Los conflictos, la sequía y la reducción de la ayuda mantendrán el hambre mundial en niveles críticos en 2026, y se prevé que la inseguridad alimentaria empeore en algunos de los países más frágiles del mundo, según el Informe mundial sobre crisis alimentarias de 2026.
La décima edición del informe sobre el hambre, publicado por una coalición de organizaciones humanitarias y de desarrollo, señala que el hambre aguda se ha duplicado en la última década, con dos hambrunas declaradas el año pasado por primera vez en la historia del informe: en Gaza y Sudán.
- En total, 266 millones de personas en 47 países y territorios se enfrentaron a altos niveles de inseguridad alimentaria aguda en 2025, mientras que 1,4 millones de personas se enfrentaron a condiciones catastróficas en algunas zonas de Haití, Malí, Gaza, Sudán del Sur, Sudán y Yemen.
- Solo en 2025, 35,5 millones de niños en todo el mundo sufrían malnutrición aguda, incluidos casi 10 millones que padecían malnutrición aguda grave.
En cuanto a este año, el informe señala que los niveles de gravedad siguen siendo críticos, y solo se espera que Haití escape de la peor categoría «catastrófica» gracias a una ligera mejora de la seguridad y al aumento de la ayuda humanitaria.
«Ya no estamos ante crisis temporales, sino ante crisis persistentes a lo largo del tiempo», dijo Álvaro Lario, director del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas, que colabora en la elaboración del informe anual.
«El mensaje principal es que la inseguridad alimentaria ya no es un problema aislado, sino que está ejerciendo presión sobre la estabilidad mundial», dijo a Reuters.
Guerra contra Irán agravaría las crisis alimentarias
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha agravado la alarma, señaló Lario, advirtiendo que una interrupción prolongada del comercio de energía y fertilizantes podría extenderse a los mercados alimentarios mundiales y agravar el hambre en los países dependientes de las importaciones que ya se encuentran en crisis.
«Incluso si el conflicto en Oriente Medio termina ahora mismo, sabemos que gran parte de las crisis de precios de los alimentos y la inflación se producirán en los próximos seis meses», afirmó.
- Incluso antes de la tensión añadida de esta última guerra, parecía probable que África Occidental y el Sahel siguieran sometidos a una fuerte presión este año debido a los conflictos y a la inflación persistente, especialmente en Nigeria, Malí, Níger y Burkina Faso.
- Se prevé que solo Nigeria registre uno de los mayores aumentos de la inseguridad alimentaria en 2026, con 4,1 millones de personas más que se enfrentarán a una situación de hambre aguda.
- En África Oriental, se prevé que la falta de lluvias en gran parte del Cuerno de África agrave el sufrimiento en Somalia y Kenia, donde la sequía, la inseguridad, los elevados precios de los alimentos y la reducción de la ayuda humanitaria probablemente provoquen un empeoramiento de las condiciones.
El informe también advierte que la financiación humanitaria y para el desarrollo destinada a los sectores alimentarios en crisis se redujo drásticamente en 2025 y se prevé que siga disminuyendo.
Se estima que la financiación humanitaria destinada al sector alimentario se redujo en torno a un 39% el año pasado con respecto a los niveles de 2024, mientras que la ayuda al desarrollo se contrajo al menos un 15%.
El calor extremo está llevando a los sistemas agroalimentarios al límite
El calor extremo se ha convertido en uno de los riesgos más serios y menos comprendidos para la agricultura y la seguridad alimentaria mundial. No hablamos solo de días puntuales de bochorno, sino de una sucesión de olas de calor, noches tropicales y episodios combinados de altas temperaturas y sequía que están llevando al límite a cultivos, ganadería, pesca, bosques y a las personas que viven de ellos. Todo ello se recoge en un informe conjunto de la FAO y la OMM que analiza con lupa cómo este nuevo clima de extremos está reconfigurando los sistemas agroalimentarios.
Al mismo tiempo, un segundo informe de estos organismos alerta sobre varios puntos críticos del hambre donde ya hay comunidades al borde de la hambruna. Conflictos armados, crisis económicas, desastres naturales y ahora también el calor extremo se combinan para disparar la inseguridad alimentaria aguda en países como Sudán, Palestina, Sudán del Sur, Haití o Malí. Todo ello ocurre en un contexto en el que, según Naciones Unidas y el PNUMA, los gobiernos siguen planeando producir más combustibles fósiles de los que el planeta puede soportar si queremos mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C.
- El informe «Extreme heat and agriculture» de FAO y OMM describe el calor extremo como un multiplicador de riesgos que actúa sobre todos los eslabones del sistema agroalimentario. No es un fenómeno aislado, sino un factor que se suma a sequías, falta de agua, incendios forestales, plagas y enfermedades, y a las tensiones sociales y económicas que ya arrastran muchos territorios rurales.
