La actividad económica de México se mantiene débil a casi dos años del inicio de la actual administración, con perspectivas de crecimiento limitadas ante la incertidumbre, una menor inversión pública y mayores presiones sobre las finanzas públicas, advirtió el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp).
- De acuerdo con el análisis del organismo, la debilidad económica responde tanto a factores externos, como la política comercial de Estados Unidos, y a elementos internos, entre los que destacan la incertidumbre generada por la reforma judicial, la prevalencia de altos niveles de violencia e inseguridad y las dudas sobre la suficiencia de infraestructura energética e hídrica para el futuro.
Ante este panorama, las estimaciones del sector privado y de diversos organismos se mantienen cautelosas y alejadas de la meta oficial de crecimiento del 2.3 por ciento anual.
Caída en inversión y presiones de deuda
El Ceesp señaló que, a pesar de ser clave para detonar la productividad, la inversión física del sector público sufrió una caída anual del 7.9 por ciento en términos reales durante el periodo enero-junio de este año, ubicándose lejos de la meta del 10 por ciento proyectada para todo 2026.
- A la par, el crecimiento de los ingresos públicos se mantiene moderado; con un avance de apenas 0.1 por ciento real en la primera mitad del año, lo que ha resultado insuficiente para cubrir los compromisos y programas prioritarios del gobierno sin recurrir a mayor endeudamiento.
- Al cierre de junio, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (Shrfsp) alcanzó los 19.0 billones de pesos. Esto obligó a destinar 693 mil millones de pesos al pago del costo financiero, cifra que representó el 14.3 por ciento del gasto total en el primer semestre.
Para el cierre de 2026, las estimaciones sugieren que la deuda superará los 20 billones de pesos y el costo financiero ascenderá a 1.5 billones de pesos (4.1 por ciento del Producto Interno Bruto – PIB), monto casi 60 por ciento mayor a lo previsto para la inversión física. Como referencia, al cierre de 2018 el pago de intereses equivalía al 2.5 por ciento del PIB.
Recaudación por efecto temporal y margen de maniobra acotado
Respecto al desempeño de la recaudación, el análisis destaca que el repunte del 10.6 por ciento en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) durante el primer semestre obedeció principalmente a un repunte puntual de junio (53.6 por ciento anual), impulsado por el consumo asociado al inicio del Mundial de Futbol, por lo que se prevé que dicho dinamismo pierda fuerza en la segunda mitad del año.
- En otros datos, el gasto público creció 2.1 por ciento en el semestre, impulsado por un alza del 9.7 por ciento en desarrollo social y programas prioritarios.
El Ceesp advirtió que el margen de maniobra para el presupuesto del próximo año será sumamente estrecho. La suma de los programas prioritarios proyectados para 2026 (2.6 billones de pesos, equivalentes al 30 por ciento de los ingresos) junto con los gastos irreductibles; como nómina, pensiones y costo de la deuda, comprometen el 89 por ciento de los ingresos totales del sector público, lo que condiciona la viabilidad de la consolidación fiscal y la estabilidad macroeconómica futura.
Un PIB estancado: por qué México no crece
La promesa era que México aprovecharía su cercanía con Estados Unidos y la reorganización del comercio global para dar el salto económico que se le había escapado durante décadas. Pero, en lugar de acelerar, el país está perdiendo algo más que velocidad: capacidad de crecimiento. La economía mexicana se mueve entre pronósticos recortados, inversión débil y productividad estancada. Y mientras el mundo estrena nuevos motores de expansión, México sigue empeñado en crecer a “fuerza bruta”.
El gobierno federal mantiene entre sus objetivos colocar a México entre las 10 mayores economías del mundo. Pero los datos recientes apuntan en otra dirección. Aunque la Secretaría de Hacienda mantuvo en abril una previsión de crecimiento del 1.8 al 2.8% para 2026, el FMI estimó 1.6%, el Banco Mundial, el 1.3%, la OCDE, el 0.8%, y el Banco de México recortó su pronóstico puntual a 1.1%, con un intervalo del 0.5 al 1.7%. Todos por debajo del límite inferior de la dependencia. Y no solo eso, todos por debajo del crecimiento al que México se había acostumbrado en las primeras dos décadas del siglo XXI.
Además, el último dato real disponible del PIB fue todavía más débil, con una caída trimestral del 0.6% en el primer trimestre de 2026 y un avance anual marginal del 0.4%. Esta combinación sugiere que el centro de gravedad de las proyecciones se desplazó hacia un rango entre el 1 y el 1.3%, no hacia el punto medio del escenario de Hacienda.
La discusión entre los economistas no es si México crece poco, en eso hay consenso. La diferencia está en si la desaceleración actual es un episodio cíclico, provocado, principalmente, por la incertidumbre alrededor del T-MEC, o si la economía ya entró en una etapa de menor crecimiento potencial.
En los últimos seis años, México ha crecido a un ritmo cercano al 1% anual, por debajo del promedio del 1.9% observado entre 2000 y 2018, una tasa que varios analistas toman como referencia del crecimiento de largo plazo del país. Y si se cumplen las previsiones más bajas para 2026 y 2027, México acumularía cuatro años consecutivos creciendo por debajo del 2%, considerado por parte del mercado como su PIB potencial.
- Paulina Anciola, subdirectora de Estudios Económicos de Banamex, señala que México lleva ya tres años creciendo por debajo del promedio histórico, y advierte que el problema de fondo es que el crecimiento reciente se ha sostenido más en el consumo que en la inversión o en la productividad. “No puedes regresar a crecimientos potenciales más altos si no estás invirtiendo en el país”, dice.
