La política energética de México en 2026, orientada a expandir la extracción de gas natural como componente central de la soberanía energética, conlleva implicaciones que trascienden lo económico.
- Desde el ámbito ecológico, esta estrategia interactúa directamente con sistemas terrestres y marinos altamente vulnerables, comprometiendo procesos clave para la resiliencia ambiental.
- Uno de los principales impactos es el uso intensivo del agua en regiones áridas y semiáridas del norte del país, donde el estrés hídrico limita la capacidad de los ecosistemas para mantener su funcionalidad biológica.
La extracción de gas, particularmente mediante técnicas no convencionales como la fracturación hidráulica o fracking, puede alterar el ciclo hidrológico, afectar la microbiota del suelo y reducir la disponibilidad de agua para especies endémicas adaptadas a condiciones extremas.
- Asimismo, el riesgo de contaminación de acuíferos representa una amenaza persistente para la biodiversidad terrestre y acuática.
En ambientes marinos como el campo Lakach, un importante yacimiento de gas natural en aguas profundas del golfo de México, las perturbaciones físicas y acústicas asociadas a la extracción pueden impactar comunidades bentónicas caracterizadas por baja resiliencia y lenta recuperación ecológica.
- La evidencia científica sugiere que la estrategia actual privilegia la mitigación sobre la prevención, lo que plantea interrogantes sobre su compatibilidad con la sustentabilidad biológica a largo plazo.
Contracciones de una política energética
Desde hace más de una década, el fracking ha sido una práctica cotidiana por Petróleos Mexicanos (PEMEX), llevada a cabo a través de contratos con empresas petroleras como Halliburton, Schlumberger o Baker Hughes.
- Según los datos que nuestro grupo consiguió recopilar mediante la solicitud de información pública, al menos 924 pozos han sido perforados mediante esta técnica en los estados de Coahuila (47 pozos), Nuevo León (182 pozos), Puebla (233), Tabasco (13), Tamaulipas (100) y Veracruz (349).
Pese a que la población ha realizado innumerables manifestaciones en contra de esta práctica debido a los impactos negativos que se generan en el medio ambiente, aún no se cuenta con una prohibición constitucional o legal definitiva. En la actualidad, persisten los marcos legales de la reforma energética del 2013 impulsada por el expresidente Enrique Peña Nieto.
- Un ejemplo es la Ley de Hidrocarburos, donde se establecen los lineamientos generales que permitirán la extracción de hidrocarburos como el gas y el aceite de lutitas (gas shale) a través del fracking como una fuente de generación de energía, posibilitando legalmente la explotación de yacimientos no convencionales.
A pesar de la apuesta de el gobierno actual por transición energética con el fin de aumentar la capacidad eléctrica con fuentes renovables –bajo el argumento de la autosuficiencia energética–, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha abierto todavía más la puerta a la extracción de hidrocarburos, principalmente gas natural y aceite mediante el fracking.
- La falta de un sustento legal ha permitido que instituciones como PEMEX, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente no puedan frenar esta práctica, que está provocando un gran daño en la salud de los ecosistemas.
- La Secretaría de Energía (SENER) tiene ubicada seis cuencas con reservas para fracking: Chihuahua, Burro-Picachos, Sabinas, Burgos, Tampico-Misantla y Veracruz.
- Los análisis de un estudio realizado en el 2017 confirman que, aunque la explotación de gas favorecería la independencia energética del país, la disponibilidad de agua dulce para algunos estados se vería comprometida.
Este trabajo visibiliza una paradoja geohídrica crítica: las mayores reservas recuperables de gas coinciden con las zonas de menor disponibilidad de agua en el norte de México. La explotación de estos recursos mediante fracturación hidráulica genera alta demanda de agua, compitiendo con el uso doméstico, urbano y agrícola en áreas con estrés hídrico severo.
Derroche y contaminación en las aguas subterráneas
El fracking demanda aproximadamente diez veces más agua que la perforación convencional, lo que equivale a entre 10 y 14 millones de litros por pozo. Otro rasgo importante es que el agua subterránea está en promedio a una profundidad de 500 metros de profundidad, mientras que la extracción de gas se sitúa a entre 1500 y 2000 metros.
