TEXTO ÍNTEGRO: Conflicto en MEDIO ORIENTE y las TENSIONES COMERCIALES han deteriorado el balance de RIESGO para la INFLACIÓN

El conflicto en Oriente Medio tiene un alto impacto en la economía mundial y determina su comportamiento en el corto y medianos plazos.

Uno de los grandes retos que enfrenta hoy la economía global es una inflación persistentemente alta. Lejos de disiparse por completo tras los choques observados después de la pandemia y la guerra en Ucrania, el 2026 ha estado marcado por nuevos factores geopolíticos y económicos que han vuelto a presionar los precios a nivel mundial.

El conflicto en Medio Oriente, las tensiones comerciales derivadas de la política arancelaria de la administración del presidente Trump y un entorno internacional crecientemente fragmentado han deteriorado el balance de riesgos para la inflación. Como consecuencia, los bancos centrales han comenzado a modificar nuevamente su narrativa hacia una postura de mayor cautela, alejándose de la expectativa de una política monetaria significativamente más expansiva de la que los mercados anticipaban hace apenas algunos meses.

  • El entorno actual refleja la enorme complejidad que existe detrás del comportamiento de la inflación. Milton Friedman, quien recibió el Premio Nobel de Economía en 1976, argumentaba que “la inflación es siempre, y en todas partes, un fenómeno monetario”. Esta visión influyó profundamente y durante décadas en la teoría económica y la conducción de la política monetaria alrededor del mundo. Robert Barro, otro economista de la corriente neoclásica, criticó y expandió las teorías de Friedman al detallar la forma en la cual influyen y se forman las expectativas de inflación de las personas y empresas.

También explicó como se deben conducir las políticas y el rol de los incentivos políticos, entre otros avances. Más adelante, otro destacado economista y también galardonado con el Nobel en 2001, Joseph Stiglitz, sostenía que “no toda la inflación es igual; en ocasiones refleja choques de oferta y no necesariamente un sobrecalentamiento de la demanda”.

Estas son solo algunas de las posturas más sobresalientes que ayudan a entender el debate económico actual. Durante muchos años, la inflación fue analizada principalmente desde la óptica de la demanda agregada y el exceso de liquidez. No obstante, los acontecimientos recientes han demostrado que existen múltiples factores capaces de generar presiones inflacionarias, incluso en contextos de desaceleración económica. Esto ha complicado significativamente la labor de los bancos centrales, cuyo principal reto consiste en preservar el poder adquisitivo de la moneda sin generar al mismo tiempo distorsiones adicionales y afectar el crecimiento, el empleo o los mercados financieros.

  • La conversación global entre economistas, organismos internacionales y quienes diseñan e implementan las políticas públicas apunta precisamente a que la inflación en 2026 está siendo impulsada por una combinación de factores coyunturales y estructurales.
  • Entre los elementos de corto plazo destacan el aumento en los precios de la energía derivado de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, particularmente por los riesgos asociados al cierre del tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz; las presiones sobre alimentos y fertilizantes; disrupciones logísticas y el encarecimiento del transporte de mercancías; así como nuevos aranceles y medidas proteccionistas que han elevado los costos de importación y producción en distintas regiones del mundo.

A ello se suma otro elemento particularmente relevante para la conducción de la política monetaria: el riesgo de efectos de segundo orden. Existe preocupación de que los choques temporales sobre energía y alimentos comiencen a trasladarse hacia salarios, servicios y expectativas inflacionarias de largo plazo. Si esto sucede, la posibilidad de una inflación mucho más persistente y difícil de contener aumenta. Precisamente ahí radica una de las mayores preocupaciones actuales del Banco de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo e incluso diversos bancos centrales en economías emergentes.

Sin embargo, detrás de estas presiones también parecen existir factores estructurales más profundos. La fragmentación del comercio internacional y el reordenamiento de las cadenas globales de suministro han reducido parte de las eficiencias que caracterizaron al proceso de globalización de las últimas décadas. Al mismo tiempo, la transición energética y el crecimiento acelerado de la demanda eléctrica vinculada al desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial están generando nuevas presiones sobre costos energéticos e infraestructura. A esto se agregan mercados laborales más estrechos en economías avanzadas, restricciones migratorias y los efectos cada vez más visibles del cambio climático sobre alimentos, energía, seguros y materias primas.

