TEXTO ÍNTEGRO: Persiste en la EDUCACIÓN SUPERIOR las Brechas de Acceso, Graduación, Financiamiento y Calidad Educativa

La tasa bruta de matriculación para la educación superior en la región de América Latina subió de 40 a 53 por ciento entre 2013 y 2023.

La pregunta sobre el vínculo entre la educación superior y las necesidades profesionales del mundo actual se encuentra en una tensión constante donde más que nunca la academia ve la necesidad de repensarse.

La disrupción tecnológica, los cambios demográficos con la baja de la natalidad, los reajustes geopolíticos y la evolución del mercado laboral tienen un impacto más que directo en las casas de estudios superiores que buscan evitar un anquilosamiento que las deje fuera de juego ante el cambio de paradigma del aprendizaje a lo largo de la vida.

  • El Informe mundial sobre tendencias de la educación superior 2026 publicado por el el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (UNESCO IESALC) dialoga con medir el avance hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4).
  • El documento se basa en datos del Observatorio de Políticas de Educación Superior (HEPO) de la UNESCO, que releva información de 146 países, e integra estadísticas del Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) y destaca la persistencia de brechas de acceso, graduación, equidad, financiamiento y calidad.

Un egreso que se demora

La matrícula mundial en licenciatura, maestría y doctorado, que representa los niveles 6 a 8 de la Clasificación Internacional Normalizada de la Educación (CINE), aumentó un tercio en la última década; alcanzando el número de 213 millones de estudiantes en 2023.

  • De acuerdo al informe, la tasa bruta de matriculación pasó del 27% al 35%, con diferencias regionales profundas. Mientras superó el 65% en Europa y América del Norte; en América Latina y el Caribe se ubica en un nivel intermedio, con el 53 % y en África Subsahariana apenas alcanza el 7%.
  • A pesar de este crecimiento, la graduación se ralentizó pasando del 22% al 27% entre 2013 y 2023. El informe advierte que barreras financieras y de contextos de vulnerabilidad impactan en las trayectorias que muchas veces son acompañadas con una asistencia en el ingreso y que luego se diluyen con el tiempo.

Techo de cristal y gasto público

Las mujeres superan ampliamente a los hombres en licenciatura y maestría, con una tasa bruta de graduación del 30% frente al 24% masculino, pero siguen subrepresentadas en los doctorados y, sobre todo, en el liderazgo ya que representan el 44% del personal docente mundial, pero ocupan apenas una cuarta parte de los cargos de alta dirección. Además representan al 49% de los estudiantes internacionales.

  • De acuerdo a lo relevado por el Instituto de Estadística de la UNESCO, el gasto público en educación terciaria promedió el 0,8% del PIB en 2022, lo que representa menos del 0,3% en países de ingresos bajos y más del 1,5% en los de ingresos altos.

El informe también detecta una creciente tendencia a trasladar la carga financiera hacia las familias, vía aumento de aranceles y mayor dependencia de proveedores privados. Por citar algunas transformaciones, países como Chile, Japón, Sudáfrica, México y Corea del Sur redujeron tasas para grupos específicos por asequibilidad; mientras que en Estados Unidos plasmó una fuerte política de reducción de gasto universitario derivando en un alto endeudamiento estudiantil y una fuerte brecha de acceso.

Proyecciones y movilidad

Casi la mitad de los estudiantes que eligen estudiar en el exterior proviene de apenas diez países, encabezados por China e India. La movilidad estudiantil internacional se triplicó desde comienzos de siglo hasta alcanzar los 7,3 millones de estudiantes en 2023; y se espera que para el 2030 la matriculación llegue a los 9 millones.

  • Mientras que Europa Occidental y América del Norte concentran el 49% de los estudiantes internacionales como destino, seguida de lejos, por Asia Oriental y el Pacífico (19%), hay países que se mantienen entre los más elegidos y aparecen nuevas opciones.
  • Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Alemania, Canadá, Rusia y Francia reciben la mitad de la matrícula internacional, mientras que Argentina, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos continúan ganando terreno. En América Latina y el Caribe, la proporción de estudiantes que elige quedarse en la región pasó del 24% al 43% entre 2000 y 2022, con Argentina como principal destino.

Otro dato a considerar en lo que respecta a la movilidad estudiantil es el de las personas refugiadas, cuya matrícula en educación superior se multiplicó por nueve entre 2019 y 2025 (ACNUR). El reconocimiento de sus cualificaciones y equivalencias sigue siendo una de las mayores barreras para reingresar al sistema educativo y al mercado laboral, por falta de documentación, fragmentación legal entre países y obstáculos lingüísticos y socioeconómicos.

