TEXTO ÍNTEGRO: En MÉXICO crecen las ALERTAS AMBIENTALES y SOCIALES por el FRACKING

México ha justificado su incursión en la fractura hidráulica, un método que usa la inyección de ingentes cantidades de agua y químicos para liberar moléculas atrapadas en rocas subterráneas

Imagen: internet

Las calibraciones sobre el futuro del fracking en México empiezan a desplazarse desde el debate ideológico hacia un interrogante mucho más pragmático acerca de su rentabilidad económica. Tras meses de deliberaciones sobre los límites ambientales y sociales que debe considerar la fractura hidráulica, el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se prepara para dar el siguiente paso: iniciar pruebas piloto que determinen si los yacimientos de gas no convencional del norte del país pueden realmente explotarse con lógica económica.

Esos ensayos, buscarán medir el potencial de las reservas y calcular si justifica el desembolso de capital a gran escala en proyectos percibidos como de riesgo. El resultado será determinante. Si los números funcionan, el Ejecutivo contará con su mejor herramienta comercial para atraer recursos privados, nacionales e internacionales, indispensables para detonar un proyecto cuya factura supera la capacidad financiera de la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex).

  • El comité científico convocado por la propia Sheinbaum para valorar si México abre la puerta al fracking entregó a principios de agosto su primera deliberación y fijó restricciones a la apuesta energética oficial. El grupo, integrado por medio centenar de académicos, geólogos y especialistas, propuso descartar la explotación de gas de lutitas en la cuenca Tampico-Misantla, entre Veracruz y el sur de Tamaulipas, por razones sociales, ambientales y de biodiversidad, según se lee en la presentación difundida en la conferencia mañanera. En cambio, avaló continuar la exploración en las cuencas de Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, entre Coahuila, Nuevo León y el noreste de Tamaulipas, donde se concentran las mayores expectativas de desarrollo, al norte del país y cerca de la frontera con Estados Unidos.

Con ese visto bueno -parcial-, Pemex y su brazo de exploración quedan en posición de iniciar la siguiente fase del proyecto. La geóloga Alma Porres, miembro del grupo técnico del comité, explica que una vez que ha quedado establecido el potencial de la cuenca, el próximo paso es confirmar el tamaño de las reservas, y con ello, su viabilidad económica.

De forma paralela, en el círculo más cercano de la presidenta ya se analiza la creación de un fideicomiso especializado, que sirva como un vehículo para canalizar el capital privado hacia los yacimientos de hidrocarburos no convencionales. Es un mecanismo que se perfila como la pieza indispensable para un proyecto que, de otra forma, difícilmente podría despegar.

México ha justificado su incursión en la fractura hidráulica, un método que usa la inyección de ingentes cantidades de agua y químicos para liberar moléculas atrapadas en rocas subterráneas, como una vía para aumentar su producción nacional de gas natural y reducir la alta dependencia de las importaciones desde Estados Unidos. La decisión, que además refleja un viraje ideológico con respecto a la política de soberanía energética del antecesor político de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador, también representa una incursión tardía en la técnica que ya tiene décadas de avances en EE UU o Argentina. Y ese rezago, podría restarle brillo financiero al plan.

  • En la presentación del informe del comité de expertos, Ana Paulina Gómora, investigadora de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, detalló que durante la revisión de la capacidad de los yacimientos no convencionales del país, “se identificó que el potencial del gas natural proveniente de yacimientos no convencionales está estimado en 141,5 billones de pies cúbicos”.
  • Están distribuidos en las tres cuencas: Burgos (53,8%), Sabina-Burros-Picachos (67%) y Tampico-Misantla. Este último, con 20,7%, representa el volumen más bajo pero, en todo caso, ha sido restringido para su explotación. Aún así, “el potencial del recurso prospectivo debe evaluarse para conocer el volumen real del gas que podría ser aprovechado”, dijo el pasado 6 de agosto.

Impactos en el agua y territorios para más de 6 millones

En México crecen las preocupaciones por los impactos ambientales y sociales de proyectos y actividades vinculados a los hidrocarburos. El fracking es cuestionado por sus posibles efectos sobre el agua, la salud y los territorios; la exploración de petróleo en aguas profundas, por el riesgo de derrames; y una planta de amoniaco en Sinaloa enfrenta desde hace más de una década la oposición de comunidades indígenas.

Un reciente informe de la organización CartoCrítica advierte que la extracción de gas y petróleo mediante este método implicaría una gran intervención en territorios que habitan casi seis millones de personas en el país.

  • El estudio —que recopila información de instituciones públicas, atlas geológicos, informes, presentaciones, asignaciones, pozos exploratorios, entre otras fuentes— advierte que las regiones con principales yacimientos no convencionales de hidrocarburos (donde se busca impulsar el fracking) abarcan una zona de influencia de 7.7 millones de hectáreas de siete estados del país. En estas zonas, donde viven unos 6 millones de personas, los investigadores identifican potenciales conflictos por la escasez de agua ante una actividad que demanda grandes cantidades de este recurso, como el fracking.

La investigación identifica también que las zonas de interés atraviesan localidades rurales dispersas, así como a 2405 propiedades comunales, varias de ellas indígenas o con acceso limitado a servicios básicos, como agua, drenaje y servicios de salud.

