El fuerte aumento de la demanda de electricidad impulsado por la inteligencia artificial, los centros de datos y la electrificación industrial coincide con la inestabilidad geopolítica, las crecientes limitaciones de las infraestructuras y las persistentes brechas en materia de energía y desarrollo. Todo ello está generando nuevas presiones sobre el sistema energético mundial, según el informe World Energy Trilemma 2026 del Consejo Mundial de la Energía (WEC).
- El informe, titulado Reequilibrar la energía mundial: disyuntivas y transformaciones, concluye que las recientes alteraciones de los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz, junto con el rápido crecimiento de la demanda asociado a las infraestructuras digitales, están acelerando un proceso más amplio de reequilibrio de la energía mundial.
El desafío ya no consiste únicamente en desplegar nuevas capacidades, sino también en integrarlas y garantizar su interoperabilidad, al tiempo que se abordan cuestiones como la seguridad energética, la asequibilidad, la descarbonización, la competitividad industrial y la agenda aún pendiente de garantizar el acceso a la energía y mejorar el desarrollo humano.
Reequilibrio
El informe denomina este proceso «reequilibrio» y lo define como la disciplina de liderazgo que consiste en reevaluar continuamente la seguridad energética, la equidad y la sostenibilidad medioambiental a medida que cambian las circunstancias.
En términos prácticos, implica incorporar nueva capacidad de generación y conectarla con las redes eléctricas, el almacenamiento, la demanda flexible, los mercados y las instituciones, al tiempo que se permite que distintas tecnologías y estrategias nacionales funcionen de manera coordinada.
La integración permite que los distintos componentes de un sistema energético funcionen como un todo, mientras que la interoperabilidad hace posible que diferentes sistemas y estrategias puedan trabajar conjuntamente.
- A partir del diálogo con más de 275 altos responsables del sector energético de 65 países, el informe concluye que las disyuntivas que se encuentran en el centro de las transiciones energéticas no han desaparecido, sino que se están trasladando a nuevas áreas del sistema. En todas las regiones, los líderes consultados señalaron las redes eléctricas, el almacenamiento y la integración del sistema como los principales obstáculos para avanzar.
Angela Wilkinson, secretaria general y directora ejecutiva del Consejo Mundial de la Energía, afirmó: “La energía mundial se está reequilibrando en tiempo real. Nuestro informe World Energy Trilemma muestra cómo el auge de la electrificación, las disrupciones geopolíticas y las persistentes brechas de desarrollo están generando decisiones cada vez más complejas en materia de redes, almacenamiento, mercados e instituciones. La integración y la interoperabilidad son ahora elementos fundamentales: conectar las distintas partes de cada sistema y permitir que diferentes sistemas y estrategias puedan trabajar conjuntamente. El liderazgo implica reequilibrar continuamente la seguridad, la asequibilidad y la sostenibilidad, sin perder de vista para qué sirve, en última instancia, la energía: mejorar la calidad de vida y fortalecer las economías”.
Cinco tensiones recurrentes
El informe identifica cinco tensiones recurrentes: invertir pensando en el futuro mientras se gestionan los costes actuales; rediseñar los mercados sin dejar de operar dentro de las condiciones existentes; reforzar la competitividad nacional preservando al mismo tiempo la interdependencia transfronteriza; mantener el ritmo de las transiciones al tiempo que se obtiene legitimidad social; y ajustar la ambición institucional a las capacidades disponibles.
Los ejemplos regionales muestran cómo estas presiones están adoptando formas diferentes:
- África: alrededor de 600 millones de personas siguen sin acceso a la electricidad, lo que demuestra que aumentar la capacidad de generación es solo una parte del desafío. El avance también depende de las redes de transporte eléctrico, la financiación y unos sistemas eficaces de ejecución y prestación de servicios.
- Arabia Saudí: los planes para alcanzar una cuota del 50 % de generación eléctrica renovable en 2030 están aumentando el interés por cómo pueden funcionar conjuntamente las energías renovables, el almacenamiento y la generación flexible mediante gas. El caso ilustra cómo el éxito de las transiciones depende cada vez más de combinar distintas tecnologías dentro de un sistema energético flexible e integrado.
- China: cerca de 50 proyectos de transmisión de electricidad en ultra alta tensión, con más de 420 GW de capacidad para el intercambio de energía entre regiones, muestran la magnitud de las infraestructuras necesarias y ponen de manifiesto que la integración del sistema se ha convertido en un elemento esencial para conectar los recursos renovables con los grandes centros industriales y de población.
- Brasil: un sistema eléctrico en el que las fuentes renovables representan alrededor del 90 % de la generación afronta un aumento de los recortes de producción (curtailment). El fenómeno ilustra cómo la siguiente fase de la transición dependerá de una mayor integración entre generación, almacenamiento, mercados y flexibilidad de la demanda.
