible que la capa de ozono se desvaneciesedebido a un calentamiento repentino de la superficie terrestre. La desaparición de la capa de ozono dejaría desprotegidos a todos los seres de la superficie ante la radiación ultravioleta que emite el sol, y tornó inhabitable la superficie del planeta. Según creen los investigadores, un evento similar podría llegar a ocurrir en la actualidad si se diesen las condiciones adecuadas.
La gran mortandad: extinción pérmica-triásica
Que un evento se llame “La Gran Mortandad” aporta pistas sobre la enorme cantidad de especies que desaparecieron en la mayor extinción de la historia. Se estima que en el transcurso de 200.000 años desaparecieron hasta el 95% de las especies marinas y hasta un 70% de las terrestres.
- En este caso, la hipótesis más sólida está respaldada por las enormes formaciones de rocas de origen volcánico de Siberia (denominadas “traps siberianos”) y por las formaciones de dolomitas italianas. Las rocas siberianas son el resultado de algunas de las mayores erupciones volcánicas de los últimos tiempos, mientras que las dolomitas muestran erosión provocada por acidez.
De estos eventos se infiere que hace aproximadamente 252 millones de años, ocurrieron enormes erupciones volcánicas que liberaron ingentes cantidades de gases a la atmósfera. Se estima que la temperatura pudo aumentar hasta 5 grados, y algunos elementos modificaron la geoquímica global. Por ejemplo, se estima que el azufre pudo acidificar el suelo y llegar, según indican algunos estudios, a alcanzar PH de 2,3 en zonas concretas, una acidez similar al zumo de limón. Estas condiciones provocaron la extinción de muchos invertebrados con concha y algas, además de impedir el crecimiento de las plantas en tierra.
Durante esta época se podían encontrar depredadores como el Gorgonopsia gigante Inostrancevia. En esta imagen se puede observar junto con su presa, dicinodonta, mientras asusta a la especie Cyonosaurus, mucho más pequeña.
La Gran Mortandad fue una dura prueba para la vida, pero una vez se estabilizaron las condiciones crearon el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de dinosaurios y protomamíferos que empezaron a poblar el planeta.
La extinción del triásico-jurásico
Apenas 50 millones de años después de la última extinción, hace 201 millones de años un evento extinguió al 75% de todas las especies que habitaban nuestro planeta. Esta extinción fue el inicio del dominio global de los dinosaurios, ya que la mayoría de los arcosaurios, terápsidos y grandes anfibios desaparecieron. De nuevo, las hipótesis más robustas apuntan a volcanes, que aumentaron los gases de efecto invernadero y acidificaron los océanos.
Concretamente, las evidencias apuntan a que las erupciones ocurrieron en una zona conocida como la “provincia magmática del Atlántico Central”. Esta región, formada por la fragmentación del supercontinente Pangea, tuvo actividad volcánica durante al menos 600.000 años y los expertos la sitúan como una de las más grandes en cuanto a volumen de magma expulsado. Sin embargo, tampoco se descarta el impacto de uno o varios meteoritos más pequeños que el de la extinción del Cretácico-Paleógeno como desencadenantes de la extinción.
El meteorito y los dinosaurios, la extinción del cretácico-paleógeno
El principio del artículo trata sobre esta extinción, que acabó con el reinado de los dinosaurios no avianos y dio lugar a una época dominada por mamíferos y aves. Al ser la más cercana, es de la que se tienen más evidencia, ya que todavía se pueden ver claramente algunas de las consecuencias del impacto en México. En la actualidad se ha analizado la trayectoria y órbita de miles de objetos que se aproximan a La Tierra para asegurar que ninguno chocará con nuestro planeta en los próximos cientos de años.
La sexta extinción masiva. ¿qué sucede en la actualidad?
Los últimos millones de años han sido relativamente tranquilos en el ritmo de aparición y desaparición de especies. Sin embargo, esta tendencia ha cambiado rápidamente y el ritmo de desaparición de especies ha aumentado considerablemente. Concretamente, tras analizar miles de especies animales y vegetales, se estima que el ritmo de desaparición de especies es varios órdenes de magnitud superior al de los dos millones de años anteriores.
