22 PERIODISTAS han sido ASESINADO por causas directamente relacionadas con su trabajo en ocho PAÍSES

Los periodistas están bajo fuegos cruzados. Unos son asesinados porque investigan al narcotráfico, la corrupción, porque cubren una guerra o los abusos de las fuerzas de seguridad; otros son encarcelados porque critican al gobierno, publican información prohibida o rechazan la versión oficial.

  • Hasta finales de agosto, Reporteros Sin Fronteras (RSF) había confirmado el asesinato de 22 periodistas por causas directamente relacionadas con su trabajo en ocho países desde el 1 de enero de este año. También registra 470 encarceladas por ejercer el periodismo en 51 países: 434 periodistas y 36 trabajadores de medios. El asesinato y la prisión cumplen dos funciones: evitan que el periodista siga investigando y sirven de advertencia a sus colegas.

El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) documentó 129 periodistas y trabajadores de medios muertos durante 2025, el número más alto registrado por la organización desde que, en 1992, comenzó su recuento; 47 fueron asesinados deliberadamente por su trabajo, la mayor cantidad en una década; en ninguno de esos casos había una persona condenada por los crímenes. La impunidad con que operan los criminales hace posible el siguiente asesinato.

  • Jodie Ginsberg, directora ejecutiva del comité, advirtió que «ataques a medios son un indicador temprano de ataques contra otras libertades; todos estamos en riesgo cuando matan periodistas por informar».
  • La UNESCO calcula que 85% de los asesinatos de periodistas siguen impunes. El porcentaje era de 95% en 2012; ocho de cada 10 crímenes contra periodistas aún quedan sin una sentencia. La impunidad crece cuando las autoridades investigadas controlan a los investigadores, cuando los cuerpos policiacos participan en redes criminales, los testigos temen declarar y los fiscales descartan desde el principio la actividad periodística como posible motivo.

Mariya Gabriel, subdirectora general de Comunicación e Información de la UNESCO, sostuvo en mayo que «la integridad de los periodistas y la libertad de expresión son garantías esenciales para el desarrollo de las sociedades y la paz». El periodista colombiano Florentino Mesa, con más de 40 años ejerciendo la profesión en su país y en EU, señala a EL UNIVERSAL que «en buena parte del mundo, preservar la independencia informativa se ha convertido en una decisión de alto riesgo que puede costar el empleo, el exilio, la libertad o incluso la vida».

Asegura que la violencia contra el gremio no siempre comienza con un disparo. «Empieza mucho antes, con la censura soterrada, la asfixia económica de los medios y el acoso judicial. En países como Colombia y México, esta realidad se padece en todas sus formas: desde intimidación directa por tocar intereses políticos, poderes económicos o redes del crimen organizado, hasta el enfrentamiento cotidiano con la intolerancia».

México llegó a siete periodistas asesinados por su trabajo en lo que va de este año, según RSF.

  • El Comité para la Protección de los Periodistas sostiene que ningún asesinato o desaparición de un periodista cometido en México durante este siglo ha terminado con detenciones y condenas contra todos los autores materiales e intelectuales; aun los expedientes más conocidos quedaron incompletos. Las investigaciones del comité han encontrado policías y funcionarios entre los agresores, fiscalías locales que omiten el trabajo de la víctima y periodistas que no denuncian amenazas porque desconfían de las autoridades que deberían protegerlos.

Recientemente en México se puede contar el homicidio de Juan David Gámez, reportero de Táctica SS, el 18 de marzo en García, Nuevo León, tras recibir amenazas vinculadas a su cobertura sobre crimen organizado. Otro caso es el de Francisco Alejandro Leyva Aguilar, exdirector de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión; publicaba investigaciones sobre presunta corrupción estatal.

«Cada vez que me entero de que los periodistas son agredidos o pierden la vida en México o en otros países, especialmente en guerras, me duele muchísimo porque yo sé lo importante que es mantenerse a salvo», comenta el periodista argentino Pablo Padula a este medio. «Hay mucha gente que se hace pasar por periodista y, más allá del riesgo en el que se ponen, quienes sí ejercemos el oficio tenemos que esforzarnos más para que reconozcan nuestra trayectoria».