Todo ello ha llevado a una discusión mucho más compleja sobre la inflación. Hoy parece claro que ya no puede entenderse únicamente como un fenómeno estrictamente monetario, como argumentaba Friedman. Más bien, es el resultado de múltiples fuerzas simultáneas y complejas que interactúan y se refuerzan entre sí. En otras palabras, el entorno inflacionario actual combina elementos de oferta, demanda, geopolítica, transición tecnológica, cambio climático y otros factores estructurales en la economía global.

  • Haciendo alusión a la relevancia de las expectativas inflacionarias, como advertía Edmund Phelps –Premio Nobel de Economía en 2006–, la narrativa económica actual luce muy distinta a la observada hace apenas un año. La inflación comienza a percibirse nuevamente como un fenómeno más persistente.

En consecuencia, los bancos centrales han reforzado un discurso de mayor prudencia y podrían mostrarse mucho más cautelosos antes de continuar relajando las condiciones monetarias. Inclusive, en algunos casos, comienza a discutirse nuevamente la posibilidad de nuevos incrementos en tasas de interés si las presiones inflacionarias continúan deteriorándose.

Todo ello apunta hacia un escenario de tasas de interés y curvas de rendimiento relativamente altas por un periodo más prolongado. Las consecuencias serían múltiples y de amplio alcance, recordando que las tasas de interés representan “el precio del dinero”. Por lo tanto, constituyen el costo que debemos pagar por consumir hoy en vez de esperar al futuro; también son indispensables para determinar si un proyecto de inversión es rentable o no. Si bien algunos factores podrían moderarse hacia delante –por ejemplo, una eventual reducción de las tensiones geopolíticas o una menor presión sobre cadenas logísticas–, el reto inflacionario seguirá siendo un tema central para la economía global durante lo que resta del 2026 y en los próximos años.

PIB a la baja; inflación al alza

El conflicto en Oriente Medio tiene un alto impacto en la economía mundial y determina su comportamiento en el corto y medianos plazos. Los precios de la energía y de otros insumos agrícolas e industriales clave producidos en las economías del Golfo Pérsico se han disparado desde febrero debido a la reducción de la producción y las exportaciones, revelan las Perspectivas Económicas de la OCDE de junio de 2026.

El doble bloqueo del Estrecho de Ormuz presiona la inflación, que su vez ejerce presión sobre los ingresos reales y el crecimiento económico mundial. Las proyecciones de crecimiento del PIB se han revisado a la baja, mientras que las de inflación se han revisado al alza.

Cuanto más duren las interrupciones, mayores serán los costos económicos y sociales.

  • La duración y el alcance del conflicto siguen siendo inciertos, pero es probable que los efectos económicos se sientan durante algún tiempo, dado el tiempo que se necesitará para restaurar la infraestructura y las rutas de transporte dañadas y distribuir productos en todo el mundo.

Ante esta incertidumbre, el Informe de Perspectivas Económicas presenta dos escenarios para la economía global.

En un escenario de interrupción de duración limitada, supone que las interrupciones significativas serán relativamente breves, mientras que en un escenario de interrupción prolongada, las interrupciones más amplias se extenderán hasta bien entrado 2027, con consecuencias negativas mucho más duraderas.

  1. Se prevé que el crecimiento se ralentice moderadamente en Norteamérica y Europa antes de una recuperación incipiente. Estados Unidos se desacelerará hasta el 2.0 % en 2026 y el 1.8 % en 2027; Canadá caerá hasta el 1.2 % antes de repuntar al 1.7 %; México se fortalecerá hasta el 1.9 % en 2027; el Reino Unido pasará del 0.9 % al 1.1 %, mientras que China se moderará de forma constante hasta el 4.5 % en 2026 y el 4.3 % en 2027.

En un escenario de interrupción prolongada, los impactos variarían según las regiones, siendo las economías asiáticas importadoras de energía particularmente vulnerables debido a su dependencia del suministro proveniente del Golfo Pérsico.

