La actual confrontación interna del Cártel de Sinaloa ha desatado uno de los periodos más sangrientos en la historia reciente del estado, con un costo humano que recae desproporcionadamente sobre los hombros de los más jóvenes. Lo que inició como una disputa territorial tras la captura de Ismael «El Mayo» Zambada se ha transformado en una tragedia generacional que está consumiendo a la población menor de 30 años en la entidad.
- De acuerdo con el reporte Sinaloa’s War of the Splinters: Fighting Crime in Mexico under U.S Threat (La guerra de las astillas en Sinaloa: la lucha contra el crimen en México bajo la amenaza de Estados Unidos), elaborado por International Crisis Group, el impacto de la guerra entre las facciones de «Los Chapitos» y «Los Mayos» es devastador para la juventud sinaloense: al menos 55 menores de edad y casi 450 adultos jóvenes (de entre 18 y 28 años) han sido asesinados en los primeros diez meses del conflicto.
- Estas cifras son alarmantes, ya que representan más del 40% del total de las víctimas de homicidio registradas oficialmente en el estado durante este periodo.
El origen de esta carnicería se remonta al 25 de julio de 2024, cuando «El Mayo» Zambada fue entregado a las autoridades estadounidenses por un hijo de Joaquín «El Chapo» Guzmán, lo que rompió décadas de una frágil cohesión interna. La traición desencadenó una contraofensiva de «Los Mayos» en septiembre de 2024, centrada inicialmente en los alrededores de Culiacán, que rápidamente escaló a una guerra abierta caracterizada por una violencia «performativa» y brutal.
La tragedia no se limita a los homicidios, sino que se extiende a la crisis de desapariciones forzadas. Los registros indican que, desde que estalló la violencia a gran escala, la mitad de las personas reportadas como desaparecidas son menores de 28 años. Se estima que en el primer año y medio tras el secuestro de Zambada, el número de reportes de desaparición superó los 3,800 casos, superando incluso la cifra de homicidios en el mismo lapso.
Este alto índice de mortalidad y victimización juvenil responde a que las filas de los grupos criminales están compuestas mayoritariamente por hombres jóvenes que sirven como «carne de cañón». Muchos se inician como halcones (vigilantes) con salarios de entre 200 y 400 dólares mensuales, pero con la intensificación del conflicto, son obligados a convertirse en sicarios sin apenas entrenamiento, enfrentándose a una muerte casi segura o a la prisión.
Un factor crítico en este proceso de reclutamiento son los centros de rehabilitación privados, que a menudo operan sin regulación y han sido infiltrados por las facciones para obtener nuevos reclutas a cambio de drogas o para atacar a jóvenes del bando contrario.
- Esta dinámica ha provocado que las detenciones de jóvenes por delitos federales, como posesión de armas o drogas, se quintuplicaran entre julio de 2024 y febrero de 2026, llenando las prisiones de hombres jóvenes empobrecidos cuyos puestos en el cártel son fácilmente reemplazables.
- La respuesta del Estado mexicano ha marcado un giro respecto a la administración anterior. Bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha abandonado la doctrina de «abrazos, no balazos» en favor de una ofensiva militar directa, desplegando hasta 15,000 efectivos en el estado.
Aunque esta presencia ha logrado reducir los enfrentamientos abiertos en las zonas urbanas de Culiacán, la violencia se ha desplazado hacia las zonas rurales, donde los homicidios y desapariciones continúan a tasas alarmantes.
A nivel internacional, la situación en Sinaloa se ha vuelto una prioridad para la administración de Donald Trump en Washington, que ha designado al Cártel de Sinaloa como una organización terrorista extranjera y ha amenazado con intervenciones militares unilaterales si México no frena el flujo de fentanilo.
Esta presión ha llevado al gobierno mexicano a realizar concesiones, como la transferencia acelerada de capos a custodia estadounidense y la destrucción sistemática de laboratorios de drogas sintéticas en territorio sinaloense.
Finalmente, para frenar esta pérdida de vidas jóvenes, los expertos señalan que el Estado no solo debe enfocarse en la fuerza militar, sino en fortalecer la inteligencia judicial para desmantelar las redes de corrupción que sostienen al crimen organizado.
Es imperativo implementar programas comunitarios que disuadan el reclutamiento, regulen los centros de rehabilitación y brinden alternativas económicas a los jóvenes en zonas de conflicto, para evitar que sigan alimentando las estadísticas de una guerra que les está arrebatando el futuro.
- Antes de la guerra, el Cártel de Sinaloa reclutaba jóvenes como halcones por un salario de entre $200 y $400 dólares al mes. Era un trabajo de bajo riesgo. Los capos vigilaban las calles, informaban sobre los movimientos de los «pixelados verdes» o los «grises» —el Ejército y la policía—. No eran protagonistas.
La guerra lo cambió todo. Dos años después de que un hijo de Joaquín El Chapo Guzmán entregara a Ismael El Mayo Zambada a las autoridades estadunidenses —y se desatara una lucha por el control de la plaza— , los jóvenes se vieron obligados a convertirse en sicarios.
Tomaron un arma, a pesar de no tener adiestramiento. Los menores de 28 años representan el 40 por ciento de los homicidios y la mitad de las personas desaparecidas en Sinaloa.
El dato se desprende del informe La guerra de los herederos en Sinaloa, publicado este martes por International Crisis Group, que documenta, con cifras oficiales, recorridos de campo, notas de prensa y más de 50 entrevistas realizadas entre junio de 2025 y mayo de 2026 con funcionarios, activistas, víctimas, residentes, periodistas y académicos, así como diplomáticos extranjeros, cómo se ha modificado la dinámica social y económica de Sinaloa.
