TEXTO ÍNTEGRO: MILLONES de NIÑ@S y ADOLESCENTES en MÉXICO enfrentan retos en EDUCACIÓN, SALUD y SEGURIDAD

Los niños y adolescentes enfrentan desigualdades persisten de forma alarmante entre sectores vulnerables, especialmente entre la población indígena.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, advirtió que millones de niñas, niños y adolescentes en México continúan enfrentando graves problemas de pobreza, violencia, rezago educativo y salud mental, pese a algunos avances registrados en los últimos años.

El documento, elaborado con datos oficiales de instituciones como el INEGI, la Secretaría de Salud, el CONEVAL y la SEP, analiza el estado de los derechos de la infancia en cuatro dimensiones: supervivencia, desarrollo, protección y participación.

Niñas y niños indígenas, los más afectados por la pobreza

El informe expone que las desigualdades persisten de forma alarmante entre sectores vulnerables, especialmente entre la población indígena. Según el documento, el 82.3% de las niñas, niños y adolescentes hablantes de lengua indígena vive en situación de pobreza, casi el doble respecto a menores no indígenas. Además, el 93.9% presenta carencias de acceso a seguridad social.

El organismo internacional también alertó que los estados con mayores rezagos educativos y sociales concentran una gran parte de la niñez indígena, principalmente en Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

Violencia sexual y homicidios siguen amenazando a la niñez

En materia de protección infantil, el análisis señala que la violencia continúa siendo una de las principales amenazas para la infancia y adolescencia en México.

  • La tasa de violencia sexual contra menores pasó de 58.4 a 127.2 víctimas por cada 100 mil habitantes entre 2018 y 2023, afectando principalmente a niñas y adolescentes. Además, UNICEF indicó que las entidades con mayores niveles de homicidios también presentan menores tasas de asistencia escolar, lo que evidencia el impacto de la inseguridad en el desarrollo infantil.

Salud mental y obesidad infantil, entre los retos más urgentes

El informe también pone énfasis en la salud mental de adolescentes mexicanos. En 2023, el 24.9% de la población de entre 10 y 19 años presentó síntomas depresivos, siendo las adolescentes mujeres las más afectadas. A esto se suma la llamada “triple carga de malnutrición”, integrada por desnutrición crónica, deficiencia de micronutrientes y obesidad.

  • Actualmente, el 38% de niñas y niños de entre 5 y 11 años vive con sobrepeso u obesidad, situación relacionada con problemas de alimentación y acceso limitado a agua potable y saneamiento. Otro de los puntos que preocupa al organismo es la disminución de recursos públicos destinados a niñas, niños y adolescentes.

El informe señala que la inversión pública dirigida a la infancia cayó del 26.5% del gasto social en 2018 al 15.8% en 2025, cifra que se encuentra por debajo del promedio regional.

Ante este panorama, UNICEF llamó a fortalecer las políticas públicas enfocadas en reducir desigualdades, combatir la violencia, mejorar el acceso a salud y educación, así como garantizar recursos suficientes para proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes en México.

  • De acuerdo con el análisis de UNICEF, la pobreza infantil en México disminuyó de 51.3% en 2016 a 38.7% en 2024, mientras que la mortalidad infantil también registró una reducción
  • Asimismo, la cobertura de vacunación infantil mostró una recuperación parcial tras la pandemia de COVID-19, al pasar a 86.6% en 2023, aunque todavía lejos del 96.7% registrado en 2015.

Otro de los avances señalados por el organismo fue el incremento en la escolaridad promedio, que pasó de 10.5 a 11.2 años durante el periodo analizado.

La crisis de salud mental con la inteligencia artificial

Un reciente estudio realizado por la organización Jalisco Cómo Vamos y la Fundación Marisa ha encendido las alertas sobre la salud mental de las juventudes. La investigación destaca que una parte significativa de este sector poblacional enfrenta niveles elevados de angustia, estrés y soledad, lo que ha derivado en la búsqueda de nuevas alternativas para el manejo de sus emociones, incluyendo el uso de herramientas tecnológicas.

El 36% de los jóvenes encuestados ha recurrido a la inteligencia artificial como una forma de apoyo emocional. Este fenómeno refleja la rapidez con la que estas tecnologías se han integrado en la vida cotidiana de las nuevas generaciones como un recurso de acompañamiento ante las crisis personales.