  • En términos generales, el aumento de los precios de la energía, la escasez de suministro, el endurecimiento de las condiciones financieras y la menor confianza afectarían la actividad económica mundial. La inflación también se intensificaría, aumentando alrededor de 0,4 puntos porcentuales en 2026 y 1,3 puntos porcentuales en 2027, lo que plantearía dilemas complejos para los responsables de la política económica, especialmente para los bancos centrales.
  • Los gobiernos respondieron con rapidez a la crisis energética, implementando una amplia gama de medidas de apoyo para hogares y empresas. Si bien estas medidas fueron oportunas, muchas no fueron suficientemente focalizadas. Dirigir las ayudas a los hogares y empresas vulnerables puede proporcionar una protección eficaz con un menor coste fiscal, algo especialmente importante dada la necesidad de garantizar la sostenibilidad fiscal a medio plazo. A medida que los precios de la energía se normalicen, las ayudas también deberían reducirse gradualmente.

Además de ser oportunas, focalizadas y temporales, las medidas deben preservar los incentivos para el ahorro energético. Si el crecimiento se debilita sustancialmente, como en el escenario de una interrupción prolongada, la política fiscal deberá proporcionar el estímulo necesario para amortiguar la producción, dado el margen limitado de la política monetaria para hacerlo.

Aumenta preocupación por inflación mundial

Según una encuesta de Reuters realizada a unos 500 economistas, la inflación en la mayoría de los países será, en este año, notablemente más alta de lo previsto hace tres meses, en medio de un punto muerto en la crisis energética provocada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán; sin embargo, los economistas apenas han modificado su previsión de crecimiento mundial positivo.

Con el control de Irán sobre una quinta parte del suministro mundial de petróleo mediante el cierre del estrecho de Ormuz, las perspectivas de una baja de los precios se desvanecen, lo que obliga a los economistas y a los bancos centrales mundiales a contemplar un periodo prolongado de mayor inflación.

Sin embargo, salvo algunas excepciones notables como Turquía y Argentina, que ya registran tasas de inflación de dos dígitos, las revisiones al alza de las previsiones fueron modestas, dado que el martes el precio del crudo volvía a cotizar por encima de los 110 dólares el barril.

La última encuesta, realizada entre el 27 de marzo y el 27 de abril y que abarca las 50 principales economías mundiales, reveló previsiones de inflación para el 2026 al alza en 44 de ellas, con pocos cambios sustanciales en las expectativas de crecimiento económico, salvo en la región del Golfo.

“El cierre total del estrecho de Ormuz es, en esencia, un hecho sin precedentes, por lo que no disponemos de un buen modelo de referencia en el pasado”, afirmó Seth Carpenter, economista jefe global de Morgan Stanley.

“Hay que asumir que los precios del petróleo se mantendrán altos en un futuro próximo debido a la prima de riesgo adicional que se ha incorporado”.

  • Los bancos centrales siguen atormentados por su anterior error de cálculo colectivo –al considerar que el repunte de la inflación en los últimos días de la pandemia de Covid-19 era transitorio– y por el endurecimiento de la política monetaria al que se vieron obligados cuando quedó claro que habían tomado una decisión equivocada.
  • Sin embargo, hasta ahora han optado por esperar y observar cómo se desarrolla el conflicto en Medio Oriente, en lugar de adelantarse a un posible incremento de los precios.
  • El Banco de Japón mantuvo las tasas sin cambios el martes, tal y como se había pronosticado en una encuesta de Reuters, y se espera que la mayoría de sus principales homólogos hagan lo mismo.

La atención se centrará en cómo ven los responsables de los bancos centrales el último repunte de las presiones sobre los precios y si habrá efectos de segunda ronda que requieran una respuesta rápida en materia de tasas.

Mientras que los economistas esperan que la Reserva Federal (Fed) baje las tasas solo una vez –en el último trimestre de este año–, se considera probable que el Banco de Inglaterra y el Banco de Canadá no realicen ningún cambio hasta el 2026. Se prevé que el Banco Central Europeo suba las tasas solo una vez, probablemente en junio.

Sin embargo, los mercados financieros siguen descontando aumentos por parte de la mayoría de los bancos centrales, al tiempo que esperan que la Fed mantenga los réditos sin cambios durante el resto del año.

Perdura el optimismo sobre el crecimiento

Se prevé que la economía mundial crezca 2.9% este año, una cifra que se ha mantenido prácticamente sin cambios en las encuestas realizadas a lo largo del último año, lo cual resulta notable en un periodo marcado por una perturbación sin precedentes del comercio mundial./Agencias-PUNTOporPUNTO

Documento íntegro a continuación:

https://factorenergetico.mx/wp-content/uploads/2026/06/Perspectivas-Economicas-ocde-jun26.pdf

 

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