En apenas un día, el huracán Polo, que se había formado a finales de septiembre en el Pacífico frente a las costas de México, alcanzó la máxima categoría —el nivel 5, que se corresponde con vientos superiores a 252 kilómetros por hora—. Fue el segundo ciclón tropical más potente registrado en el Pacífico hasta la fecha.
Posteriormente, Polo se debilitó antes de tocar tierra como tormenta —ya como categoría 2— en Baja California Sur, México. Dejó atrás lluvias torrenciales, inundaciones y daños en infraestructuras en el noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos. Y cinco muertes ligadas a esas inundaciones en México.
- El World Weather Attribution (WWA), un grupo de científicos internacionales que se dedica a elaborar estudios en los que calculan la influencia del cambio climático causado por el ser humano en fenómenos meteorológicos extremos, ha analizado este explosivo huracán y su veloz fortalecimiento.
Los científicos de México, Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda y Países Bajos que han colaborado en este trabajo han evaluado las condiciones atmosféricas y oceánicas que provocaron la intensificación notablemente rápida de la tormenta. Concluyen que el cambio climático fue al menos tan determinante como El Niño para contribuir a ese fortalecimiento exprés.
Polo se formó cerca de la zona cero de El Niño, un fenómeno natural cíclico que se caracteriza por un aumento del calor en la superficie del agua en latitudes tropicales del Pacífico oriental. Pero El Niño, que este año está alcanzando niveles récord, acaba sacudiendo muchas otras partes del planeta, alimentando sequías, inundaciones y calor extremo.
- Los investigadores del WWA han estudiado las condiciones de temperatura superficial del mar, temperatura del aire y humedad. Sostienen que el cambio climático “hizo que las condiciones que alimentaron el huracán Polo fueran aproximadamente 23 veces más probables”.
- Paralelamente, “El Niño también fortaleció la tormenta”, haciendo “que las condiciones fueran aproximadamente 14 veces más probables”. “El cambio climático está agravando los ciclos climáticos naturales”, concluye este estudio rápido de atribución.
Los científicos, en el lado positivo de esta historia, resaltan que “a pesar de la rápida intensificación de Polo en alta mar, las pérdidas humanas fueron pequeñas debido a una respuesta de emergencia exitosa y a que la tormenta golpeó una región sin una gran población”. Por eso destacan la importancia de los sistemas de alerta temprana para que la población esté prevenida ante unos eventos extremos que cada vez se están volviendo más frecuentes o intensos, o ambas cosas a la vez.
La relación entre el fenómeno de El Niño y el cambio climático es algo que está en estudio, y no existen unas conclusiones claras sobre sus vínculos. Es decir, se desconoce el papel que juega, si es que lo juega, el calentamiento en la formación y avance de este evento cíclico. Pero, como ha señalado Ben Clarke, investigador del Imperial College de Londres y uno de los investigadores del WWA, “es importante recordar que cada El Niño que ocurre ahora ocurre en un mundo más caluroso” debido al cambio climático.
Por su parte, Simon Stiell, el responsable del área de cambio climático de la ONU, ha recordado que el “fenómeno de El Niño ya está elevando el nivel de riesgo de la temporada de huracanes en el Pacífico”.
“Este nuevo estudio [en referencia al de WWA] demuestra cómo el cambio climático está aumentando el peligro y los costos asociados a las tormentas, a medida que la humanidad sigue quemando enormes cantidades de carbón, petróleo y gas”. La solución, añade Stiell, pasa por “acelerar la transición hacia energías limpias e invertir en sistemas de alerta temprana e infraestructuras resilientes para proteger a las personas y a las economías expuestas a estas amenazas”.
Soluciones para disminuir impacto de El Niño
El secretario ejecutivo de la ONU Cambio Climático, Simon Stiell, mostró su preocupación por el hecho de que “El Niño ya está elevando el nivel de riesgo en toda la temporada de huracanes del Pacífico” y por que “el cambio climático está aumentando el peligro y el costo de las tormentas”.
Stiell defendió que las soluciones a este problema “son igualmente claras: acelerar la transición hacia la energía limpia e invertir en sistemas de alerta temprana y en infraestructura resiliente para proteger a las personas y las economías que se encuentran en peligro”.
- El Niño marca la actividad del período de huracanes hasta el punto de que la temporada en el Oceáno Atlántico fue hasta el momento inusualmente tranquila, ya que solo se ha registrado uno, Isaías, que alcanzó la categoría 3 a principios de octubre.
En contraste, en el Océano Pacífico se formó ya una decena de fenómenos meteorológicos de este tipo, como Polo, que alcanzó la categoría 5, o Simon que llegó a la categoría 2.
El desafío climático que México no puede ignorar
México enfrenta una nueva realidad climática. Ya no basta con prepararse cada año para la temporada de huracanes; debemos estar listos para fenómenos capaces de alcanzar una fuerza extraordinaria en poco tiempo. La pregunta no es solamente cuándo llegará el siguiente ciclón, sino qué tan intenso puede volverse y qué tan preparados estaremos para enfrentarlo.
- El estudio de World Weather Attribution, aporta un dato revelador: el cambio climático ha hecho unas 23 veces más probables, en la región del Pacífico analizada, las condiciones de temperatura del mar y de la atmósfera favorables para que los huracanes alcancen una intensidad extrema. Esto no significa que habrá 23 veces más ciclones, sino que existen condiciones mucho más propicias para que se fortalezcan.