Esto puede provocar la filtración de gas metano hacia los acuíferos, contaminando el agua subterránea, la cual posteriormente puede ser extraída y utilizada en pozos de agua potable.
Una vez que la roca es fracturada, el agua residual puede emerger a la superficie con agregados químicos y contaminantes cancerígenos como el tolueno y el xileno, los cuales pueden contaminar fuentes superficiales como ríos y arroyos.
- En la actualidad, no existen estudios concluyentes sobre México, solo proyecciones basadas en escenarios. Para ello, se han utilizado datos de los acuíferos Edwards-Trinity, en Texas, como referencia para el consumo de agua y la disponibilidad de este recurso en las cuencas del noreste del país.
- En este contexto, el estudio del fracking en México debe abordarse desde la perspectiva del principio precautorio, tomando en cuenta las diversas preocupaciones que se han manifestado sobre los impactos de este método de extracción. Hay que recordar que el agua subterránea tiene la misma o más importancia que el gas.
Dicho análisis debe ser, además, multidisciplinario, contando con la participación de especialistas en los ámbitos hidrogeológico, social y legal. El objetivo es proponer estrategias sustentables que minimicen los impactos ambientales y sociales, reduzcan los riesgos y garanticen la disponibilidad del agua subterránea para las generaciones presentes y futuras.
En zonas con estrés hídrico, 85% del gas que usaría fracking
El 85% del gas natural que podría ser explotado a través de la fracturación hidráulica (fracking) se encuentran en zonas de muy alto, alto o medio estrés hídrico, según datos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH).
- Hasta marzo de 2021, los recursos prospectivos en gas natural eran de alrededor de 141.5 billones de barriles, los cuales se ubicaban entre tres regiones principalmente: en Sabinas-Burro-Picachos, que se encuentra entre los estados de Nuevo León y Coahuila y en donde se ubican 47% de los recursos prospectivos.
- En segundo lugar está la región de Burgos, la cual se posiciona entre Nuevo León y Tamaulipas, en donde se proyecta que está el 38% de lo estimado, mientras que en tercer lugar está Tampico-Misantla que tiene 15% del total y que se reparte entre los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí e Hidalgo.
- De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Agua (Conagua) Coahuila y Nuevo León se encuentran en zonas denominadas como con alta estrés hídrico derivado de la sobreexplotación de los acuíferos. Tamaulipas y San Luis Potosí están catalogados, en su mayoría, con estrés medio, mientras que Hidalgo está considerado como de alto estrés.
Un análisis del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC del 2022 advertía ya de los problemas que trae consigo la fracturación hidráulica.
- “La técnica de fracturamiento hidráulico está asociada a diversos impactos; como alta demanda de agua requerida para el proceso, contaminación de los acuíferos, contribución al calentamiento global, contaminación del suelo y atmósfera, afectación a la infraestructura carretera y habitacional, así como pérdida de la biodiversidad”.
- El mismo informe detalló que “los impactos anteriores, destaca el requerimiento de agua ya que en promedio se inyectan 100,000 y 130,000 barriles de este líquido durante la aplicación de la técnica de fracking.
- La extracción de agua por la fracturación hidráulica puede afectar a la cantidad y la calidad de los recursos de agua potable al cambiar el equilibrio entre la demanda de recursos hídricos locales y su disponibilidad, situación que se exacerba en zonas con un ato estrés hídrico”.
Experiencia mexicana
Hasta el tercer trimestre del 2021, la CNH tenía registrados al menos 15 pozos en los que se ha utilizado la fracturación hidráulica para extraer gas, todos creados entre 2010 y 2013.
- Manuel Llano, director de CartoCrítica, organización que conforma la Alianza Mexicana contra el Fracking, junto a otras 70 organizaciones civiles, afirma que se tienen registros en México, en total de alrededor de 8,000 pozos en los que se extrae los cuales han sido fracturados unas 36,000 veces.
Llano explica que utilizar el fracking tradicional puede ser hasta cuatro veces más caro que la explotación de yacimientos con técnicas convencionales.
- “La extracción no convencional apenas deja margen para que sea un poquito más rentable (…) cuando estamos hablando de fracking apenas salen tablas (…) un solo barril de petróleo puede llegar, al puro costo, entre 40 y 50 dólares su producción.
