La ‘religión cívica’ de AMLO, la religión de los pobres

Por José Sobrevilla

Quien ha tocado el tema ha sido el antropólogo argentino-mexicano Elio Masferrer Kan, sin embargo, Wikipedia registra que no solo AMLO ha hurgado en el mismo; pensadores como Benjamín Franklin, George Washington y Juan Jacobo Rousseau también lo habrían hecho. Más recientemente, para determinar la parte religiosa de la vida política de una cultura determinada, el sociólogo estadounidense de la Universidad de Harvard, Robert Neelly Bellah también le entró al tema.

Al respecto, Antonio Elorza (CIDE/2001), a propósito de un seminario sobre “Religión política” deja clara la diferencia: la “Religión cívica” –dice– legitima un contexto institucional dado, mientras que la ‘religión política’ implica una relación más profunda; produce una “religiosidad” o conversión del individuo en miembro de un movimiento político-religioso en lugar de ser miembro de una única organización política; esta afiliación se convierte en la base de su comportamiento político y social. [1]

Juan Jacobo Rosseau utilizó el término para para contraponer los valores religiosos establecidos por el cristianismo a aquellos que debían prevalecer en los ciudadanos de un Estado para permitir la perdurabilidad del pacto social, impuestos por el soberano y garantes de la cohesión social.

Explicaba Rosseau en su Pacto Social que existe una profesión de fe meramente civil, cuyos artículos puede fijar el soberano, no precisamente como dogmas de religión, sino como sentimientos de sociabilidad, sin los cuales es imposible ser buen ciudadano ni fiel súbdito. Sin que pueda obligar a nadie a creerlos, el soberano puede desterrar del estado a cualquiera que no los crea, no como impío, sino como insociable, como incapaz de amar con sinceridad las leyes y la justicia, y de inmolar, en caso de necesidad, la vida al deber”[2].

En este sentido, seguramente recordará –amable lector– la convocatoria de López Obrador para imprimir y difundir la “Cartilla Moral” (10 millones de ejemplares), para que sean repartidos por la SEP coordinada con el líder evangélico Arturo Farela (Confraternice). Se trataba de una adaptación hecha por la propia Presidencia de la publicada por Alfonso Reyes.

 “Este lunes (noviembre/2018) –publicó Forbes– el presidente electo Andrés Manuel López Obrador y un equipo de colaboradores presentaron la convocatoria para conformar la Constitución Moral, y buscar así una nueva convivencia en el país basada en el respeto y otros valores” [3]. Esta Constitución Moral –decía– debería hacerse del 3 de diciembre al 30 de abril de 2019.

La de Alfonso Reyes, ordenada por Jaime Torres Bodet, secretario de Educación en 1943, buscaba tener ‘un mínimo de principios morales’ que ayudaran a cambiar “la forma primaria de vida de nuestras clases bajas, construyendo, así, los cimientos de una nación moderna, espiritual, moral y materialmente rica”.

El 7 de febrero de 2020, Elio Masferrer lo advirtió: “Con la distribución de la Cartilla Moral, la elaboración de la Constitución Moral, la revaloración de la historia patria (la Cuarta Transformación de la República) y la eliminación de los “puentes vacacionales”, López Obrador está construyendo su propia “religión cívica”.

Émile Durkheim (1858-1917) en su libro “Las formas elementales de la vida religiosa” señalaba que “No puede haber sociedad que no sienta la necesidad de mantener y de fortalecer los sentimientos colectivos y las ideas colectivas que configuran su unidad y su personalidad […] esta reconstrucción moral sólo puede obtenerse mediante reuniones, asambleas, congregaciones, en las que los individuos en estrecha cercanía reafirman sus sentimientos comunes”.

A manera de utopía, para el gobierno de la cuarta transformación, la constitución moral fomentará la “solidaridad y el respeto a las individualidades e intimidad; inhibirá la corrupción, violencia e impunidad; promoverá la honestidad, la paz y la justicia social, fomentando el respeto a los derechos humanos y el destierro del abuso de autoridad; pero aclarando  no pretender imponer conductas o creencias religiosas a nadie sino ofrecer lineamientos de convivencia consensados (…) Tampoco se tratará de un estatuto jurídico ni será obligatoria. Únicamente será un documento que recoja e inspire lo mejor del pensamiento y de la diversidad cultural de las mexicanas y los mexicanos.

¿A qué nos obliga la Cartilla Moral?

  1. Hacer realidad el progreso con justicia y promover una manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza, a la patria y a la humanidad; porque la decadencia que hemos padecido por muchos años se produjo tanto por la corrupción del régimen y la falta de oportunidades de empleo y de satisfactores básicos, como por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales.
  2. Originalmente ha servido como una especie de ensayo para la formación de los estudiantes mexicanos, donde Alfonso Reyes resalta el sentido de la vida y qué puede hacer el hombre para ser mejor en la sociedad.
  3. Contiene ilustraciones de personajes históricos como Sor Juana Inés de la Cruz, José María Morelos y Pavón, Francisco I. Madero, entre otros.
  4. La cartilla incluye 14 puntos de reflexión sobre los valores morales, la familia, la sociedad, la naturaleza, la patria, la ley y el derecho, así como del respeto hacia nuestra persona.
  5. Editado por el gobierno federal en diciembre de 2018, la impresión se le encargó a la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos.

Pero, ¿y..?

Los profesantes de una religión cívica sin duda serían la gran masa de pobres que, por una parte, fueron heredados de las anteriores administraciones más los que a partir de su llegada han quedado marginados de cualquier esperanza de progreso y a niveles de subsistencia por la odiada “austeridad republicana”, misma que nadie se explica porque con todo y corrupción, antes permitiera a gran número de personas vivir con cierta dignidad.

Las carretadas de dinero entregadas a los “programas sociales” se encuentran etiquetadas para la subsistencia de una Cuarta Transformación que, aunque AMLO dice que jamás se reelegirá, todo parece indicar que “si el pueblo de México se lo pide no podrá rechazar el ofrecimiento” o bien tendría que quedar alguien de sus incondicionales.

Finalmente, la religión cívica de AMLO se está construyendo poco a poco para crear las condiciones de una Cuarta Transformación a perpetuidad, todo esto mientras el Movimiento de Regeneración Nacional exhibe su verdadera esencia.

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Fuentes de información:

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