Polo fue un ejemplo de la amenaza. El 22 de septiembre alcanzó categoría 5 sobre el océano, con vientos sostenidos de 260 kilómetros por hora, mientras se encontraba frente a Guerrero. No tocó tierra en Acapulco, aunque provocó medidas preventivas como la suspensión de clases y el cierre del puerto a la navegación.
Fue hasta el 29 de septiembre cuando Polo tocó tierra en Las Barrancas, municipio de Comondú, Baja California Sur, ya debilitado a categoría 2, con vientos sostenidos de 175 kilómetros por hora. Sus efectos ocasionaron inundaciones y daños materiales. La diferencia entre la intensidad que alcanzó en el mar y aquella con la que ingresó a tierra es fundamental para comprender sus consecuencias.
- Pero Polo no fue un episodio aislado. En las últimas semanas también se presentaron Rachel, que alcanzó categoría 3, y Simón, que llegó a categoría 4. Este jueves se sumó Trudy, convertido en huracán categoría 1. La sucesión de estos fenómenos obliga a mirar con atención la actividad ciclónica del Pacífico mexicano.
- Los huracanes siempre han existido. Sin embargo, los océanos más cálidos pueden proporcionarles mayor energía para intensificarse. A ello se suma la influencia natural de El Niño. El desafío es reconocer que el cambio climático está modificando los riesgos y que la prevención debe avanzar al mismo ritmo.
Baja California Sur mostró la importancia de las alertas, los refugios y la coordinación institucional. Las autoridades reportaron daños que no se compararon con Otis. No siempre tendremos esas circunstancias a nuestro favor.
Desde el Partido Verde Ecologista de México sostenemos que proteger el medio ambiente es también proteger vidas. Como diputada y secretaria de la Comisión de Cambio Climático y Sostenibilidad, considero necesario fortalecer las alertas tempranas, actualizar los atlas de riesgo, mejorar la infraestructura y evitar nuevos asentamientos en zonas expuestas a inundaciones.
También debemos recuperar manglares, bosques y cuencas, y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Adaptarnos a los impactos y combatir las causas del calentamiento global son responsabilidades inseparables.
La temporada de huracanes tiene fechas en el calendario; la obligación de proteger a la población no. Prepararnos cuando la tormenta ya aparece en el pronóstico puede ser demasiado tarde.
El cambio climático está cambiando a los huracanes en México
El mundo como lo conocemos está cambiando, y aunque no siempre lo percibimos, los océanos ya resienten los efectos del cambio climático. A esto se suma el fenómeno de “El Niño”, que puede alterar las condiciones atmosféricas e influir en la formación e intensidad de los huracanes en México.
Los ciclones que se forman en las cuencas del Pacífico y del Atlántico enfrentan condiciones distintas a las de décadas anteriores, y mucho se debe al calentamiento de las aguas del océano, pero cuando un fenómeno como el ENOS se suma, sus efectos pueden ser más intensos.
“El Niño” es la fase cálida de un fenómeno natural que altera la circulación de los vientos y cambia el patrón de las lluvias, cuando se registra un aumento de la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico central y oriental.
Si este sistema coincide con un planeta más caliente, sus efectos pueden ser más intensos, aunque eso no significa que cada año se formen más ciclones.
- Mexitli Sandoval-Reyes, investigadora del Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe, explica que la interacción entre ambos fenómenos puede exacerbar ciertos efectos meteorológicos y modificar las condiciones que favorecen la formación de huracanes.
““El Niño” es un fenómeno climático que ya existe desde hace más de 100 años, y aunque no está directamente correlacionado con el cambio climático, su combinación se está exacerbando, causando efectos más intensos, incluyendo huracanes más intensos y rápidos”, explicó la investigadora.
El cambio climático está calentando las aguas de los océanos
Mexitli Sandoval-Reyes explica que el cambio climático se debe a que el planeta por sí solo busca regenerarse. Busca liberar la energía acumulada por los gases de efecto invernadero y a su vez calienta la atmósfera.
- Cerca del 90 % de ese exceso de calor termina en el océano, que seguirá calentándose durante siglos, y que muchas veces ese mismo calor lo puede ir acumulando.
Por ende, esto también agrava los efectos de “El Niño”, que hoy ocurre sobre un océano y una atmósfera más cálidos que hace 60 años, intensificando sus consecuencias.
¿Por qué los huracanes pueden llegar a ser más intensos?
El principal riesgo no está necesariamente en que haya más huracanes, sino en que algunos alcancen una mayor intensidad o se fortalezcan en cuestión de horas, como se vio con el ciclón “Polo” y en 2023 con “Otis”, que en horas llegó a ser categoría 5 arrasando Acapulco, Guerrero.
La evidencia científica indica que el calentamiento global favorece, en promedio, ciclones tropicales más intensos y precipitaciones más abundantes, porque cuando las aguas están más calientes, los ciclones tropicales pueden encontrar condiciones favorables para intensificarse.
Al mismo tiempo, una atmósfera más cálida puede retener más humedad, lo que aumenta el potencial de lluvias más fuertes./PUNTOporPUNTO
Documento íntegro a continuación:
https://spiral.imperial.ac.uk/bitstreams/12161f04-a2da-406d-92b1-58cc61742611/download






