- De manera particular, el documento de la organización no gubernamental internacional — con sedes en Bruselas, Washington D.C., Nueva York y Londres— encuentra focos rojos que afectan directamente a niños, adolescentes y jóvenes adultos.
- Hace énfasis en centros de rehabilitación que operan como «oficinas de reclutamiento para el crimen organizado», en el centro de detención juvenil de Sinaloa —que nunca antes había albergado a más de diez reclusos a la vez y ahora alberga a docenas— y en centros de justicia adolescente topados, donde las audiencias suceden una tras otra, la mayoría relacionadas con drogas o armas.
Entre las cifras que evidencian el problema, se menciona en el último año: 55 menores de edad asesinados; imputaciones a 52 menores de edad por diversos delitos, entre ellos tráfico de drogas, porte de armas o posesión de estupefacientes; y casi 450 jóvenes de entre 18 y 28 años muertos. La cifra de desaparecidos, mientras tanto, no cesa.
La ONG también analiza la respuesta gubernamental, que se concentró en el despliegue militar en la frontera, en la extradición de 92 narcotraficantes en operaciones aceleradas y la detención de objetivos prioritarios y generadores de violencia.
Sin embargo, advierte que la estrategia de «descabezamiento» que exige Washington —capturar o matar líderes— ha demostrado ser un factor que exacerba la fragmentación y la violencia, tal como ocurrió con la entrega de El Mayo, que desencadenó la guerra actual.
Presión de EU para frenar cárteles de la droga
A pesar de oponerse a la presencia de tropas estadunidenses en territorio mexicano, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una creciente presión de Donald Trump, que ha utilizado un arsenal de amenazas —aranceles, designación de cárteles como organizaciones terroristas y la insistente posibilidad de una intervención militar— para forzar a México a endurecer su lucha contra el narcotráfico.
- El informe también señala que agentes de inteligencia estadunidenses podrían haber participado en misiones letales y no letales en México «sin el conocimiento del gobierno de Sheinbaum».
- El documento subraya que una intervención militar unilateral «tendría consecuencias nefastas para la estabilidad del país» y podría obligar a México a reducir drásticamente la cooperación bilateral, debilitando los esfuerzos conjuntos contra el narcotráfico.
Mientras los jóvenes mueren o son reclutados, el negocio que sostiene todo esto —el fentanilo— sigue fluyendo hacia Estados Unidos, según el informe. El gobierno mexicano ha incautado más de 68 toneladas de drogas en el estado, incluyendo más de una tonelada de fentanilo en polvo y casi 5.5 millones de pastillas. Sin embargo, el informe tiene otros datos:
«Fuentes consultadas por Crisis Group creen que la mayor parte de la producción mexicana todavía proviene de Sinaloa, y que el conflicto interno no ha afectado la disponibilidad ni los precios del fentanilo en las principales ciudades de Estados Unidos».
La estabilidad del mercado se debe a factores como el auge de otros grupos en Sinaloa (como la facción de El Chapo Isidro), el aumento de la producción en otras zonas del país o la adaptación de nuevas técnicas de contrabando.
Reconfiguración territorial tras la caída de El Mayo
El documento confirma cómo el conflicto entre Los Chapitos y La Mayiza ha reconfigurado por completo el control territorial del crimen organizado en Sinaloa. Antes de la guerra, los herederos de El Chapo ejercían un dominio casi total sobre Culiacán y las rutas estratégicas del estado. Dos años después, ese mapa ha sido modificado.
- La batalla por la capital, que paraliza la vida cotidiana con bloqueos, toques de queda autoimpuestos, no se detiene, concentró la mitad de los homicidios reportados en el estado entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025. La facción de Los Mayos ha arrebatado gran parte de la ciudad a sus rivales y ahora domina las zonas sur y este.
El informe documenta cómo en Badiraguato —la cuna de El Chapo y bastión histórico del clan Guzmán— quedó completamente aislado entre octubre y diciembre de 2025. Los grupos criminales impidieron el ingreso de insumos básicos como harina de maíz, y, en enero de 2026, los trabajadores gubernamentales tenían que pedir permiso para acceder a la zona.
En Concordia, al sur del estado, cientos de familias huyeron en septiembre de 2024 cuando el jefe local afiliado a Los Chapitos fue derrocado por Los Mayos. Aunque algunos han regresado, el transporte público y otros servicios están ahora controlados por la facción ganadora.
Control de Los Chapitos en Mazatlán
En Mazatlán, el segundo centro urbano más importante y un puerto clave para la importación de precursores químicos, Los Chapitos han logrado mantener su control, aunque han perdido terreno en negocios ilegales como juegos de azar y venta de drogas, que han sido blanco de ataques de sus rivales.
- El informe establece también que ya no hay un solo cartel que domine Sinaloa; pues confirma que habría al menos cuatro facciones —Los Chapitos, Los Mayos, la liderada por Aureliano Guzmán El Guano y la de Fausto Isidro Meza Flores El Chapo Isidro— que operan en alianzas cambiantes con células más pequeñas, de las cuales Crisis Group contabilizó al menos veinte.
Esta fragmentación ha generado un escenario de violencia difusa, donde el Estado mexicano lucha por recuperar el control de un territorio con el despliegue masivo de 15 mil efectivos federales, con un despliegue prioritario para la capital.
Sin embargo, el informe refiere que la concentración del 80% de las fuerzas federales en Culiacán ha dejado a las zonas rurales en situación de vulnerabilidad, permitiendo que las facciones criminales consoliden su dominio sobre vastas extensiones del territorio donde el Estado tiene una presencia mínima o nula./Agencias-PUNTOporPUNTO
