- Este proceso, desencadenado por el cambio climático antropogénico puede tener consecuencias devastadoras para los ecosistemas, que podrían perder su resiliencia ante amenazas externas. En la actualidad también se está estudiando si el enorme volumen de CO₂ liberado a la atmósfera podría provocar un escenario similar a algunas de las extinciones provocadas por las enormes erupciones volcánicas.
La desaparición de ciertas especies no augura nada bueno para el resto, ya que la pérdida de la biodiversidad puede tener efectos inesperados. Estos efectos van desde la pérdida de las simbiosis existentes y la rotura de las cadenas tróficas hasta aumentar el riesgo de brotes de nuevas enfermedades. Por ello, los esfuerzos en la conservación y en el estudio de las consecuencias de las actividades humanas son cruciales para asegurar la supervivencia de las especies actuales.
Una breve historia del fin del mundo
Ninguna especie dura para siempre: la extinción es parte de la evolución de la vida.
Pero al menos cinco veces, una catástrofe biológica ha envuelto al planeta, acabando con la gran mayoría de las especies del agua y la tierra en un intervalo geológico relativamente corto.
El más famoso de estos eventos de extinción masiva (cuando un asteroide chocó contra la Tierra hace 66 millones de años, condenando a los dinosaurios y muchas otras especies) es también el más reciente. Pero los científicos dicen que no será el último.
Muchos investigadores sostienen que estamos en medio de una sexta extinción masiva, causada no por una roca espacial del tamaño de una ciudad sino por el crecimiento excesivo y el comportamiento transformador de una sola especie: el Homo sapiens. Los humanos han destruido hábitats y desatado una crisis climática.
Los cálculos de un estudio publicado en septiembre en la revista PNAS sugieren que grupos de especies animales relacionadas están desapareciendo a un ritmo un 35% mayor que el ritmo normalmente esperado.
Y si bien toda extinción masiva tiene ganadores y perdedores, no hay razón para suponer que en este caso los seres humanos estarían entre los supervivientes.
- De hecho, el coautor del estudio, Gerardo Ceballos, cree que podría suceder lo contrario: la sexta extinción masiva transformaría toda la biosfera, o el área del mundo hospitalaria para la vida, posiblemente en un estado en el que sería imposible que la humanidad persistiera a menos que se tomaran medidas dramáticas.
“La biodiversidad se recuperará, pero es muy difícil predecir quiénes serán los ganadores. Muchos de los perdedores en estas extinciones masivas pasadas fueron grupos increíblemente exitosos”, dijo Ceballos, investigador principal del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Si bien las causas de las “cinco grandes” extinciones masivas variaron, comprender lo que sucedió durante estos dramáticos capítulos de la historia de la Tierra (y lo que surgió después de estos cataclismos) puede ser instructivo.
“Nadie ha visto estos acontecimientos, pero están en una escala que podría repetirse. Tenemos… (que) aprender del pasado porque ese es nuestro único conjunto de datos”, dijo Michael Benton, profesor de paleontología de vertebrados en la Universidad de Bristol en el Reino Unido, autor del nuevo libro “Extinciones: Cómo sobrevive la vida, se adapta y evoluciona”.
El asteroide que mata dinosaurios y la anomalía del iridio
Si bien los paleontólogos han estudiado los fósiles durante siglos, la ciencia de la extinción masiva es relativamente nueva. La datación radiométrica, basada en la desintegración radiactiva natural de ciertos elementos, como el carbono, y otras técnicas revolucionaron la capacidad de determinar con precisión la edad de las rocas antiguas en la segunda mitad del siglo pasado.
Los acontecimientos prepararon el terreno para el trabajo del fallecido físico Luis Álvarez, ganador del Premio Nobel, y su hijo geólogo Walter, profesor de ciencias planetarias y de la Tierra en la Universidad de California, Berkeley. Junto con otros dos colegas, fueron coautores de un sensacional artículo de 1980 sobre la “anomalía del iridio”: una capa de roca sedimentaria de 1 centímetro de espesor rica en iridio, un elemento raro en la superficie de la Tierra pero común en los meteoritos.
Los investigadores atribuyeron la anomalía, que identificaron inicialmente en Italia, Dinamarca y Nueva Zelanda, al impacto de un gran asteroide. Argumentaron que la capa inusual representaba el momento exacto en el que desaparecieron los dinosaurios.