  • La inteligencia artificial ya forma parte de las estrategias de acompañamiento emocional utilizadas por una parte importante de las juventudes. De acuerdo con los datos presentados, el uso de estas herramientas digitales presenta variaciones según el género. Mientras que el 20% de las mujeres confirma recurrir a la inteligencia artificial de manera frecuente.

El informe también profundiza en las diferencias sobre cómo hombres y mujeres gestionan la ansiedad. Los resultados indican que las mujeres reportan mayores niveles de depresión y ansiedad, mientras que los hombres muestran una menor disposición a solicitar ayuda profesional.

En su lugar, una parte de la población masculina opta por actividades como los videojuegos para intentar evadir el malestar emocional, una estrategia que, según los especialistas, puede resultar contraproducente al generar mayores niveles de ansiedad.

El estudio advierte sobre la presión social que aún recae sobre los varones, quienes se sienten obligados a cumplir con expectativas tradicionales como el éxito profesional, la provisión económica y la supresión de la vulnerabilidad. Esta ambigüedad entre las nuevas ideologías y los roles de género tradicionales genera un vacío emocional que requiere atención urgente mediante políticas públicas y sistemas educativos que fomenten la autoestima y la libertad de decisión.

En México, 40 millones de jóvenes enfrentan desigualdades estructurales

Hoy las juventudes son una de las poblaciones más diversas, dinámicas y estratégicas en nuestro país y al mismo tiempo enfrentan desigualdades estructurales que limitan su acceso a las oportunidades y a sus derechos, especialmente en contextos rurales, indígenas, afrodescendientes, o marcados por la pobreza y la violencia. Se trata de 40.1 millones de personas entre 12 y 29 años que representan el 30.1% de la población total (Conapo, 2024).

«Es un bono demográfico importante que hay que poner en valor y por el que hay que luchar y expresarse», aseguró Lorenzo Jiménez Ruiz, representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México.

México se encuentra en una etapa crítica de su dinámica demográfica pues la población joven va disminuyendo y la adulta va creciendo. «Esta oportunidad demográfica no se va a volver a repetir jamás por ello se considera de vital importancia invertir en las juventudes, para así garantizar la sostenibilidad social y económica de nuestro país. Este informe está destinado a mover las decisiones políticas que se orienten hacia un capital social innegable», dijo Bárbara Miranda, asociada de Programas de Población y Desarrollo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Perfil de la juventud mexicana

En México, el 37.5% de la población joven se encontraba en situación de pobreza en 2022 (Coneval, 2025), 2.1 millones de personas jóvenes hablan una lengua indígena, un 5.7% del total; 773 mil se identifican como afrodescendientes (2%), y 2.6 millones (8.5%) viven con alguna discapacidad, limitación o condición mental (Inegi, 2021). Esta diversidad de identidades, culturas y condiciones de vida genera desafíos y oportunidades diferenciadas en el acceso a educación, empleo y salud, que son los principales componentes de estudio de los IDH del PNUD.

Pero medir sólo esto no es suficiente. «Es un informe con una metodología extremadamente rigurosa, que apela a los paradigmas del Informe de Desarrollo Humano de ingreso, educación y salud. Pero en este caso también se ponen de manifiesto cuestiones de interés e impacto para la juventud como acceso a la vivienda, al trabajo digno o a internet», dijo Jiménez. Por ello se requirió además del acompañamiento técnico de instituciones nacionales y sus fuentes oficiales, como el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Población (Conapo).

  • De entrada los resultados del informe muestran que el Índice de Desarrollo Humano de las Juventudes (IDH-J) para México en 2022 se encuentra en 0.71 (nivel alto), por debajo del IDH general calculado para México, de 0.78 (PNUD, 2024). La mayor brecha se observa en Chiapas, donde el IDH-J es de 0.61 (nivel medio), lo que refleja condiciones significativamente menos favorables para las juventudes de esa entidad.

Existen 14 entidades que se encuentran en las categorías de desarrollo medio y 18 entidades en la categoría de alto. Esto significa que más de 16.6 millones de jóvenes viven en un estado con IDH-J medio, mientras que 23.6 millones en estados con IDH-J alto. Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Tlaxcala, Puebla, Zacatecas, Morelos, Guanajuato, Nayarit, Hidalgo y Durango, presentarán condiciones más complejas.