- De hecho, la inversión total en México representa el 22.9% del PIB, todavía lejos de romper de forma sostenida la barrera del 25%, un nivel que el país no supera de manera persistente desde 1981. Además, la inversión fija bruta acumulaba hasta marzo 19 meses en contracción anual, con debilidad en maquinaria, equipo y construcción, los componentes que más inciden en la ampliación de la capacidad productiva y el crecimiento de largo plazo. Abril, sin embargo, marcó un cambio de ritmo.
Gabriela Soni, líder de Estrategia de Inversión para UBS en México, considera que esa es la señal más preocupante. “El principal desafío que estamos viendo en México no es un tema de estabilidad macroeconómica, sino que esta baja inversión termina condicionando el crecimiento”.
La especialista distingue entre el buen desempeño de la inversión extranjera directa (IED) y la debilidad de la inversión productiva dentro del país. La IED se mantiene en niveles elevados, pero ha perdido fuerza frente a sus máximos recientes, de hecho, con cifras revisadas de Banxico, pasó de 27,216 millones de dólares en el primer trimestre de 2024 a 24,413 mdd en igual periodo de 2025 y a 23,591 mdd en 2026, este último, como dato preliminar. Bajo esa serie, el dato de este año implica una caída anual del 3.4% y, si no es revisado al alza en los próximos reportes, sería el menor flujo para un inicio de año desde 2022. Además, sigue concentrado en reinversión de utilidades, mientras que las nuevas inversiones son limitadas.
“La inversión fija bruta es la que más nos interesa, la realmente importante, porque incorpora compra de maquinaria, equipo y construcción”, agrega Soni. “Esa es la que tiene una relación más directa con el PIB y la que tenemos que ver que recupere su dinamismo”.
- La debilidad de la inversión se combina con otro problema de largo plazo: la baja productividad. Según la medición de Productividad Total de los Factores –que estima si la economía avanza por usar mejor el capital, el trabajo, la energía, los materiales y los servicios–, México registró entre 1991 y 2024 una contribución negativa promedio del 0.51% anual, de acuerdo con cálculos de Gerardo Leyva, exdirector del Área de Investigación del INEGI.
- El dato implica que el país ha crecido principalmente por acumulación de factores, como más trabajadores, más capital o más insumos, pero no por una mejora sostenida en la eficiencia con la que combina sus recursos productivos. En 2024, la Productividad Total de los Factores retrocedió 0.35%. Al realizar un corte entre 2018 y 2024, su contribución promedio fue prácticamente nula, de apenas el 0.01% anual. Estos datos denotan un fenómeno de crecimiento por “fuerza bruta”, a raíz de la falta de innovación en los procesos y un uso más eficiente de los recursos.
Para Anciola, esa es la mayor preocupación. “La productividad es, si no el principal, por lo menos sí de los principales problemas que tiene México, porque de aquí parte todo”, afirma. “No acompañada de inversión pública y privada es uno de los principales focos rojos que tendría que atender México para regresar a una senda de crecimiento más alta y sostenible”.
La economista advierte que México corre el riesgo de entrar en un círculo de baja inversión, baja productividad y menor capacidad de crecimiento. Los aumentos salariales pueden mejorar el ingreso de los hogares, pero si no están respaldados por mejoras productivas, elevan los costos de operación y reducen el margen para crecer sin presiones inflacionarias.
Alejandro Saldaña, economista en jefe de Grupo Financiero Ve por Más, coincide en que varios años de baja inversión ya parecen reducir el techo de expansión. A su juicio, el problema se refleja en rezagos de infraestructura energética y logística que limitan la producción industrial y el comercio. Añade que las inversiones que ayuden a subsanar esos cuellos de botella podrían redirigir al país hacia una senda de mayor crecimiento, pero también se requiere fortalecer el Estado de derecho, la seguridad pública, la educación y la salud para contar con una fuerza laboral más robusta.
Durante la presentación de un reporte de previsiones económicas en abril, expertos de Banco Base describieron este entorno como una “trampa de estancamiento”, marcada por menor inversión, caída de la productividad, mayor informalidad y debilitamiento institucional. El banco señala que, bajo este contexto, el crecimiento potencial de México se habría reducido a alrededor del 1.4%, lo que limita la capacidad de expansión sin generar más inflación y eleva el riesgo de estanflación, un estado de bajo crecimiento acompañado de inflación persistente.
- La inversión pública tampoco compensa la debilidad privada. El gasto público en inversión física se desplomó 44.9% real en el primer bimestre de 2026, de acuerdo con el INEGI, y la consolidación fiscal limita el espacio del gobierno para impulsar infraestructura, mientras la inversión privada espera señales más claras sobre el entorno comercial e institucional.
- El poco dinamismo de una economía tiene sus repercusiones al recaudar impuestos. Tan solo en el primer trimestre del año, marcado por una contracción trimestral, la llegada de ingresos tributarios disminuyó 0.6% a tasa anual, y estuvo 1.6% por debajo de lo proyectado en la Ley de Ingresos de la Federación.
De acuerdo con Hacienda, un punto porcentual adicional de crecimiento en 2027 elevaría la recaudación en 65,700 millones de pesos. Pero el efecto también opera en sentido contrario, si la economía crece menos de lo previsto por la dependencia, los ingresos públicos podrían resentir una pérdida similar.
“No crecer económicamente se vuelve un círculo vicioso porque tus ingresos por impuestos se estancan, lo que a su vez presiona al gasto, y terminas gastando menos en proyectos de inversión, los cuales son los que impulsan mayormente a la economía y representan beneficios para la población”, explica Christopher Cernichiaro, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco./Agencias-PUNTOporPUNTO