Gobernanza, calidad, digitalización y formación docente

A nivel gobernanza, el 88% de los países mantiene la educación superior bajo control nacional directo, pero solo el 67% reconoce por ley la autonomía institucional. En términos de calidad y certificación en el proceso de aprendizaje el 88% exige por ley agencias de acreditación, frente al 40% de inicios de la década de 2010.

  • En cuanto a la educación digital se estima que los usuarios de plataformas de aprendizaje en línea pasaron de 429 a 783 millones entre 2019 y 2024- con un fuerte impulso producto de la pandemia de COVID-19- aunque un tercio de la población mundial sigue sin conexión, con brecha entre países de ingresos altos (93%) y bajos (27%), según la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
  • En cuanto al personal docente se destaca una marcada tendencia en términos de inseguridad laboral ante contratos precarios y un retroceso de la libertad académica en 34 países y territorios en la última década; con fuentes citadas del Informe sobre Libertad Académica 2025. A eso se suma el burnout docente y la necesidad de actualización creciente ante los cambios en la educación por el impacto de la IA y desarrollos tecnológicos.

Las recomendaciones finales apuntan a siete ejes a considerar. El primero es el de sostener la ampliación del acceso sin descuidar la graduación,seguido por la necesidad de reforzar la inclusión de grupos en desventaja. En tercero, cuarto y quinto lugar se destaca la importancia de mejorar la coordinación del sistema educativo internacional, fortalecer la autonomía institucional y la libertad académica a partir de un financiamiento sostenible. Los dos últimos ejes apuntan a atender los riesgos de la inteligencia artificial y a mejorar las condiciones laborales de docentes y el reconocimiento de cualificaciones.

Hacia dónde van las universidades de América Latina

Mientras en Argentina se intensifican las protestas de estudiantes y profesores contra la política de recorte presupuestario del Gobierno de Javier Milei, en Chile los anuncios de austeridad del mandatario José Antonio Kast también hacen salir a la calle a los universitarios, que ven amenazados los avances en acceso y financiamiento. En ambos países, las críticas apuntan también al impacto en la excelencia y el prestigio de las instituciones.

¿Cómo es la calidad y hacia dónde van las universidades de América Latina y el Caribe? El Informe mundial sobre tendencias de la educación superior 2026 , del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) entrega interesantes datos.

«El acceso en América Latina ha estado creciendo en los últimos años. En muchos países vemos una mayor participación en la educación superior», destaca el Dr. Borhene Chakroun, director de IESALC.

La tasa bruta de matriculación para la educación superior en la región subió de 40 a 53 por ciento entre 2013 y 2023. Se sitúa por sobre el promedio mundial de 43 por ciento, pero muy por debajo de Europa y Estados Unidos, donde es cercana al 80 por ciento. Pero, a pesar del alza en la matrícula, la tasa de graduación latinoamericana es apenas del 24 por ciento. Otra característica regional es que aquí se da el mayor porcentaje de participación de universidades privadas, con un 49 por ciento.

¿Qué dicen las clasificaciones?

En un intento de medir la calidad, los rankings se han vuelto populares. Según las metodologías y criterios de cada uno -prestigio, mayor formación de sus docentes, distinciones, investigación o publicaciones, entre otras-, varía mucho la presencia y el lugar de las universidades latinoamericanas en el listado.

  • En el último Ranking QS Mundial, elaborado por la consultora británica Quacquarelli Symonds, la Universidad de Buenos Aires (UBA) es la latinoamericana mejor ubicada, en el puesto 84. En las clasificaciones regionales que elabora esta consultora, con parámetros más específicos, algunos puestos difieren. En el Ranking QS de América Latina figura en primer lugar la Universidad Católica de Chile.

Marco Wandercil, Dr. en Educación por la Pontificia Universidad Católica de Campinas, observa algunas tendencias generales en los rankings internacionales. «Primero, pocas universidades latinoamericanas logran alta visibilidad internacional. Segundo, las universidades públicas tienen un protagonismo importante, especialmente en países como Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia. Tercero, las instituciones que mejor aparecen suelen ser universidades históricas, consolidadas, intensivas en investigación y con fuerte reputación académica».

«El ranking no es una herramienta perfecta cuando se mide la calidad de la educación superior», advierte, por su parte, Borhene Chakroun. Este instrumento no logra evaluar adecuadamente el desempeño de las instituciones de la educación superior, en cuanto no aborda aspectos como, por ejemplo, el compromiso con la comunidad.

