Por CARLOS RAMOS PADILLA
Da miedo pensar y creer que en muy breve tiempo ya no seremos los mismos, aceleradamente iremos desapareciendo como la civilización que conocemos y la tecnología nos irá controlando, dominando.
Hoy las guerras ya no son entre humanos, es con drones, la economía va eliminando las monedas en curso y todo se resuelve inicialmente con tarjetas de crédito y computadoras. El ser humano ya no piensa, resuelve a través de la Inteligencia Artificial.
Uno de los más interesados en revolucionar al mundo es Elon Musk, un empresario que está cambiando la comunicación a través de móviles (celulares), que desea conquistar y poblar Marte; creó los cohetes recuperables, juega peligrosamente con robots, lleva la más alta tecnología a los automóviles, lanza motocicletas que vuelan… la promesa de este magnate radica en que en tres años seremos irreconocibles: en los próximos 36 meses todavía será posible obtener dinero mediante el «trabajo humano.» Después la mayoría de los trabajos que hasta ahora han sido compensados con un salario serán robotizados/automatizados. En pocas palabras, el empleo que genera dinero desaparecerá.
En Nueva York, por ejemplo, hay ya cientos de establecimientos que no aceptan dinero físico, sólo transacciones electrónicas y varias empresas imperantes mantienen en reserva la contratación de seres humanos, esperan la solución laboral mediante esquemas electrónicos que superan la velocidad de respuesta física del ser humano y racional del cerebro humano.
En Japón ya no hay empleados en los supermercados, todo es a base de código de barras y créditos bancarios. En Los Ángeles, California se multiplican los autos/uber sin choferes. Y que propone Musk: “Transforma tu propio tiempo en un activo que las máquinas no puedan quitarte». Pretende diseñar una sociedad de “propietarios activos” esto es: mantener nuestros activos como Bitcoin, poseer terrenos y energía, depender de ordenadores, mantener conexión con otras personas a través de la tecnología, pero sobre todo tener la capacidad de producir alimentos o cosas necesarias para vivir. Todo sin salario dentro de la dinámica cotidiana.
Entonces los valores se medirán no por la eficiencia humana sino por la rapidez de respuesta de las máquinas. Entre más veloz se reducen los costos. El hombre valdrá entonces por lo que pueda poseer sin recibir ni dar salarios.
Esta nueva tendencia parece mantendrá mayor control sobre cada individuo en materia fiscal, social, económica y política. Los datos personales (nombre, dirección, nacionalidad, propiedades, familias, historial académico, preferencias sexuales, edad… se resguardarán en archivos “en la nube” para dominio de las empresas de Inteligencia Artificial.
Nos convertirán en registro con número. Y todo esto, muy pronto.