Los autores explican la ciencia física del calor extremo, detallan las vulnerabilidades de los distintos sectores productivos, presentan impactos observados y proyecciones futuras y recopilan estudios de caso de varios países. Además, proponen medidas de adaptación, recomiendan cambios de gobernanza del riesgo y subrayan la necesidad de una mitigación climática ambiciosa, porque la capacidad de adaptación tiene límites muy claros cuando el calentamiento global sigue aumentando.
El informe se publicó el 22 de abril, Día de la Tierra, para destacar las interconexiones entre clima, agricultura, ecosistemas y seguridad alimentaria. La FAO y la OMM recalcan que el sistema agroalimentario es, a la vez, víctima del cambio climático y una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero y uso de agua dulce, lo que obliga a replantear de arriba a abajo la forma en que producimos, transformamos y consumimos alimentos.
Las conclusiones son contundentes: los episodios de calor extremo han aumentado en frecuencia, duración e intensidad en el último medio siglo y, si no se reducen de forma rápida las emisiones y la producción de combustibles fósiles, los riesgos para cultivos, ganadería, pesca y bosques se dispararán en las próximas décadas, con un impacto desproporcionado sobre las comunidades más vulnerables y sobre más de 1 200 millones de personas cuyo sustento depende directamente de los sistemas agroalimentarios.
Impactos del calor extremo en cultivos, ganado, pesca, bosques y personas
Los datos reunidos por FAO y OMM muestran que los cultivos básicos son extremadamente sensibles a las altas temperaturas. A escala global, los rendimientos de maíz y trigo ya han bajado, de media, alrededor de un 7,5 % y un 6 % por cada grado centígrado adicional de calentamiento. Las proyecciones indican que por cada nuevo grado de aumento térmico se podría perder hasta un 10 % adicional de productividad en estos cultivos fundamentales para la alimentación mundial.
- En Europa, muchos cultivos funcionan ya muy cerca de su umbral térmico de tolerancia. Las olas de calor y los episodios combinados de calor y sequía incrementan el riesgo de pérdidas de producción, deterioran la calidad de los productos y afectan procesos clave como la polinización, el llenado de grano o la formación del tubérculo en especies como la patata o la cebada, cuyos umbrales críticos se alcanzan antes que en otros cultivos.
- La ganadería también sufre con creces el embate del calor. A partir de temperaturas relativamente moderadas, en torno a 24-25 °C según la especie, el ganado empieza a experimentar estrés térmico. Esto supone menor ingesta de alimento, peor conversión de pienso, bajadas en la producción de leche y carne, y un aumento notable de la mortalidad, especialmente en animales más sensibles.
Las especies ganaderas más comunes comienzan a resentirse en torno a los 25 °C, y el umbral es algo más bajo para pollos y cerdos porque no disponen de un sistema de sudoración eficaz para expulsar calor. Ese estrés prolongado no solo reduce el bienestar animal, sino que compromete la reproducción, aumenta la incidencia de enfermedades y obliga a adaptar instalaciones y manejos para evitar golpes de calor que pueden ser mortales.
En los ecosistemas marinos, el impacto es igualmente preocupante. Las olas de calor marino han causado episodios repetidos de mortalidad masiva y están obligando a muchos stocks de peces a migrar hacia aguas más frías. El calor reduce el oxígeno disuelto, y los peces pueden llegar a sufrir insuficiencia cardíaca mientras tratan de mantener una respiración acelerada en este entorno hostil.
El informe recuerda que en 2025 más del 90 % de la superficie oceánica del planeta experimentó al menos una ola de calor marina, según el informe sobre el estado del clima de la OMM. En sistemas de acuicultura, el aumento de temperatura facilita la aparición de enfermedades infecciosas y favorece la proliferación de algas nocivas, lo que ya está perjudicando producciones clave como el salmón y otras especies de cultivo.
En tierra firme, las olas de calor se asocian a pérdidas de cosechas de doble dígito en muchos lugares, reducciones de hasta el 50 % en la productividad forestal y episodios de mortalidad masiva de ganado que han afectado a cientos de miles de animales. Además, hay una fuerte correlación entre olas de calor y la aparición de incendios forestales más extensos, intensos y tempranos de lo habitual, alargando peligrosamente la temporada de fuego.
Las personas que trabajan en el campo figuran entre los colectivos más expuestos. El informe señala que los trabajadores agrícolas tienen 35 veces más probabilidades de morir por exposición al calor que el resto de trabajadores de otros sectores. En 2021 se perdieron 470 000 millones de horas de trabajo a escala mundial por culpa del calor extremo, con un coste enorme en bienestar, salud y productividad.