Una de las zonas que destaca el estudio es la región petrolera Sabinas-Burro Picachos, al norte del país, que se ubica en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, fronterizos con Estados Unidos. La investigación señala que para extraer solo el 10 % de los recursos proyectados en la región se requeriría la explotación de 2233 pozos y 167.5 millones de metros cúbicos de agua dulce para recuperar 6.7 billones de pies cúbicos de gas, equivalentes a dos años del consumo nacional actual de gas.

Sin embargo, el estudio advierte que la demanda de agua para fracking recaería en una región donde el 83 % de la superficie se encuentra en estrés hídrico. Además, cuenta con acuíferos en declive y con una proyección de estrés hídrico alto o extremo hacia 2050.

  • Manuel Llano, director de CartoCrítica y autor del estudio, explica el dato más relevante tomando en cuenta el contexto hídrico: a nivel nacional 18.6 % del agua requerida para fracking caería en cuencas o acuíferos sin disponibilidad actual. En el caso de la región Sabinas-Burro Picachos ese porcentaje es del 100 %, de acuerdo con la investigación.

En esta región del país donde se podría explotar la extracción de no convencionales viven cerca de 1.3 millones de personas, distribuidas en su gran mayoría en 26 localidades urbanas y 1850 rurales.

La demanda de agua para uso de fracking es un punto clave para dimensionar los impactos ambientales de esta industria no solo en México sino en el mundo. Un ejemplo ocurre en la extracción de gas y petróleo en el yacimiento de Vaca Muerta, en la Patagonia Argentina, donde cada pozo consume durante su estado operativo cerca de 80 millones de litros de agua, cuenta Javier Grosso, profesor de geografía en el Instituto de Formación Docente Continua (IFDC) Fiske Menuco y de la Universidad Nacional del Comahue.

  • Entre otros impactos socioambientales asociados al fracking, Grosso también destaca la sismicidad inducida, un fenómeno relacionado a la extracción de no convencionales y que ha sido ampliamente documentado en Sauzal Bonito, una localidad de la provincia de Neuquén, vecina a Vaca Muerta, en Argentina. La zona no había registrado sismos hasta la llegada del fracking.
  • De acuerdo con el informe de CartoCrítica, la sismicidad asociada al fracking en Estados Unidos también se ha documentado en Kansas con un sismo de magnitud 4.9 vinculado a la inyección de aguas residuales, así como en Oklahoma, donde se detectó un incremento de 900 veces en la actividad sísmica desde 2008, con sismos de magnitud 5.8 en 2011 y 2016.

Conflictos potenciales en territorios indígenas

La investigación de CartoCrítica expone un tercer foco rojo en la explotación del fracking ubicado en la región Tampico-Misantla, que abarca zonas de los estados de San Luis Potosí, Veracruz, Hidalgo y Puebla. Además del riesgo crítico por el agua, el estudio apunta a conflictos territoriales, ya que atravesaría 2081 ejidos y bienes comunales y los territorios de 871 066 hablantes de lenguas indígenas, entre ellas teenek, nahua, otomí, tepehua y totonaco.

En la zona de potenciales impactos viven más de 4.4 millones de personas, distribuidas entre 132 localidades urbanas y más de 13 500 localidades rurales. “Tampico-Misantla plantea un balance difícil de sostener: recursos prospectivos y de horizonte limitado frente a una intervención hídrica, territorial y social de gran escala”, advierte el documento.

En esta región los conflictos por fracking ya existen desde 1997 en el municipio de Papantla, Veracruz, donde las comunidades indígenas mantienen una resistencia a la expansión del fracking en sus territorios.

Francisco Xavier Martínez Esponda, fundador y coordinador de Territorios Diversos para la Vida (TerraVida), una organización que acompaña casos de poblaciones indígenas afectadas, explica que pueblos totonacos han sido desplazados y afectados por esta industria, por lo que existe una fuerte resistencia a que la extracción de no convencionales avance en la región.

Si bien en esta región el estudio identifica un menor estrés hídrico que las otras regiones, un 9 % de la zona de interés y con declive en un 27 % de sus acuíferos, la demanda de fracking consumiría casi el 75 % del agua disponible en la zona.

Datos clave:

  • Un estudio realizado por la organización CartoCrítica, basado en una recopilación de datos, contratos y mapas oficiales, señala tres regiones y conflictos potenciales en zonas de interés para la explotación de fracking en México.
  • La escasez de agua, la dispersión de comunidades rurales y conflictos con comunidades indígenas y territorios comunales son parte del panorama que hay en regiones donde se busca extraer principalmente gas.
  • Más de 6 millones de personas viven en las regiones susceptibles de explotación de fracking en México, de acuerdo con el estudio.
  • Especialistas consultados por Mongabay Latam cuentan los conflictos e impactos que se viven en zonas donde ya se realiza fracking, como en la Patagonia Argentina o zonas de Veracruz./PUNTOporPUNTO

Documento íntegro a continuación:

https://cartocritica.org.mx/wp-content/uploads/2026/06/CartoCritica-Fracking-sin-coordenadas-publicas-Web.pdf

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