- La anomalía del iridio, que al principio fue recibida con escepticismo, acabó siendo detectada en cada vez más lugares del mundo. Una década más tarde, un grupo diferente de investigadores identificó la prueba irrefutable: un cráter de 200 kilómetros de ancho frente a la costa de la península de Yucatán en México.
La roca y el sedimento tenían una composición similar a las capas de iridio, y los científicos sugirieron que la depresión, llamada cráter Chicxulub, fue causada por el impacto de un asteroide. Los investigadores creen que las otras anomalías detectadas en todo el mundo fueron causadas por la dispersión de escombros cuando la roca espacial chocó contra la Tierra.
La mayoría de los paleontólogos aceptan ahora que el asteroide provocó lo que se conoce como la extinción del final del Cretácico. El impacto desencadenó un período de enfriamiento global, con polvo, hollín y azufre arrojados durante el impacto bloqueando el sol y probablemente cerrando la fotosíntesis, un proceso clave para la vida.
Un yacimiento de fósiles en Dakota del Norte ha proporcionado un nivel de detalle sin precedentes sobre cómo fue ese día (y sus consecuencias inmediatas). Llovieron escombros que se alojaron en las branquias de los peces, mientras que enormes oleadas de agua similares a un tsunami desatadas por el impacto mataron a dinosaurios y otras criaturas. Los científicos incluso han descubierto que el asteroide chocó contra la Tierra en primavera.
La desaparición de dinosaurios masivos creó un mundo en el que los mamíferos (y, en última instancia, los humanos) pudieron prosperar. Y los dinosaurios no fueron los perdedores totales que a veces se supone que son: los científicos ahora creen que las aves que aletean en nuestros patios traseros evolucionaron directamente a partir de parientes más pequeños del Tyrannosaurus rex.
A raíz del sorprendente descubrimiento del dúo Álvarez, inicialmente a los científicos les pareció que el impacto de una roca espacial podría ser un mecanismo general que explicase todos los eventos de extinción masiva identificados en el registro geológico. Pero la extinción del final del Cretácico es la única asociada de manera confiable con un asteroide, según Benton.
Volcanes apocalípticos que provocaron el calentamiento global
Algo conocido como evento hipertermal (un calentamiento repentino del planeta) significó la ruina para grandes segmentos de vida en la Tierra en más de una ocasión. Estos eventos han seguido un patrón predecible: erupción volcánica, liberación de dióxido de carbono, calentamiento global, lluvia ácida, acidificación de los océanos, lo que ha resultado en un camino hacia el olvido más largo que el del asteroide que mató a los dinosaurios, pero igualmente destructivo.
- El mayor cataclismo masivo de todos los tiempos, llamado extinción del final del Pérmico, ocurrió hace 252 millones de años. Alrededor del 95% de las especies desaparecieron en la tierra y el mar como resultado del calentamiento global, con temperaturas que aumentaron quizás entre 10 y 15 grados Celsius (18 F a 27 F), señaló Benton en su libro.
Conocido como “la Gran Mortandad”, el evento de extinción estuvo marcado por erupciones supervolcánicas que expulsaron gases de efecto invernadero en una región del tamaño de Australia conocida como las Trampas Siberianas en Eurasia. Eso provocó una lluvia ácida extrema que mató la vida vegetal y dejó la superficie terrestre rocosa a medida que la precipitación arrastró suelo rico hacia los océanos, que a su vez quedaron inundados de materia orgánica, explicó Benton.
Sin embargo, en el vacío que siguió surgieron diferentes criaturas que evolucionaron a partir de los supervivientes, mostrando muchas formas nuevas de existencia con características como plumas, pelo y locomoción rápida, dijo Benton.
La sexta extinción masiva que se avecina
Un número creciente de científicos cree que un sexto evento de extinción masiva de una magnitud igual a las cinco anteriores se ha estado desarrollando durante los últimos 10.000 años a medida que los humanos han dejado su huella en todo el mundo.
- El dodo, el tigre de Tasmania, el baiji o delfín del río Yangtsé y el rinoceronte negro occidental son solo algunas de las especies que han desaparecido hasta ahora en lo que se conoce como extinción del Holoceno o Antropoceno.
