Informalidad y el Envejecimiento ponen BAJO PRESIÓN a los PENSIONADOS en LatinoAMÉRICA

La informalidad laboral continúa afectando a alrededor del 55% de los trabajadores de América Latina y el Caribe, un porcentaje que apenas ha variado durante casi dos décadas pese a las numerosas reformas destinadas a facilitar la formalización.

América Latina está entrando en una etapa en la que vivir más años no necesariamente significa llegar a la vejez con una mejor pensión. Un estudio de la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP) analiza ocho países de la región y advierte que, después de los 50 años, muchas personas permanecen activas laboralmente, pero cada vez menos lo hacen desde empleos formales que generan cotizaciones.

  • El problema importa porque la longevidad avanza más rápido que la capacidad de los sistemas previsionales para transformar esos años adicionales de trabajo en ahorro y derechos pensionarios.

La investigación, elaborada por Álvaro Altamirano y Manuel García-Huitrón, concluye que la transición dominante entre los 50 y 75 años no es del empleo hacia la inactividad, sino del empleo formal hacia la informalidad.

  • En ese grupo, la participación laboral disminuye entre 5 y 15 puntos porcentuales, mientras que la formalidad cae entre 15 y 30 puntos. Muchas personas siguen trabajando, pero sin sumar recursos suficientes para mejorar su pensión.

Pensiones bajo presión

El fenómeno obliga a cambiar la manera de analizar las pensiones en América Latina. No basta con observar la edad de retiro o cuántas personas continúan ocupadas. FIAP propone poner el foco en la densidad de cotizaciones, es decir, en la proporción de la vida laboral durante la cual una persona aporta efectivamente al sistema previsional.

  • El desafío es relevante entre los trabajadores de 50 a 65 años. Este segmento aporta alrededor de una cuarta parte del ingreso laboral regional, pero registra una formalidad promedio de 44.3%.

Además, la educación marca una diferencia profunda: la formalidad entre personas con menor escolaridad es de 15%, mientras que entre quienes tienen educación alta llega a 62.2 por ciento.

  • La brecha también tiene un componente de género. Las mujeres enfrentan trayectorias laborales más interrumpidas, mayores responsabilidades de cuidado y menores posibilidades de reincorporarse al empleo formal en edades avanzadas.

La informalidad tardía refleja barreras de contratación, capacitación insuficiente, reglas previsionales rígidas y responsabilidades familiares.

Trabajar más no basta

  • Guillermo Zamarripa, presidente de Amafore, advierte que trabajar durante más años no significa necesariamente cotizar durante más tiempo. La continuidad de las aportaciones, señala, resulta clave porque permite seguir acumulando semanas y recursos para financiar una etapa de retiro cada vez más prolongada.

El diagnóstico importa porque América Latina envejece antes de haber consolidado mercados laborales suficientemente formales. Si los años adicionales de vida se traducen en trabajo informal, los sistemas de pensiones enfrentan un doble desafío:

  • Menores aportaciones y una población que deberá financiar retiros más largos. El estudio resume esta paradoja señalando que los años adicionales de vida están acumulándose como trabajo, pero no necesariamente como cotización.

Para los sistemas de capitalización individual, una baja densidad de cotizaciones se traduce en saldos menores y pensiones insuficientes.

  • En esquemas con componentes de reparto o protección pública, la menor continuidad contributiva puede aumentar la presión fiscal. En ambos casos, prolongar la vida laboral mejora el resultado previsional cuando ese empleo permanece dentro de la formalidad.

Reformas para la región

La Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones plantea cinco líneas de política pública:

  1. La primera es hacer más atractiva la formalidad para los trabajadores mayores, eliminando desincentivos para continuar cotizando.
  2. La segunda propone fortalecer la contratación de personas de más de 50 años mediante capacitación, reconversión laboral e incentivos empresariales.
  3. La tercera busca proteger trayectorias laborales sostenibles y coordinar empleo, invalidez y protección social.
  4. La cuarta plantea flexibilizar la transición entre trabajo y jubilación, con esquemas de retiro gradual y compatibilidad entre pensión y empleo formal.
  5. La quinta recomienda que cada país priorice sus reformas según sus propias barreras institucionales, porque no existe una solución única.

