El vacío estratégico en la SEGURIDAD NACIONAL

El arte de gobernar al país exige comprender la ineludible diferencia entre el patrullaje de una avenida y la preservación del Estado. En la coyuntura contemporánea, México experimenta una preocupante confusión conceptual y operativa que equipara al mismo nivel la seguridad pública con la seguridad nacional.

Mientras el debate cotidiano se agota en el despliegue territorial de uniformes y en estadísticas delictivas de corto alcance, las herramientas medulares que garantizan la permanencia, estabilidad y soberanía del Estado mexicano se encuentran relegadas en un escritorio de un subordinado con formalidades burocráticas.

La deliberada marginación de la Agenda Nacional de Riesgos, el desdibujamiento de una auténtica política de seguridad nacional y la carencia de un programa integral en la materia no constituyen meros descuidos administrativos; representan una peligrosa renuncia al pensamiento prospectivo y a la arquitectura institucional del Estado de derecho, tal y como sucede hoy en día en México.

La seguridad nacional no es un apéndice de la contención policiaca ni un lema de tribuna; es una función sustantiva del poder público orientada a identificar y neutralizar amenazas multidimensionales que comprometen la viabilidad de la nación. La Ley de Seguridad Nacional diseñó con precisión el engranaje necesario: la Agenda Nacional de Riesgos, concebida como el instrumento supremo de inteligencia civil y prospectiva para anticipar vulnerabilidades estratégicas, y el Programa de Seguridad Nacional, encargado de articular los objetivos, líneas de acción y presupuestos del Estado frente a riesgos convencionales y emergentes.

Sin embargo, la gestión actual ha optado por un pragmatismo reactivo donde la planeación estratégica fue sustituida por un diagnóstico coyuntural y uno eminentemente político que poco abona a la gobernabilidad y democracia.

Pareciera asumirse la ingenua premisa de que los riesgos geopolíticos, el ciberterrorismo, el asedio criminal a la infraestructura estratégica, las catástrofes ambientales, la erosión del tejido institucional o la corrupción institucional, la violencia o el narcotráfico desaparecerán por decreto si no se les nombra formalmente en un documento de Estado.

Esta orfandad doctrinal esconde un sesgo metodológico elemental. Confundir la táctica operativa de los cuerpos armados con la estrategia global de defensa y seguridad del país, como parece que sucede hoy en dia, condena a las instituciones a navegar a ciegas.

Resulta casi una ironía que, en la era de la hiperconectividad y de las asimetrías globales más complejas del siglo, el Estado prescinda del rigor prospectivo y subordine los sistemas de inteligencia estratégica a la simple persecución penal, a labores de desarrollo social o al uso político de la información. La seguridad nacional abarca la protección irrestricta de las capacidades soberanas, el resguardo del ciberespacio, la certeza energética y alimentaria, y la gobernabilidad democrática.

Al carecer de un Programa de Seguridad Nacional robusto y de una Agenda de Riesgos técnica y dinámica, el gobierno pierde la capacidad de prever crisis sistémicas, limitándose a apagar incendios con baldes tácticos cuando la estructura misma del edificio republicano cruje. Hoy en día la seguridad nacional mexicana está ciega o miope y sus autoridades son sordas.

Para remontar esta ausencia doctrinaria, es imperativo restituir el andamiaje técnico y legal que mandata la legislación, como por ejemplo, reactivar plenamente el Consejo de Seguridad Nacional con una visión de Estado interdisciplinaria, despojada de coyunturas políticas o electorales; reinstalar la Agenda Nacional de Riesgos bajo parámetros científicos y autónomos de evaluación prospectiva; y publicar un Programa de Seguridad Nacional integral que coordine a las Fuerzas Armadas, las instancias civiles y los tres órdenes de gobierno.

La soberanía no se defiende con retórica de plaza pública, sino con inteligencia estratégica, rigor normativo y capacidad de anticipación. Devolverle al Estado su brújula prospectiva es, en última instancia, la única garantía duradera para la paz y la supervivencia democrática de México.

*Es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México
Correo electrónico: [email protected]
Twitter: @racevesj

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