Se estima que, en áreas como el sur de Asia, buena parte del África subsahariana tropical y zonas de Centroamérica y Sudamérica, el número de días al año en los que no será seguro trabajar al aire libre podría llegar a 250. Además, cada grado por encima de los 20 °C reduce la productividad laboral entre un 2 % y un 3 %, y el riesgo de sufrir golpes de calor y otras complicaciones médicas aumenta de forma muy acusada.
Calor extremo como multiplicador de riesgos
Más allá de los impactos directos, el calor extremo actúa como un catalizador de otros peligros. Uno de los más importantes es el estrés hídrico: con temperaturas elevadas, la evaporación se dispara, los suelos se secan más rápido y el agua disponible para cultivos, ganado y ecosistemas se reduce, incrementando la competencia por el recurso entre sectores y territorios.
- El informe FAO-OMM presta especial atención a las llamadas sequías repentinas o flash droughts, fenómenos todavía poco conocidos pero cada vez más frecuentes. Se originan principalmente por un aumento rápido de la temperatura, que provoca un descenso brusco de la humedad del suelo en cuestión de semanas, sin necesidad de un largo periodo sin lluvias. Estas sequías relámpago pueden pillar a los agricultores completamente descolocados y causar daños severos en muy poco tiempo.
El calor también dispara el riesgo de incendios forestales. Las olas de calor alargan la temporada de alto peligro, resecan la vegetación y hacen que cualquier ignición, ya sea natural o provocada, tenga muchas más papeletas de convertirse en un gran incendio. Las pérdidas no se limitan a la madera: se destruyen servicios ecosistémicos clave, se degrada el suelo y se dañan infraestructuras rurales, cultivos y pastos.
Otro efecto encadenado es la mayor propagación de plagas y enfermedades. Temperaturas más altas favorecen la expansión geográfica de insectos, patógenos y vectores que antes estaban limitados por el frío, tanto en agricultura y ganadería como en salud humana. En acuicultura ocurre algo parecido con parásitos y enfermedades que encuentran condiciones más propicias en aguas calientes y poco oxigenadas.
En el medio marino, el informe recuerda un ejemplo muy gráfico: la ola de calor conocida como la «mancha» en el Pacífico entre 2014 y 2016 provocó un colapso de la cadena trófica que derivó en hambrunas masivas de aves marinas y el cierre de algunas de las pesquerías más importantes de la región. Este tipo de eventos ilustra hasta qué punto el calor extremo puede desencadenar cascadas de impactos que afectan a todo el sistema.
Sobre el futuro, las proyecciones climáticas apuntan a que estas tendencias seguirán intensificándose. Por cada grado adicional de calentamiento global, se prevé que la producción de cultivos esenciales como el maíz y el trigo disminuya entre un 4 % y un 10 %. Estos descensos, sumados al aumento de la población y a otros factores de presión, sitúan la seguridad alimentaria en una posición cada vez más frágil si no se toman medidas contundentes.
Estudios de caso: Brasil, Pakistán, Marruecos, Chile y Portugal
El informe no se queda en los grandes números globales, sino que ilustra los efectos en cadena del calor extremo a través de varios estudios de caso. Se analizan experiencias en Pakistán, Marruecos, Chile y Portugal, donde las olas de calor han interactuado con sequías, incendios y vulnerabilidades socioeconómicas para generar crisis agrarias de gran calado.
- Especialmente llamativo es el caso de Brasil durante el fuerte episodio de El Niño 2023-2024. Tras este fenómeno, el país sufrió una sequía prolongada agravada por un calor extremo. Las temperaturas máximas diarias superaron durante numerosos días los umbrales críticos para cultivos como la soja, provocando caída de flores, mala formación del grano y pérdidas significativas de rendimiento.
- En paralelo, el Índice de Riesgo de Incendios Forestales alcanzó valores anormalmente altos, lo que derivó en incendios tempranos y catastróficos en el Pantanal, uno de los humedales más importantes del planeta. La combinación de calor, sequía e incendios redujo la cosecha nacional de soja en casi un 10 %, con efectos en cascada sobre la ganadería, los mercados de exportación y la salud de las comunidades rurales.
Los casos de Pakistán, Marruecos, Chile y Portugal muestran patrones similares: olas de calor que llegan sobre cultivos ya estresados por falta de agua, sistemas de riego sometidos a una presión enorme, baja capacidad de adaptación local y políticas que no siempre priorizan la gestión del riesgo climático. En todos ellos, la falta de anticipación y de sistemas de alerta temprana integrados aparece como un factor clave que amplifica los daños.
FAO y OMM subrayan que estos ejemplos no son anomalías puntuales, sino avances de lo que puede convertirse en la nueva normalidad en muchas regiones si el calentamiento global sigue una trayectoria de altas emisiones. De ahí que se insista tanto en aprovechar mejor la predictibilidad del calor extremo mediante los servicios climáticos y las acciones anticipatorias.