Más allá de los rankings

Los rankings son instrumentos útiles, pero deben ser interpretados con cautela, considera Wandercil. «Nos ofrecen una fotografía parcial, no una radiografía completa de la calidad de las universidades latinoamericanas», señala el profesor investigador del Programa de Posgrado en Educación de la Universidad Municipal de São Caetano do Sul (USCS).

  • Muchas veces sus criterios favorecen el modelo de universidades del Norte global, que tienen grandes presupuestos, alta producción en inglés, fuerte internacionalización o vínculos con premios internacionales como el Nobel, entre otras características. No siempre recogen la labor y particularidades de las universidades latinoamericanas, que atienden problemas y desafíos locales, sostienen hospitales universitarios, tienen impacto social y contribuyen a las políticas públicas. Todo esto con menor financiamiento, infraestructura e inversión en ciencia y tecnología.

Con todo, las clasificaciones muestran que la región tiene «universidades relevantes, con tradición académica, producción científica importante y reconocimiento regional e internacional», afirma Wandercil. Algunas de ellas tienen más de cien años de historia, con reconocimiento internacional y fuerte capacidad científica.

«Más allá de los rankings, yo calificaría las universidades latinoamericanas como instituciones profundamente relevantes para el desarrollo social, científico, cultural y democrático de la región», subraya Wandercil. «Son mejores de lo que muchas veces los rankings consiguen mostrar. Pero también es cierto que necesitan fortalecer investigación, internacionalización, gobernanza, financiamiento estable, innovación y mecanismos internos de evaluación y mejora continua», agrega.

Hacia una mejor educación superior

América Latina es una región sumamente heterogénea en cuanto a tamaño del sistema universitario, composición pública y privada, inversión estatal, regulación o investigación. «México, Brasil, Colombia y Argentina concentran un número elevado de universidades. En el conjunto de América Latina predominan las universidades privadas, pero en países como Brasil, Cuba, Ecuador, Perú y Venezuela hay una presencia pública muy significativa», describe Wandercil.

  • El experto observa que Brasil destaca por un sistema de posgrado muy consolidado y una importante producción científica. México y Argentina tienen universidades históricas con gran reputación académica. Chile presenta instituciones con alto nivel de internacionalización y fuerte presencia en rankings, mientras que Colombia ha avanzado en acreditación, investigación y diferenciación institucional.

«Hay mejoras importantes en calidad, equidad y acceso. Pero son mejoras incompletas y desiguales», alerta el académico de USCS. Más investigación, programas de posgrado y publicaciones científicas, consolidación de sistemas de evaluación y acreditación, ingreso de sectores sociales antes excluidos, pero persisten problemas de financiamiento, precarización del trabajo docente, desigualdad entre instituciones y baja inversión en ciencia y tecnología. Los avances tampoco son parejos en una región marcada por profundas desigualdades.

«Un punto importante es que ha aumentado la movilidad regional entre estudiantes de un país a otro. Argentina es el que está atrayendo mayor número de estudiantes, pero también figuran otros países, como Chile, Perú y Colombia», indica Chakroun.

Costos ocultos

Los retos son múltiples, plantea Wandercil: inclusión, acceso, permanencia, extensión y formación con compromiso territorial. En su opinión, el gran desafío para América Latina es «construir calidad con equidad en un contexto de desigualdad estructural y financiamiento insuficiente».

Asimismo, Chakroun repara en «el desajuste entre la preparación que entrega la educación superior a los estudiantes y las necesidades de las economías y las sociedades de la región» y plantea la necesidad de que las universidades se hagan cargo del conocimiento indígena y den mayores oportunidades a los estudiantes de estos grupos.

En cuanto a los apoyos financieros, a pesar de las mayores posibilidades de créditos y becas, persisten dificultades que obstaculizan el acceso y la permanencia, advierte el director de IESALC. No es solo la matrícula, «también hay costos ocultos, como el de transporte, vida diaria, material educativo y otros, para los estudiantes y sus familias».

El impacto es mayor para quienes provienen de sectores socioeconómicos menos favorecidos, al tiempo que los sistemas de becas y ayudas benefician a los más exitosos. «La equidad debiera ser también ofrecerle acceso no solo en base al talento o el mérito, que es una cuestión relativa si la persona tiene un trasfondo de bajo nivel socioeconómico», subraya Chakroun./Agencias-PUNTOporPUNTO

Documento íntegro a continuación:

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000398124/PDF/398124spa.pdf.multi

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