- Si bien la pérdida de incluso una especie es devastadora, Ceballos de la Universidad Nacional Autónoma de México ha destacado que el actual episodio de extinción está mutilando ramas mucho más gruesas del árbol de la vida, metáfora y modelo que agrupa a los seres vivos y mapea sus relaciones evolutivas.
Están desapareciendo categorías enteras de especies o géneros relacionados, un proceso que, según dijo, está afectando a ecosistemas enteros y poniendo en peligro la supervivencia de nuestra propia especie.
Ceballos y su coautor del estudio Paul Ehrlich, profesor emérito de Estudios de Población de Bing en la Universidad de Stanford, evaluaron 5.400 géneros de animales vertebrados, excluyendo a los peces. Un solo género agrupa una o más especies diferentes pero relacionadas; por ejemplo, el género Canis incluye lobos, perros, coyotes y chacales.
- El análisis del dúo encontró que 73 géneros se habían extinguido en los últimos 500 años. Esto es mucho más rápido que la tasa de extinción “de fondo” esperada, o la tasa a la que las especies morirían naturalmente sin influencia externa; en ausencia de los seres humanos, estos 73 géneros habrían tardado 18.000 años en desaparecer, dijeron los investigadores.
Las causas de estas extinciones son variadas (cambio de uso de la tierra, pérdida de hábitat, deforestación, agricultura intensiva, especies invasoras, caza excesiva y crisis climática), pero todos estos cambios devastadores tienen un hilo común: la humanidad.
Ceballos señaló la extinción de la paloma migratoria, que era la única especie de su género, como un ejemplo de cómo la pérdida de un género puede tener un efecto en cascada en un ecosistema más amplio. La pérdida del ave, como resultado de la caza imprudente en el siglo XIX, redujo la dieta humana en el este de América del Norte y permitió que prosperaran los ratones de patas blancas que albergaban bacterias y que se encontraban entre sus presas.
- Es más, algunos científicos creen que la extinción de la paloma migratoria, combinada con otros factores, está detrás del aumento actual de enfermedades transmitidas por garrapatas, como la enfermedad de Lyme, que afecta tanto a humanos como a animales, según el estudio.
- Según Ceballos, las acciones destructivas de los humanos no solo tienen el potencial de erosionar nuestra calidad de vida a largo plazo, sino que sus efectos dominó podrían eventualmente alterar nuestro éxito como especie.
“Cuando perdemos géneros, estamos perdiendo más diversidad genética, estamos perdiendo más historia evolutiva y estamos perdiendo (muchos) más bienes y servicios ecosistémicos que son muy importantes”, explicó.
Mientras las ramas del árbol de la vida están desapareciendo, la distribución de ciertas especies animales se está volviendo más homogeneizada: en el mundo viven alrededor de 19,6 mil millones de pollos, 980 millones de cerdos y 1,4 mil millones de bovinos. En algunos casos, la agricultura intensiva puede desencadenar brotes de enfermedades como la gripe aviar que arrasa las granjas avícolas y aumenta el riesgo de contagio a las aves migratorias silvestres. Otros animales de granja actúan como huéspedes de virus que infectan a los humanos y tienen el potencial de causar pandemias como la del covid-19.
En última instancia, el planeta puede sobrevivir y sobrevivirá bien sin nosotros, añadió Ceballos. Pero, al igual que la anomalía del iridio dejada por la roca espacial que acabó con los dinosaurios, ¿cómo podrían verse los últimos rastros de la civilización humana en el registro geológico?
Algunos científicos señalan rastros geoquímicos de pruebas de bombas nucleares, específicamente plutonio, un elemento radiactivo ampliamente detectado en todo el mundo en arrecifes de coral, núcleos de hielo y turberas.
Otros dicen que podría ser algo mucho más mundano, como una capa fosilizada de huesos de pollo (el ave domesticada criada industrialmente y consumida en todo el mundo en cantidades gigantescas) que ha quedado como el legado definitorio de la humanidad a través de los siglos./Agencias-PUNTOporPUNTO























