La autonombrada MINISTRA del “PUEBLO” quiere TOMAR TAJADA de las HERENCIAS de TUS PAPÁS y ABUELOS

Opinión. VOX POPULI

Antes de hablar de herencias, hablemos claro de quién está empujando esta lógica.

Se llama Lenia Batres.

No es una señora del mercado preocupada porque no le alcanza para el mandado. Es ministra de la Suprema Corte. ¿Y quién la puso ahí? Andrés Manuel López Obrador la designó directamente en diciembre de 2023, después de que el Senado no logró acuerdo con las ternas que él mismo mandó. O sea, no llegó por voto popular. No llegó porque el pueblo la pidió en la calle. Llegó por decisión directa del presidente.

Y aparte, viene de una familia metidísima en el poder. Es hermana de Martí Batres, figura fuerte de Morena y actual director del ISSSTE. Entonces no estamos hablando de una ciudadana común, estamos hablando de una mujer con apellido político, con padrino político, con familia en el gobierno y con cargo de élite.

¿Y cuánto cuesta su “austeridad”?

De acuerdo con reportes periodísticos, su ponencia en la Corte ha tenido alrededor de 78 colaboradores, y se ha calculado que ese equipo cuesta más de 5 millones de pesos al mes al erario. Ella podrá decir que no todos son “asesores”. Perfecto. Llámales asesores, colaboradores, asistentes, técnicos, apoyo o guardianes del escritorio. El nombre da igual. El punto es que son decenas de personas pagadas con dinero público alrededor de una ministra que se vende como “del pueblo”.

Y ahora, desde esa comodidad, desde ese sueldo, desde esa estructura, desde ese mundo donde todos se acomodan entre ellos, viene la brillante idea de que habría que cobrar impuestos a las herencias porque, según esa lógica, los hijos que heredan algo “no se esforzaron” para tenerlo.

No, bueno.

Qué poca madre.

A ver, señora, explíqueme algo.

Si el hijo no se esforzó por heredar la casa de sus papás, ¿el gobierno sí se esforzó?

¿El gobierno cargó tabiques?

¿El gobierno echó mezcla?

¿El gobierno pagó la losa?

¿El gobierno trabajó doble turno?

¿El gobierno se quedó sin vacaciones?

¿El gobierno dejó de comprar ropa para terminar un cuarto más?

No.

Pero para cobrar sí aparecen.

Para cobrar sí son puntuales.

Para cobrar sí tienen abogados.

Para cobrar sí tienen discurso.

Para cobrar sí tienen estructura.

Porque esa es la burla: el gobierno no estuvo en la chinga, pero sí quiere estar en la herencia.

Tu papá compró un terreno y pagó impuestos. Construyó una casa y pagó permisos. Compró cemento, varilla, pintura, puertas, ventanas, muebles, reparaciones… y pagó IVA en todo. Metió luz, pagó. Metió agua, pagó. Escrituró, pagó. Año con año pagó predial. Durante décadas.

Y después de toda una vida trabajando, sacrificándose, partiéndose la espalda, llega el día en que tus padres mueren y dicen: “esto se lo dejo a mis hijos”.

Y entonces aparece el gobierno como pinche pariente incómodo en el funeral diciendo:

“Espérense tantito… también me toca.”

¿También te toca de qué?

¿Dónde estabas cuando mi papá no dormía?

¿Dónde estabas cuando mi mamá administraba hasta el último peso?

¿Dónde estabas cuando no hubo vacaciones?

¿Dónde estabas cuando no hubo Navidad grande porque había que pagar la casa?

No estuvieron.

Pero para cobrar sí aparecen.

Y como saben que si lo dicen claro la gente se encabrona, usan palabritas elegantes.

No dicen: “te vamos a cobrar más”.

Dicen: “hay que establecer un gravamen”.

Gravamen.

Qué palabra tan bonita para decirte: “te voy a meter la mano al bolsillo”.

No dicen: “queremos una parte de la casa de tus padres”.

Dicen: “justicia fiscal”.

No dicen: “el gobierno también quiere heredar”.

Dicen: “combatir la desigualdad”.

Así trabajan.

Te hablan como abogado caro para chingarte como cobrador de barrio.

Y todavía tienen el descaro de decir que el hijo no se esforzó.

Claro que los hijos pagan.

Pagan con un padre ausente porque tuvo que trabajar todo el día. Pagan con una madre cansada que llegó sin fuerzas a casa. Pagan con cumpleaños sencillos. Pagan con Navidades incompletas. Pagan con vacaciones que nunca llegaron. Pagan con años viendo a sus padres partirse el alma para construir algo que algún día sería de la familia.

Porque una herencia no es solo una casa.

Una herencia es historia.

Es sacrificio.

Es cansancio.

Es esfuerzo familiar.

Es el último regalo de un padre a sus hijos.

Es la forma en que una familia dice: “yo sufrí para que tú no empieces desde cero”.

Y ahora llega una ministra del “pueblo”, puesta por el poder, rodeada de poder, con decenas de personas pagadas por el pueblo, a decirte que tus hijos no merecen recibir completo lo que tú construiste.

No se equivoquen.

Esto no es justicia.

Esto no es igualdad.

Esto no es ayudar al pobre.

Esto es el gobierno queriendo volverse heredero de tu familia.

Porque primero te dicen: “tranquilo, solo será para los ricos”.

Y mucha gente aplaude porque en México nos enseñaron a odiar al que tiene un poquito más.

Pero después, cuando ya está la ley, cuando ya abrieron la puerta, cuando ya normalizaron el cobro, empiezan a bajar la línea.

Primero grandes fortunas.

Luego propiedades medianas.

Luego terrenos familiares.

Luego casas heredadas.

Luego departamentos.

Luego la casita de interés social que tu mamá pagó durante veinte años.

Así empieza todo.

Primero te lo venden con odio de clase.

Luego te lo aplican a ti.

Por eso este tema importa.

Porque no se trata solo de ricos. Se trata de la casita de tus papás, del terreno de tu abuelo, del localito familiar, del departamento que una madre soltera pagó toda su vida.

Mi padre no trabaja para heredar al gobierno.

Mi madre no se rompe la espalda para heredar burócratas.

Mis abuelos no levantaron una casa para que décadas después llegue un funcionario a pedir tajada.

Y si yo trabajo toda mi vida para dejar algo, será para mi sangre, para mi familia, para mis hijos.

No para ministros.

No para burócratas.

No para partidos.

No para un gobierno que ya cobró impuestos toda la vida y todavía quiere aparecer en el funeral con la mano abierta.

Eso no es gobernar.

Eso es saquear con palabras bonitas.

Y encima, con toga.

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