MÉXICO tiene entre sus pendientes la IDENTIFICACIÓN de CUERPOS acumulados en morgues

Cuando Néstor salió de casa el 27 de julio de 2019, nadie en su familia imaginó que aquel día comenzaría una espera de más de cinco años. Tenía trabajo ocasional en el campo y en la albañilería; buscaba ganarse la vida como podía. Vivía con su pareja en San José de Abajo, Veracruz, y tenía un hijo pequeño. Aquella mañana dijo que iría a cobrar un dinero pendiente en otro poblado. Como otras veces, caminaría de regreso. No volvió. Se presume que desapareció en el municipio de Cuitláhuac.

  • Su madre, Adelfa, comenzó a buscarlo casi de inmediato. Primero pensó que podía haber sido detenido. Preguntó en cárceles y recorrió municipios cercanos. Después, junto con familiares, lo buscaron en el monte. Al tercer día acudió a la Fiscalía. Ahí empezó otra espera.
  • Le dijeron que regresara a su casa y que, si había alguna novedad, le llamarían. Nadie le explicó desde el primer momento que debía proporcionar fotografías, ni que era necesario tomar muestras de ADN a sus familiares para facilitar una eventual identificación.

La información que necesitaba llegó por otra vía: el Colectivo Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba. Una mujer que ya participaba en el colectivo le preguntó si en la Fiscalía le habían solicitado muestras genéticas. Adelfa dijo que no. Fue entonces cuando supo que ella, su nieto, la pareja de Néstor y otros familiares podían aportar material para realizar una comparación genética.

Las muestras se tomaron. También entregó fotografías. El dato sería decisivo años después.

Porque mientras la familia buscaba a Néstor, en algún punto del territorio ya había un cuerpo sin identificar que podía corresponder a él.

Según el relato de Adelfa, el joven de 22 años fue localizado apenas tres días después de la desaparición, en una zona cercana a Cuitláhuac. La familia, sin embargo, no recibió una notificación que condujera hasta él. El cuerpo permaneció sin nombre mientras la investigación de la desaparición de Néstor seguía abierta.

Adelfa escuchó durante años referencias sobre un joven asesinado con arma de fuego y encontrado en esa zona. Cada vez que acudía a las reuniones convocadas por el colectivo, mencionaba el caso. Decía que aquel cuerpo podía ser el de su hijo.

  • Buscó a su hijo desaparecido durante 5 años. El hallazgo de un cuerpo, sea en una fosa clandestina o en abandonado en un campo o al lado de la carretera, no termina con el levantamiento de los restos. El verdadero desafío comienza después: en los laboratorios, los archivos y las mesas periciales donde cada fragmento humano recuperado emprende un largo camino para recuperar un nombre, una historia y una respuesta para quienes esperan.

En México, más de 72 mil cuerpos permanecen sin identificar, atrapados entre el rezago forense, la saturación de los servicios periciales y las fallas en el intercambio de información institucional. Cada caso representa una ausencia prolongada y una deuda pendiente con las familias que buscan a sus seres queridos.

Cinco años después de la desaparición de Néstor, Adelfa seguía sin saber dónde estaba. En ese tiempo hubo cambios de fiscales y, finalmente, conoció al funcionario que llevaría su expediente. Le contó nuevamente sus sospechas y pidió que se verificara aquel cuerpo.

La respuesta inicial había sido que no podía tratarse de Néstor porque, según le dijeron, el hombre encontrado aparentaba tener alrededor de 50 años. Pero nadie había despejado la duda con una prueba de ADN.

El giro ocurrió a través de una muestra fotográfica organizada en Xalapa. Adelfa no pudo acudir porque estaba hospitalizada por salmonelosis. Su hija fue en su lugar. Frente a una pantalla grande, reconoció a su hermano.

No fue una intuición vaga. Reconoció la ropa, la apariencia y las características con las que había salido de casa aquel 27 de julio.

  • Fue encontrado al tercer día: La identificación visual volvió a poner el caso en movimiento, pero todavía faltaba la confirmación científica. La familia ya había entregado sus muestras genéticas desde los primeros momentos de la búsqueda. Aun así, tuvieron que pasar años antes de que esa información condujera a una identificación definitiva.

Finalmente, las autoridades confirmaron que el cuerpo correspondía a Néstor. El 4 de diciembre de 2024, más de cinco años después de su desaparición, Adelfa recibió sus restos.

Su historia muestra que identificar restos humanos no depende únicamente de contar con tecnología o de disponer de muestras genéticas. También requiere que los datos se crucen, que los expedientes se comuniquen entre sí, que las familias conozcan los procedimientos y que las autoridades den seguimiento a las pistas que ellas mismas aportan.

Su temor apunta al otro lado de las cifras de personas desaparecidas: los cuerpos que esperan ser identificados y permanecen separados de una familia que los busca. Mientras un expediente avanza lentamente, mientras una muestra permanece sin cotejar o mientras una fotografía no llega a quien podría reconocerla, la desaparición continúa.

La falta de personal especializado, laboratorios rebasados, expedientes incompletos y bases de datos que aún necesitan mayor conexión entre instituciones mantienen miles de procesos detenidos. Ante este escenario, el uso de nuevas tecnologías genéticas y la cooperación nacional e internacional se han convertido en herramientas clave para enfrentar el rezago.

Colectivos de búsqueda hacen trabajo de las autoridades

Tras la desaparición de Néstor su madre, Adelfa, comenzó una búsqueda que se prolongaría durante más de seis años. En los primeros días acudió a la Fiscalía, recorrió cárceles y municipios cercanos; sin embargo, fue el Colectivo Familias Desaparecidos Orizaba-Córdoba el que le proporcionó información que resultaría fundamental para encontrar a su hijo.