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La transición energética mundial avanza a diferentes velocidades
La transición energética mundial está avanzando, pero no de manera uniforme. La fragmentación geopolítica, el crecimiento de la demanda y la búsqueda de seguridad energética están modificando las decisiones de gobiernos y empresas, al tiempo que distintas tecnologías y fuentes de energía avanzan a diferentes velocidades.
De acuerdo con Javier Mundo, Socio Líder de Energía y Recursos Naturales de KPMG México, los sistemas energéticos globales están evolucionando en un entorno cada vez más incierto, lo que dificulta hablar de una sola transición energética coordinada a escala mundial.
En su análisis, el especialista señala que la transformación del sector está determinada cada vez más por las condiciones particulares de cada región. Mientras algunos mercados aceleran la incorporación de tecnologías de bajas emisiones, otros priorizan el crecimiento económico, la accesibilidad de la energía y la seguridad del suministro.
La demanda mundial sigue creciendo
Uno de los factores que está modificando el ritmo de la transición es el aumento de la demanda energética. Durante 2025, la demanda mundial de energía creció 1.7%, mientras que todas las fuentes de energía registraron incrementos.
Este comportamiento muestra que la economía mundial continúa necesitando más energía, incluso mientras aumenta la inversión en tecnologías orientadas a reducir las emisiones.
Como resultado, diferentes fuentes y tecnologías están desarrollándose de manera simultánea. Esto también está generando diferencias entre regiones y provocando que las trayectorias de emisiones se alejen, en algunos casos, de las rutas necesarias para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.
Por ello, la evolución del sistema energético ya no puede explicarse únicamente a partir de las metas de descarbonización. La geopolítica, la seguridad energética y la necesidad de mantener un suministro suficiente también tienen un peso creciente en las decisiones de inversión.
El gas natural gana importancia estratégica
En este escenario, el gas natural y el gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) están adquiriendo mayor relevancia dentro de las estrategias energéticas de distintos países.
Su capacidad para complementar a las energías renovables, responder ante cambios en la demanda y diversificar las fuentes de suministro ha reforzado su posición como una herramienta para mantener la confiabilidad del sistema energético.
De acuerdo con Mundo, esta evolución apunta a que el gas natural conservará un papel importante en el sistema energético mundial durante las próximas décadas, más allá de su consideración tradicional como combustible de transición.
Esto implica que la transición energética no necesariamente significa una sustitución inmediata de unas fuentes por otras. En distintos mercados, las tecnologías renovables, el gas natural y otras fuentes de energía están creciendo de manera paralela para responder a necesidades diferentes.
América gana peso en el mercado petrolero
Otro cambio relevante se encuentra en la distribución geográfica de la oferta mundial de petróleo.
El crecimiento de la producción de shale oil en Estados Unidos y la consolidación de Brasil como productor relevante han contribuido a diversificar el suministro mundial. A esto se suma la incorporación de nueva capacidad productiva en Guyana.
La producción combinada de América del Norte, Centroamérica y América del Sur ya supera a la de Medio Oriente, de acuerdo con el análisis de KPMG.
Esta transformación reduce la concentración geográfica de la oferta y puede contribuir a una mayor resiliencia del mercado ante interrupciones de suministro en una región determinada. También modifica el equilibrio entre los principales productores y la capacidad de la OPEP para influir en el mercado petrolero.
Una transición con estrategias regionales
Para las empresas, el nuevo escenario implica revisar la manera en que se diseñan las estrategias energéticas. Una política energética que funciona en una región no necesariamente puede trasladarse directamente a otra, debido a diferencias en recursos disponibles, infraestructura, costos, regulación y necesidades de consumo.
Ante esta realidad, el análisis 2026 Statistical Review of World Energy de KPMG plantea cinco prioridades para replantear las estrategias energéticas:
- Reconstruir la estrategia desde una perspectiva regional, considerando las condiciones específicas de cada mercado.
- Convertir la resiliencia energética en una prioridad financiera, además de operativa, debido al impacto que las interrupciones pueden tener sobre las inversiones y los costos.
- Conocer la cadena de suministro más allá de los proveedores directos, para identificar posibles vulnerabilidades en niveles posteriores.
- Invertir en tecnologías con impulso comercial, considerando no solo sus beneficios ambientales, sino también su viabilidad económica.
- Desarrollar planes de transición ejecutables y defendibles, capaces de responder a cambios en la demanda, la regulación y el entorno geopolítico.
La transición energética, por tanto, está dejando de ser un proceso lineal en el que una fuente sustituye gradualmente a otra. El crecimiento de la demanda, la competencia por recursos, la seguridad del suministro y las diferencias entre regiones están dando lugar a un sistema energético más diversificado y fragmentado./PUNTOporPUNTO
Documento íntegro a continuación:
https://drive.google.com/file/d/1qEp35_hTAhLxQ7moEfxPSZZdAMER3x7V/view?usp=drivesdk
























