Editorial PUNTOporPUNTO
Lo aprobado recientemente por el Congreso de la Unión en materia electoral no es una reforma de Estado. Es una imposición del Poder.
- Procesada en fast track, sin deliberación suficiente, sin consenso nacional y sin un diagnóstico serio que justifique los cambios introducidos, la nueva legislación electoral nace bajo el signo de la improvisación, la soberbia política y el desprecio por las reglas que han permitido la estabilidad democrática del país durante las últimas décadas.
El oficialismo (SHEINBAUM con López OBRADOR y MORENA), con aliados (PVEM y PT) han vendido estas modificaciones como un avance institucional.
¿Dónde quedó la “Visión de Estado”?
La realidad es exactamente la contraria: se trata de un conjunto de disposiciones apresuradas, incompletas y contradictorias que trasladan a las autoridades electorales la responsabilidad de resolver los vacíos, errores y ambigüedades que el Poder Legislativo fue incapaz —o no quiso— corregir por comodidad, incapacidad o estupidez supina.
La pregunta es inevitable: ¿cómo puede pretenderse fortalecer la democracia mediante leyes que generan más incertidumbre que certezas?
El destino ya nos alcanzó y el futuro es peor
México enfrenta amenazas reales y crecientes contra la integridad de sus procesos electorales. La infiltración del crimen organizado, la violencia política, la captura territorial de regiones enteras por grupos criminales y la posibilidad de intervenciones externas constituyen desafíos que exigen inteligencia institucional, visión de Estado y consensos amplios.
Nada de eso ocurrió antes, opinan jurisconsultos!!
En lugar de construir soluciones duraderas, MORENA, PVEM y el PT optaron por imponer una mayoría legislativa que privilegió la narrativa política sobre la técnica jurídica…
- Obediencia partidista sobre la responsabilidad constitucional
- La prisa sobre la prudencia, no sea que los borraran de la nómina
- El resultado es una legislación plagada de “levanta dedos”
Sin mecanismos claros para su implementación
No existen certezas operativas para las autoridades encargadas de aplicarla, en este caso el Instituto Nacional Electoral (INE) ni tampoco para los Tribunales Electorales (TEPJF).
- Por ello, existen sobradas pruebas de que los conflictos derivados de sus omisiones terminarán inundando los tribunales meta constitucionales como la Corte Internacional y la ONU.
- Tampoco es claro que no existe tiempo suficiente para corregir sus deficiencias antes de que inicien los próximos procesos electorales, lo cierto que que aplicarán la Ley de Herodes.
¿Ahora quién podrá defendernos, rezan los responsables?
Lo más grave es que quienes impulsaron este bodrio de reformas al vapor parecen asumir que las instituciones electorales podrán improvisar soluciones sobre la marcha. Es una apuesta irresponsable que será peor que la propia enfermedad.
- Escuchen bien señoras y señores legisladores: La democracia no se sostiene sobre ocurrencias legislativas ni sobre mayorías circunstanciales. Se sostiene sobre reglas claras, instituciones sólidas y confianza ciudadana.
Cuando el poder modifica las reglas del juego sin construir acuerdos y sin prever las consecuencias de sus actos, deja de actuar como garante de la democracia para convertirse en factor de incertidumbre.
Aténganse a las consecuencias y el escarnio de la historia
Los legisladores que votaron estas reformas electorales deberán asumir la responsabilidad histórica de sus consecuencias.
Si el nuevo marco normativo genera conflictos, litigios masivos, crisis de implementación o cuestionamientos sobre la legalidad de futuras elecciones, nadie podrá alegar sorpresa.
Las advertencias ya fueron formuladas
Lo que hoy la Presidenta Imperial y sus vasallos presentan como una victoria política podría convertirse mañana en una profunda derrota institucional para la democracia mexicana.
- Las instituciones electorales no necesitan más improvisación.
- México no necesita más experimentos políticos.
- Basta de legisladoras y legisladores fast track.
La democracia mexicana merece mucho más que reformas construidas al vapor para satisfacer los intereses inmediatos del poder.
La sociedad mexicana merece y demanda mucho más que reformas construidas al calor de la histeria del poder unipersonal que solo satisfacen los intereses inmediatos del poder no así de las mayorías.
Escuchen bien inútiles…. Cuando la ley se redacta con prisa, se aprueba sin reflexión y se impone sin consenso, el resultado no es una reforma: es una temeridad que derivará en un cambio violento, ya sea por armas o fuego.
Agarrense, el México Bronco ya despertó!!!




