Las guerras

Las guerras elevan el número de periodistas muertos. La Federación Internacional de Periodistas (FIP) informó en junio que más de 235 periodistas y trabajadores de medios palestinos y libaneses habían muerto en ataques israelíes en Gaza, Cisjordania y Líbano desde el 7 de octubre de 2023.

  • El Comité para la Protección de los Periodistas atribuyó a Israel dos terceras partes de las 129 muertes de trabajadores de prensa registradas mundialmente durante 2025 y sostuvo que el ejército israelí había realizado más asesinatos selectivos de periodistas que cualquier otra fuerza militar gubernamental documentada por la organización.
  • La abogada especializada en derechos humanos Jennifer Robinson dijo ante la FIP que «atacar deliberadamente a periodistas constituye un crimen de guerra destinado a impedir la documentación de violaciones del derecho internacional».

El censo del Comité para la Protección de los Periodistas contabilizó 330 periodistas encarcelados desde el 1 de diciembre de 2025; el comité toma una cifra anual de periodistas retenidos por gobiernos durante más de 48 horas y excluye a secuestrados por grupos, desaparecidos y liberados antes de la fecha de corte. De estos periodistas registrados por el comité, 61% enfrentaban acusaciones contra el Estado, casi 33% habían denunciado maltrato, 20% reportaron tortura o golpes y 26% llevaban cinco años o más sin sentencia. Ginsberg dijo que «autocracias y democracias por igual encarcelan periodistas para aplastar la disidencia y sofocar el periodismo independiente».

  • En Venezuela, el periodista Walter Alexander Jaimes fue hallado muerto el 3 de marzo, tras indagar presuntos actos de corrupción policial; el 8 de marzo, la periodista Yolimar Hidalgo fue asesinada.

En Cuba, organizaciones como la Red Voces del Sur documentan un patrón de hostigamiento judicial, estigmatización y exilio forzado, con el Estado como principal agresor de la prensa independiente. El Código Penal cubano permite castigar a quien ejerce el periodismo fuera de los medios controlados por el Estado y el Decreto 370 prohíbe contenidos digitales sin autorización oficial. Nicaragua ha obligado a salir del país a unos 268 periodistas. El Salvador ha llevado al exilio a decenas mediante vigilancia, acusaciones y presión financiera.

  • Zhang Zhan salió de una prisión china en mayo de 2024 después de cumplir cuatro años por informar desde Wuhan sobre el comienzo de la pandemia de Covid-19. Tres meses después volvió a ser detenida cuando viajaba para cubrir el caso de un joven activista. En septiembre de 2025 recibió otra condena de cuatro años por «provocar disturbios». Durante los encarcelamientos inició huelgas de hambre y fue sometida a alimentación forzada mediante una sonda nasogástrica.

María Ponomarenko fue enviada a prisión en el extremo oriental de Rusia e intentó suicidarse debido a duras condiciones de su detención.

Sai Zaw Thaike, fotoperiodista del medio independiente Myanmar Now, fue arrestado en 2023 mientras cubría las secuelas del ciclón «Mocha».

Zuliana Lainez, presidenta de la FIP, advirtió que «existe una necesidad urgente de luchar contra la precariedad laboral, contra los ataques a nuestro trabajo y defender a los periodistas acosados, perseguidos y asesinados».

RSF exige liberar inmediata e incondicionalmente a quienes están presos por informar y sancionar a los funcionarios que utilizan la justicia para perseguirlos.

El Comité para la Protección de los Periodistas propone equipos internacionales de investigación, sanciones dirigidas contra responsables y federalización de los asesinatos cuando las autoridades locales estén involucradas. El Día Internacional del Periodista no puede limitarse a recordar a los muertos; debe exigir la libertad de los presos y el castigo completo de quienes decidieron asesinarlos.

«Después de más de cuatro décadas en las salas de redacción, mantengo intacta una convicción: nuestra primera lealtad es con los hechos comprobables y con la ciudadanía. El periodismo pierde su sentido cuando se convierte en propaganda del poder de turno o en altavoz de las simpatías del propio reportero. Nuestra tarea no es complacer, sino indagar, verificar, contrastar y exponer la realidad con rigor, responsabilidad y equilibrio», concluye el periodista Florentino Mesa; «Cuando se silencia a un periodista, el daño no es solamente individual, se deja a toda una comunidad a oscuras»./Agencias-PUNTOporPUNTO

Recibe nuestro boletín informativo, suscríbete usando el formulario