  • En la Fiscalía, recuerda Adelfa, nadie le explicó con claridad qué debía hacer para facilitar una eventual identificación. No le solicitaron fotografías ni muestras de ADN de sus familiares. La orientación llegó después, cuando una integrante del colectivo le dijo que debía exigir que les tomaran muestras de ADN para que se cotejara con cuerpos que hayan sido encontrados posterior a la desaparición de su hijo.

Ese acompañamiento se convirtió en una herramienta de búsqueda que la familia no había encontrado inicialmente en las instituciones. Mientras el expediente de Néstor permanecía abierto, el colectivo permitió a Adelfa conocer procedimientos, compartir información y mantener vigente una sospecha que las autoridades tardaron años en comprobar.

La historia de Néstor muestra el papel que desempeñan los colectivos frente al rezago institucional: no solo acompañan a las familias emocionalmente, sino que les proporcionan información sobre trámites, búsqueda, identificación forense y herramientas que pueden resultar determinantes.

Madres de desaparecidos buscan por años sin resultados

Para Adelfa, esa experiencia dejó una preocupación que permanece: que otras familias estén atravesando una situación similar sin saber que el cuerpo de su ser querido podría estar ya localizado.

“Alguna compañera de nosotros puede estar viviendo lo mismo”, advierte.
Así, el colectivo no solo acompañó una búsqueda. También ayudó a mantener abierta una posibilidad que durante años permaneció sin respuesta: que el cuerpo que esperaba un nombre fuera, en realidad, el de Néstor.

Cuando finalmente llegaron los restos de Néstor, su hijo quiso verlo. Quería, al menos, contemplar su rostro. Pero habían pasado más de cinco años desde la desaparición.

“¿Cómo iba a ver mi niño a su papá?”, recuerda Adelfa. Ella, como adulta, pudo entender que ya no era posible. Para un niño, la explicación era mucho más difícil.

Hoy, siete años después de aquel 27 de julio, Adelfa continúa vinculada a la búsqueda de otras personas desaparecidas. No puede acudir todos los días: ahora cuida al hijo que Néstor dejó y cuya madre trabaja. Pero sigue participando cuando puede.

Y lleva consigo una preocupación que nació de su propia experiencia: que otras familias estén viviendo exactamente lo mismo sin saberlo.

Adelfa no pide un procedimiento extraordinario. Pide que, cuando una familia señale que un cuerpo podría corresponder a su ser querido, se investigue con la misma urgencia con la que esa familia lleva años buscando.

Para ella, identificar un cuerpo no significa solamente completar un expediente. Significa devolverle un nombre a quien lo perdió, cerrar una espera y permitir que una familia deje de preguntarse dónde está uno de los suyos.

¿Qué es el derecho a la identidad?

El derecho a la identidad, reconocido como un elemento esencial para garantizar otros derechos humanos, se vuelve una pieza central en esta crisis forense. Sin una identificación plena, las familias enfrentan barreras legales, administrativas y emocionales que extienden las consecuencias de la desaparición.

  • La recuperación de cuerpos es apenas el primer paso. Después comienza un trabajo interdisciplinario que involucra a peritos forenses, antropólogos, genetistas, ministerios públicos y fiscalías especializadas. Los restos deben ser procesados bajo estrictos protocolos para preservar evidencia, obtener perfiles genéticos, reconstruir características biológicas y confrontar la información con bases de datos de personas desaparecidas y de familiares que han aportado muestras de ADN.
  • La muerte no extingue la dignidad ni los derechos que protegen a las personas. Así lo expone un análisis publicado por la Revista Gaceta de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), en el que especialistas en derecho destacan que el respeto al cuerpo, la identidad, la memoria y la voluntad de quienes fallecen constituye una obligación ética y jurídica.

Agrega que restituir la identidad significa devolver dignidad a quienes fueron desaparecidos y brindar certeza jurídica y emocional a sus familias. La identificación permite acceder a derechos fundamentales, entre ellos la expedición de documentos oficiales, la investigación de los hechos y, en su caso, la reparación del daño.

Identificación es responsabilidad del Estado

En un foro reciente realizado en Veracruz, Maximilian Murck, coordinador del Programa de Identificación Humana del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), señaló que una parte importante de las personas desaparecidas podría encontrarse ya sin vida, por lo que la responsabilidad del Estado mexicano es avanzar en su identificación y restitución de identidad.

  • El especialista ha señalado que, mediante la cooperación internacional, se han impulsado acciones para fortalecer las capacidades de fiscalías y colectivos de búsqueda en el análisis de restos humanos.
  • Murck también ha advertido que uno de los principales obstáculos es el flujo de información entre entidades. La ausencia de una base nacional plenamente conectada de datos genéticos limita los cruces de información y retrasa posibles identificaciones. Para el experto, conectar los registros de las 32 entidades federativas permitiría obtener mejores resultados en la localización de personas fallecidas no identificadas.

Según la Secretaría de Gobernación, el derecho a la identidad es fundamental, pero se ve obstaculizado por la burocracia y la falta de coordinación entre las distintas instancias gubernamentales. Este derecho no solo es una cuestión legal, sino una necesidad emocional para las familias que buscan cerrar un ciclo de dolor.

Además, la identificación de cuerpos no es solo un asunto técnico; es un acto de dignidad. Cada cuerpo representa una vida perdida, una historia truncada./Agencia-PUNTOporPUNTO

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