El mensaje de fondo es que la discusión sobre pensiones en América Latina ya no puede limitarse a la edad de jubilación. La variable crítica es cuánto tiempo cotiza efectivamente una persona durante su vida laboral.

Los países de AL que más envejecen y los desafíos para sus economías

América Latina enfrenta el desafío de convertir el envejecimiento de su población en una oportunidad económica, para lo cual deberá reforzar los sistemas de cuidados, la protección social, garantizar un envejecimiento saludable y una migración estratégica, dijo José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

  • “El envejecimiento poblacional acelerado implica una serie de desafíos para las políticas públicas relacionados con el aumento de la demanda de servicios de salud, cuidados —especialmente de largo plazo— y protección social y, por lo tanto, con el incremento del gasto público y privado asociado a estos sectores”, dijo SalazarXirinachs.

En su opinión, estos desafíos se agravan aún más en un contexto regional caracterizado por altos niveles de informalidad y desigualdades socioeconómicas y de género. El envejecimiento poblacional afecta al PIB per cápita de manera directa a través de dos vías.

  • La primera es la disminución de la proporción de población en edad de trabajar. Y la segunda es el aumento del peso demográfico de los trabajadores mayores, cuyas tasas de empleo típicamente son menores respecto a aquellas de trabajadores más jóvenes.

Entre las mayores economías, los países de la región con el mayor porcentaje de población de ambos sexos de 65 años y más son Cuba (17,6%), Uruguay (16,5%) y Chile (15,1%), según las estimaciones de las Naciones Unidas para 2026. A nivel regional, un 10,5% de la población total tiene 65 años y más.

  • Para Salazar-Xirinachs, estos niveles de envejecimiento poblacional son el resultado acumulado de las trayectorias demográficas de largo plazo, más allá de la situación contemporánea de la fecundidad y la mortalidad.
  • Chile y Cuba exhiben las edades medianas para ambos sexos más altas entre los países de América Latina. En Chile era de 36,4 años y en Cuba de 41,9 años en 2024, frente a un promedio regional de 31,3 años.

Esto va de la mano con elevadas proporciones de personas mayores de 65 años y una decreciente proporción de población de niñas, niños y adolescentes.

Los desafíos del envejecimiento demográfico son mixtos

  • Según la Cepal, en primera instancia, el envejecimiento poblacional en Chile y Cuba ha llevado al fin del bono demográfico, aquella ventana de oportunidad para el crecimiento económico que se abre cuando aumentan las personas en edad de trabajar, potencialmente generadoras de ingresos, respecto a las personas dependientes, como niños, niñas, adolescentes y personas mayores.
  • En segundo lugar, está el desafío de la disminución de la oferta laboral. En Chile se proyecta que la fuerza de trabajo continuará creciendo hasta 2041, pero en Cuba comenzó a decrecer ya en 2018.
  • En tercer lugar está el desafío de la productividad, ya que “se considera que entre más envejecida está la fuerza de trabajo mayor será la depreciación del conocimiento de los trabajadores, y por ende menor será la innovación y la productividad”, indicó Salazar-Xirinachs.
  • En cuarto lugar, aumenta la presión sobre el gasto social en pensiones, salud y cuidados.

De acuerdo con la Cepal, una mayor proporción de personas mayores implica desafíos para la sostenibilidad financiera de los sistemas de pensiones, ya que disminuyen los aportantes y crecen los receptores. También implica la transformación de la salud, que tiene que orientarse a una población envejecida.

Asimismo, requiere contar con políticas de cuidado de largo plazo para el acompañamiento intenso y específico por parte de personal especializado a personas que requieren ayuda para la realización de actividades básicas de la vida diaria.

Panorama al 2050

Tomando como indicador de envejecimiento el porcentaje de población de ambos sexos mayor de 65 años dentro del total de la población, en 2050 los países más envejecidos de América Latina serán Cuba (30,2%), Chile (26,7%) y Costa Rica (25,3%).