Persiste desigualdad entre territorios

Estas diferencias territoriales reflejan que el desarrollo de las juventudes en México no solo está marcado por desigualdades entre estados, sino también por brechas internas dentro de cada entidad, donde los avances en ciertas dimensiones pueden no estar acompañados de mejoras en otras.

  • Por ejemplo, Chiapas presentó los menores niveles tanto en educación como en ingresos, evidenciando una intersección crítica de desigualdades estructurales. Por otro lado, Zacatecas se ubica como el estado con el nivel más bajo en la dimensión de salud, resultado en gran parte por sus altas tasas de muertes violentas entre las juventudes.
  • En contraste, Nuevo León destaca con el mayor desarrollo en la dimensión de ingresos, presentando valores elevados en cada uno de los indicadores de esta dimensión, en los que se incluye una de las tasas de informalidad de empleo en personas jóvenes más bajas en el país (35.8%).

No obstante, en entidades como la Ciudad de México (69.5%) y Campeche (50.6%), que se encuentran entre los de mayor desarrollo en esta dimensión, la informalidad en el empleo juvenil sigue siendo considerablemente alta, lo que sugiere que los ingresos promedio elevados no necesariamente se traducen en condiciones de formalidad o estabilidad en el empleo para las juventudes.

El análisis de cada dimensión del IDH-J también revela que el avance en un área del desarrollo humano no siempre se traduce en mejoras en otras dimensiones. Colima, por ejemplo, ocupa la séptima posición en educación, pero el penúltimo lugar en salud, debido a las altas tasas de muertes violentas que afectaron a las juventudes en 2022. Un caso similar se observa en Veracruz, que presenta el tercer mejor nivel en salud, impulsado por las bajas tasas de accidentes y fecundidad adolescente, pero se encuentra en el lugar 27 en educación, con uno de los peores resultados en años de escolaridad y acceso a internet en el hogar.

Jóvenes desaparecidos

Un apartado que llama fuertemente la atención en este análisis es el impacto de las desapariciones forzadas. Lo marcan como un elemento fundamental a visibilizar pues en México la desaparición de personas jóvenes ha alcanzado dimensiones críticas. Los registros oficiales señalan que hay más de 115 mil personas desaparecidas acumuladas históricamente —casi la mitad de ellos ocurridos sólo desde 2019—, y donde la mitad de ellas se encuentra entre los 12 y los 29 años (Comisión Nacional de Búsqueda, 2025).

  • En el caso de los hombres, la mayor parte de las desapariciones ocurre entre los 20 y 34 años, con más de 40 mil casos registrados. Estas desapariciones suelen estar asociadas con dinámicas de violencia organizada, reclutamiento forzado, criminalización o conflictos territoriales. En contraste, las mujeres tienden a desaparecer a edades más tempranas: el grupo de 15 a 19 años representa el mayor riesgo, con alrededor del 22% del total de desapariciones.

El estudio analiza otros datos como fecundidad adolescente, escolaridad, acceso a tecnologías, ingreso disponible después de costos de vivienda, barreras económicas, brechas territoriales, y entre otros factores.

«Tenemos un grupo que es real, está presente y es innegable en México. Es cierto que empezamos a notar señales que invitan a pensar que el bajo nacimiento y el envejecimiento de la población es un hecho y que si no actuamos con el bono demográfico los resultados pueden ser catastróficos (…) Aunque no quiero sonar alarmista o fatalista, si no se hacen bien las cosas, lo más probable es que un tercio o la mitad de esta población, pasen a engrosar las filas de los pobres y desiguales de este país, todo dependerá de cómo se hagan las cosas», recalcó Jiménez.

Homicidios de jóvenes al alza

El asesinato de Alexander resume una constante en el país: la violencia involucra, cada vez más, a jóvenes que mueren asesinados y a jóvenes que asesinan. Se trata de una generación atrapada en dinámicas criminales que, en muchos casos, están marcadas por múltiples condiciones de vulnerabilidad, como la edad, la precaria situación económica y la falta de oportunidades educativas y laborales.