- Si a esto le aumentos que tienes que tratar el agua, eso significa que por barril de agua puede pasar hasta los 6 dólares el barril de agua tratada, simplemente son razones económicas porque no se ha usado algo distinto”, sostiene.
El INECC en su informe cita que un reporte de la Energy Information Administration (EIA) del gobierno estadounidense, de 2013, estimó que las reservas de gas en las cuencas de México ascenderían hasta 545 billones de pies cúbicos de gas, que equivalen a unos 93,965 millones de barriles. Sin embargo, no todo podría ser explotado ya que se estima a nivel global que en este tipo proyectos entre 10 y 15% de los recursos es recuperable.
Pemex, sin tecnología para fracturación
Pemex no tiene la tecnología requerida para explotar gas natural, admitió la presidenta Claudia Sheinbaum.
- “No, y estamos viendo quién”, respondió a pregunta expresa sobre si la empresa pública del Estado mexicano responsable de la exploración de hidrocarburos tiene la nueva tecnología para explotar yacimientos del combustible.
- Entre otros problemas para explotar gas con la técnica tradicional de fractura hidráulica o fracking, explicó, es que se utiliza mucha agua, que es contaminada con químicos y muy difícil de limpiar, por lo que se quiere usar nueva tecnología.
“Entonces, el fracking tradicional: entra un pozo y después inyecta agua con estos químicos para romper las piedras y que pueda salir el gas. Y luego, esa agua se inyecta más profundo que los acuíferos. Ese es el tradicional; ese, nosotros no queremos utilizarlo, porque puede tener problemas.
“Ahora hay nuevas tecnologías que utilizan incluso componentes biodegradables para romper las piedras y el agua se recicla”, afirmó.
¿Qué es el fracking?
El “fracking” es una técnica de extracción de hidrocarburos que consiste en la inyección a presión de grandes volúmenes de fluidos con el fin de fracturar rocas que tienen atrapado gas y petróleo en su interior, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).
- El “fracking” convencional combina los métodos de perforación horizontal y fracturación hidráulica que existen desde mitad del siglo XX, pero con avances técnicos que han permitido aplicarse en yacimientos no convencionales, de acuerdo con los expertos.
- Se entiende como yacimiento no convencional al reservorio que se encuentra en la roca generadora. Allí la permeabilidad y porosidad es poca, por lo cual, los hidrocarburos están atrapados en su interior, remata WWF.
Por su parte, Greenpeace precisa que esta técnica permite extraer gas y petróleo de rocas de baja permeabilidad a profundidades de entre mil y 5 mil metros.
- La organización reconoce que se fracturan las rocas inyectando a muy alta presión una mezcla de agua, arena y cientos de aditivos químicos. De esta manera, se liberan los hidrocarburos para que puedan ser extraídos a la superficie.
Alertan por riesgos ambientales del “fracking”
Greenpeace señala que el “fracking” presenta peligros específicos que afectan directamente a recursos vitales como las fuentes de agua, la estabilidad climática y la salud de las personas. Entre los riesgos, enlista:
- Limita el uso del agua potable en zonas adyacentes porque requieren entre 9 mil y 29 mil metros cúbicos de agua para llevar a cabo el proceso
- Contamina mantos freáticos y aguas superficiales, ya que el líquido de fractura contiene entre 1 a 2% de aditivos químicos altamente tóxicos y cancerígenos, incluyendo benceno, tolueno, xileno, metanol, y 2-butoxietanol
- Contamina los suelos porque entre el 9 y el 80% del fluido inyectado regresa a la superficie.
- Genera emisiones de metano (CH4)
- Genera sismos, según una investigación de la Universidad Cornell
- Daña los ecosistemas y produce pérdida de biodiversidad.
- Fragmenta el hábitat y produce erosión del suelo
WWF precisó que, en un único pozo se pueden consumir entre 9 mil y 29 mil metros cúbicos (m3) de agua, es decir, entre 2.4 y 7.7 piscinas olímpicas.
“En un campo regular en el que, por ejemplo, perforen seis pozos para extraer todo el gas del yacimiento, se utilizarían entre 54 mil y 174 mil m3 de agua“, de acuerdo con la organización./PUNTOporPUNTO