  • En el promedio regional, al 2050 el 18,9% de la población tendrá 65 años y más, de acuerdo a datos compartidos por Cepal.
  • A nivel regional entre 2025 y 2050 la población de personas de 65 años y más se duplicará al pasar de 68 millones a 138 millones.
  • Sin embargo, es importante notar también que el mayor crecimiento relativo de la población de personas mayores entre 2025 y 2050 ocurrirá en Honduras.

En ese país centroamericano la población de personas de 65 años y más en 2050 triplicará aquella de 2025.

  • Ese fenómeno también será evidente en Nicaragua (2,8 veces) y Guatemala (2,6 veces).

Para convertir el envejecimiento poblacional en una oportunidad desde la Cepal sugieren varias reformas:

  • Avanzar hacia una sociedad del cuidado, en particular cuidados de largo plazo para las personas mayores con dependencia funcional. La Cepal ha estimado que hacia 2035 la inversión en servicios de cuidados a nivel regional podría generar más de 31,3 millones de empleos, de los cuales 10,6 millones están vinculados a servicios de cuidado infantil temprano y 20,7 millones a cuidados de largo plazo.
  • Políticas de protección social universal que ofrezcan seguridad económica para las personas mayores y eviten la pobreza en la vejez. El rápido envejecimiento aumenta la carga sobre los sistemas de pensiones, tanto contributivas como no contributivas. Para prevenir la pobreza en la vejez se requiere combinar sistemas de pensiones contributivas y no contributivas.

Políticas de envejecimiento saludable para alcanzar una vejez con autonomía y calidad de vida.

  • Promover una migración con sentido estratégico. Las personas migrantes pueden ayudar a moderar los efectos del envejecimiento de la población en el envejecimiento de la fuerza de trabajo y la productividad.

En países en transición demográfica avanzada —la inmigración aporta principalmente población joven, lo que puede moderar el ritmo de envejecimiento.

  • “La presencia de mujeres migrantes en edad reproductiva eleva el número de nacimientos en países con fecundidad baja o ultrabaja, mitigando temporalmente la caída poblacional”, señala.

El 55% de los trabajadores de América Latina sigue en la informalidad

La informalidad laboral continúa afectando a alrededor del 55% de los trabajadores de América Latina y el Caribe, un porcentaje que apenas ha variado durante casi dos décadas pese a las numerosas reformas destinadas a facilitar la formalización.

  • Ante esta persistencia, el Banco Mundial plantea revisar el enfoque tradicional y abordar el problema desde las habilidades, el crecimiento de las empresas y una protección social mejor adaptada a las distintas realidades laborales.
  • Así lo recoge el informe ‘Racionalizar la informalidad: Protección social, calidad del empleo y crecimiento‘, elaborado por William F. Maloney, Guillermo Beylis, Nathalie González-Prieto y Andrés Zambrano.
  • El estudio analiza por qué tantos trabajadores permanecen fuera del empleo formal y advierte de que tratar la informalidad como un fenómeno homogéneo conduce a políticas poco eficaces.

La publicación distingue entre trabajadores por cuenta propia, asalariados informales y empleados formales, perfiles que presentan diferencias relevantes en edad, educación, ingresos, trayectoria profesional y expectativas.

  • Una parte de los trabajadores se encuentra en la informalidad porque tiene dificultades para acceder a mejores empleos, mientras que otros valoran características como la flexibilidad, la autonomía o la posibilidad de gestionar su propio tiempo.

La informalidad tiene rostros muy diferentes

El trabajo por cuenta propia y las microempresas ocupan un lugar central en el mercado informal latinoamericano. Según el Banco Mundial, el 83% de los trabajadores informales dirige o trabaja en negocios con cinco empleados o menos.

  • La investigación apunta además a que entre el 60% y el 70% de los microemprendedores entra en el trabajo por cuenta propia por razones vinculadas a la oportunidad, como la posibilidad de obtener mayores ingresos, disponer de mayor flexibilidad o trabajar de manera independiente.
  • Esta realidad cuestiona una lectura de la informalidad basada exclusivamente en la falta de alternativas. Los autores subrayan, sin embargo, que las circunstancias son muy distintas entre el autoempleo y el trabajo asalariado informal.
  • Este último se concentra especialmente entre los trabajadores más jóvenes y presenta una permanencia media inferior. Para muchos puede funcionar como una etapa de transición hacia otros empleos, mientras que el trabajo por cuenta propia suele mantenerse durante periodos más prolongados.