Para abatir esas condiciones de vulnerabilidad —que el crimen organizado aprovecha para reclutar a jóvenes en sus filas—, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue de los primeros en destinar recursos por más de 100 mil millones de pesos en becas y apoyos sociales para esta población en específico. Sin embargo, pese al esfuerzo, la violencia en México sigue teniendo un rostro marcadamente joven.

De acuerdo con cifras oficiales del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) —recabadas y analizadas por la organización civil México Unido contra la Delincuencia y Animal Político—, el grupo de edad de 18 a 29 años concentra el mayor número de víctimas de asesinato en el país, siendo el rango de edad con mayor riesgo de morir por homicidio, muy por encima de la infancia y la adolescencia.

  • La comparación por sexenio muestra que el fenómeno no se redujo en los últimos seis años, incluso en el contexto del programa social Jóvenes Construyendo el Futuro. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto (2013-2018) se registraron 51 mil 653 homicidios de personas de entre 18 y 29 años. En el sexenio de López Obrador (2019-2024), la cifra escaló hasta 66 mil 731 víctimas. Esto implica 15 mil 078 asesinatos adicionales y un incremento de casi el 30 %.

Ahora bien, el aumento de la violencia contra jóvenes no es nuevo ni reciente. La tendencia cobró fuerza entre 2015 y 2016, cuando se pasó de 6 mil 576 casos a 8 mil 187, una subida de casi el 25 % en un año. De 2016 a 2017 el incremento fue todavía mayor: un 33 %. En 2018, el último año del sexenio de Peña, la cifra alcanzó un máximo de 12 mil 269 jóvenes asesinados.

Pero con la llegada de López Obrador, las cifras no mostraron una mejoría sostenida. Por el contrario, los homicidios de jóvenes rebasaron incluso niveles históricamente elevados durante los dos primeros años del sexenio (12 mil 524 casos y 12 mil 277). Posteriormente, aunque se registró una reducción durante la pandemia, los asesinatos anuales permanecieron por encima de los 10 mil casos, muy por encima de los poco más de 6 mil registrados al inicio del sexenio peñista.

En cuanto al análisis por género, los datos muestran un punto relevante. En ambos sexenios, más del 88 % de las víctimas jóvenes son hombres. Sin embargo, el aumento proporcional de mujeres asesinadas fue más pronunciado en el sexenio pasado. Mientras los homicidios de jóvenes crecieron cerca de 28%, en el caso de las mujeres el incremento fue de un 36 %.

Guanajuato —un estado que lleva ya algo más de una década con un incremento sostenido de la violencia—, registra actualmente el mayor número de asesinatos de jóvenes de entre 18 y 29 años. Durante el sexenio de López Obrador se contabilizaron 9 mil 228 víctimas, hasta un 174 % más que lo registrado en el gobierno de Peña Nieto.

Le siguen el Estado de México, con 5 mil 718 asesinatos de jóvenes; y Chihuahua, con 5 mil 207.

7 de cada 10 niños y adolescentes asesinados murieron por disparos

Por otra parte, las cifras del INEGI muestran que la violencia letal en México contra la niñez y la adolescencia también aumentó.

Durante el sexenio de Peña Nieto, se contabilizaron 7 mil 458 homicidios de niños, niñas y adolescentes. En el de López Obrador, la cifra ascendió a 8 mil 054 víctimas; 800 asesinatos adicionales, un aumento del 8 %.

  • Otro dato relevante es que en el gobierno pasado subieron casi un 30 % los homicidios de niños y adolescentes varones con arma de fuego. Con Peña Nieto se registraron 3 mil 493 casos, con López Obrador la cifra subió a 4 mil 433. Mientras en el sexenio peñista los asesinatos con arma de fuego de personas de menos de 18 representaban el 63 % del total, en el obradorista ese porcentaje escaló al 71 %. Es decir, 7 de cada 10 niños y adolescentes asesinados en el país murieron por disparos.

Y algo similar sucedió con las niñas y mujeres adolescentes. Durante el sexenio de Peña Nieto se registraron 675 asesinadas con arma de fuego. En el de López Obrador, la cifra escaló a 926 casos, un 37 % más. El porcentaje de niñas asesinadas con arma de fuego pasó del 31 % al 51 %.