“Comprender las preferencias de los trabajadores es un aporte valioso para diseñar una combinación de políticas que permita la creación de empleos de calidad y altamente productivos”, señala William F. Maloney, Economista en Jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

La brecha de habilidades limita las oportunidades

La educación aparece como uno de los factores que mejor explican las diferencias entre los distintos segmentos del mercado laboral. Más de la mitad de los asalariados informales y trabajadores por cuenta propia informales cuenta únicamente con educación primaria, frente a alrededor de una cuarta parte de los asalariados y emprendedores formales.

  • El problema afecta también a las empresas. El 30% de las compañías de América Latina y el Caribe afirma que no puede expandirse por falta de trabajadores cualificados, según los datos recopilados por el informe.

Para el Banco Mundial, elevar el nivel de habilidades permitiría actuar sobre ambos lados del mercado laboral. Una mejor educación pública y una formación técnica más conectada con las necesidades de las empresas pueden facilitar que los trabajadores accedan a puestos más productivos. A su vez, la capacitación empresarial puede ayudar a que emprendedores con potencial desarrollen compañías capaces de crecer y contratar.

  • El estudio presta especial atención a estas empresas con capacidad de transformación. La creación sostenida de empleo formal requiere, según sus autores, un sector privado que pueda invertir, innovar, aumentar su productividad y ampliar su escala.

Más que formalizar pequeños negocios

  • Otra de las conclusiones del informe es que facilitar el registro administrativo de las microempresas, por sí solo, tiene un impacto limitado cuando estos negocios carecen de capacidad o intención de crecer.

Buena parte de las microempresas informales funciona como una fuente estable de autoempleo o como pequeños negocios familiares orientados al mercado local. Por ello, el Banco Mundial recomienda diferenciar estas actividades de los emprendimientos con mayor potencial de expansión.

  • Las políticas dirigidas al crecimiento empresarial deberían concentrarse especialmente en firmas capaces de aumentar su productividad y crear empleo. El informe señala que los fondos de innovación, programas de desarrollo de proveedores y apoyos vinculados a la capacidad exportadora han registrado resultados positivos en productividad y contratación cuando se dirigen a empresas con verdadero potencial.

También plantea revisar aquellas normas que pueden desincentivar el crecimiento cuando una empresa supera determinados umbrales de tamaño y se enfrenta de manera abrupta a mayores impuestos, contribuciones u obligaciones.

A ello se suma la necesidad de mejorar el acceso al capital. Reducir las restricciones financieras de las empresas productivas puede permitirles invertir, crecer y contratar trabajadores con mejores salarios.

Una protección social centrada en las personas

El tercer gran ámbito de reforma afecta a la protección social. El Banco Mundial propone avanzar hacia sistemas que protejan a las personas con independencia de la modalidad contractual bajo la que trabajan.

  • La creciente diversidad de trayectorias profesionales hace que un trabajador pueda pasar durante su vida por el empleo formal, el trabajo informal, el autoempleo o diferentes combinaciones entre ellos.
  • Vincular determinados derechos únicamente a una relación laboral concreta puede generar lagunas de cobertura y, en algunos casos, incentivos que terminan favoreciendo la informalidad.
  • El informe plantea, entre otras posibilidades, avanzar hacia mecanismos más portables de protección y ahorro para la jubilación, capaces de acompañar a los trabajadores cuando cambian de actividad.

También analiza la relación entre la cobertura sanitaria y el empleo

En América Latina y el Caribe, el 45% de los trabajadores informales afirma contar ya con cobertura de salud, una situación que muestra cómo la frontera entre las prestaciones asociadas al trabajo formal y las disponibles fuera de él se ha ido haciendo menos nítida.

El objetivo, según la publicación, debe ser garantizar la protección frente a riesgos sociales sin introducir distorsiones que dificulten la contratación formal./PUNTOporPUNTO

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