De nuevo, Guanajuato aparece como la entidad más letal para la niñez. Durante el gobierno de Peña Nieto, el estado sumó 425 niñas, niños y adolescentes asesinados. En el sexenio obradorista, la cifra aumentó a 1 mil 263 víctimas, casi un 200 % más.

Esto es: Guanajuato se consolida como el estado más violento para la niñez, la adolescencia y la juventud.

  • Otras entidades donde se dispararon los homicidios de niños y adolescentes fueron Zacatecas (de 193 casos a 459, un 138 % más), Quintana Roo (de 75 a 172, un 129 % al alza), y Sonora (de 135 a 277, un 105 % más).

Estas cifras oficiales dialogan, además, con lo documentado en la primera entrega de esta investigación. Mientras los homicidios de niños, adolescentes y jóvenes aumentaron en el sexenio pasado, también lo hicieron las detenciones de jóvenes y de menos de 18 años por delitos vinculados al crimen organizado.

En conjunto —aunado a que, como se expondrá en una tercera entrega, también aumentaron las desapariciones de jóvenes—, estos indicadores muestran una paradoja persistente: más jóvenes están hoy atrapados por la violencia, ya sea como víctimas o victimarios, en un sexenio marcado por la inversión de recursos millonarios dirigidos precisamente a esa población juvenil.

Cada año 250 mil jóvenes dejan las universidades

En la década reciente, el abandono escolar en la educación superior en México afectó a más de 250 mil jóvenes cada año, cifra que se elevó a más de 330 mil durante la pandemia de covid-19.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en el ciclo escolar 2013-2014, 255 mil 965 estudiantes dejaron las aulas universitarias, mientras en el ciclo 2023-2024 fueron 269 mil 919.

  • En esa década, la cifra de deserción más elevada se reportó en el ciclo escolar 2020-2021, con 332 mil 918 estudiantes que no regresaron a la universidad, es decir, 8.8 por ciento de quienes lograron iniciar su formación superior. Otros 321 mil 239 alumnos lo hicieron en el periodo 2019-2020, y 304 mil 346 en el año lectivo 2021-2022.
  • El Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 señala en su balance sobre los desafíos del Sistema Nacional de Educación Superior que a fin de frenar esta deserción es fundamental revisar y flexibilizar los planes de estudio para hacerlos “más pertinentes, accesibles y adecuados a la diversidad de contextos del estudiantado”.

En su análisis de los desafíos que subsisten en este nivel educativo, la administración federal reconoce que las barreras van más allá del esfuerzo académico. Están relacionadas, agrega, con factores socioemocionales, económicos, vocacionales y pedagógicos, y con la eficiencia de las instituciones para integrar y acompañar a su estudiantado.

“Superar estos obstáculos requiere fortalecer los sistemas de alerta temprana, el acompañamiento académico personalizado, la flexibilización de las trayectorias académicas, el acceso a apoyos sicosociales, becas y orientación vocacional continua.”

Además, destaca, “se debe impulsar su desarrollo integral mediante actividades culturales, deportivas y de participación estudiantil que promuevan la salud física, el bienestar emocional, el sentido de comunidad y el fortalecimiento de habilidades socioemocionales”.

Otro desafío identificado por la SEP es la alta concentración de inscripciones en un número limitado de programas y áreas del conocimiento. En el ciclo escolar 2024-2025, únicamente 10 carreras de nivel profesional reunieron a 45.7 por ciento de la matrícula nacional, entre ellas derecho, con 383 mil 683 alumnos (7.6 por ciento de estudiantes); administración de empresas, con 275 mil 297 (5.5); ingeniería industrial, con 250 mil 99 (5.0); sicología, con 236 mil 354 (4.7); contabilidad y fiscalización, con 236 mil 91 (4.7); negocios y comercio, con 187 mil 155 (3.7); desarrollo de software, con 186 mil 50 (3.7); enfermería general y obstetricia (3.7); electrónica, automatización y aplicaciones de la mecánica eléctrica (3.6), y medicina general, con 177 mil 763 estudiantes (3.5 por ciento)./Agencias-PUNTOporPUNTO

Documento íntegro a continuación:

https://www.unicef.org/mexico/media/10121/file/analisis-situacion-ninez-adolescencia-mexico-unicef.pdf.pdf

https://www.undp.org/sites/g/files/zskgke326/files/2025-06/idhj_22_junio.pdf

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