Adaptación y gobernanza del riesgo ante el calor extremo
Lograr que los sistemas agroalimentarios aguanten el tirón del calor extremo pasa por reforzar de forma decidida la adaptación y la gestión del riesgo. El informe propone un abanico de medidas que van desde la selección de variedades más resistentes hasta cambios en la forma de organizar el trabajo en el campo, pasando por innovaciones tecnológicas y nuevas políticas públicas.
En primer lugar, se destaca el desarrollo de razas y variedades tolerantes al calor mediante selección artificial y mejora genética, tanto en cultivos como en ganado. Junto a ello, se recomienda ajustar las fechas de siembra y cosecha, adaptar la densidad de plantación y modificar prácticas de manejo (sombra, acolchados, riego más eficiente, agroforestería) para proteger las plantas de los momentos de máxima temperatura.
- En ganadería, son clave las infraestructuras de bienestar térmico: sombreados, ventilación, acceso constante a agua fresca y ajustes en la carga ganadera durante los periodos más calurosos. En la pesca y la acuicultura, se plantea reforzar la vigilancia sanitaria, adaptar densidades de cultivo, diversificar especies y, cuando sea posible, relocalizar instalaciones hacia zonas menos expuestas al calentamiento.
Un elemento central es el uso de los sistemas de alerta temprana y los servicios climáticos. Dado que el calor extremo se puede predecir con cierta antelación, la FAO y la OMM subrayan la importancia de que los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales emitan pronósticos y avisos específicos para el sector agrario, y de que exista un puente operativo entre esos avisos y planes de acción concretos en las explotaciones.
La idea es pasar de una gestión reactiva de crisis a una gestión proactiva del riesgo, en la que las decisiones de siembra, riego, manejo del ganado o recolección se apoyen en información climática robusta. Acciones anticipatorias como ajustar calendarios, preparar reservas de agua, organizar turnos de trabajo en horarios más frescos o activar asistencia técnica de emergencia pueden reducir de forma notable las pérdidas.
En el plano financiero, el acceso a servicios como seguros agrícolas, transferencias en efectivo, mecanismos de pago vinculados a eventos extremos y sistemas de protección social sensibles a crisis es indispensable para sostener la adaptación. Sin estos apoyos, los agricultores y ganaderos más vulnerables tienen muy poco margen para invertir en medidas preventivas o recuperarse tras un golpe de calor severo.
Mitigación climática
El informe insiste en que la adaptación, por muy ambiciosa que sea, tiene límites físicos, técnicos y económicos. Con el calentamiento medio global cerca de superar el umbral de 1,5 °C del Acuerdo de París, cada décima de grado adicional complica la viabilidad de numerosas zonas agrícolas, especialmente en regiones ya cálidas y con menos recursos.
- Por ello, la única solución duradera para proteger la agricultura frente al calor extremo es una mitigación climática agresiva. Los sistemas agroalimentarios son responsables de aproximadamente un tercio de las emisiones globales a lo largo de su cadena de valor y de alrededor del 70 % de las extracciones de agua dulce, por lo que tienen un doble papel: adaptar sus propias prácticas y contribuir a reducir emisiones.
En este contexto, el informe se alinea con el «Informe de la Brecha de Producción» del PNUMA, que muestra que, a pesar de los compromisos climáticos, los gobiernos planean producir más del doble de combustibles fósiles de lo compatible con el objetivo de 1,5 °C para 2030. Las previsiones apuntan a un incremento en la producción mundial de petróleo y gas y solo una pequeña bajada en la producción de carbón, lo que prolongaría el crecimiento de la producción total de combustibles fósiles al menos hasta 2040.
- El documento del PNUMA analiza a los 15 principales países productores (entre ellos Australia, Brasil, Canadá, China, Alemania, India, Indonesia, México, Noruega, Rusia, Arabia Saudí, Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Estados Unidos), donde la mayoría de los gobiernos sigue aplicando políticas favorables a la expansión de combustibles fósiles. La ciencia es clara: si la producción global de carbón, petróleo y gas no empieza a descender de forma inmediata y sostenida, el calentamiento superará 1,5 °C, con consecuencias catastróficas para los sistemas agroalimentarios y la seguridad alimentaria.
- La FAO ha elaborado además una síntesis actualizada de los hallazgos científicos sobre las interacciones entre agricultura, sistemas alimentarios y cambio climático, con material que puede apoyar las futuras evaluaciones del IPCC. Esta síntesis refuerza la idea de que la transformación de los sistemas agroalimentarios es una pieza clave de cualquier estrategia climática creíble, tanto por su potencial de mitigación como por la necesidad de aumentar su resiliencia.
Puntos críticos del hambre: Sudán, Palestina, Sudán del Sur, Haití y Malí
En paralelo al informe sobre calor extremo, FAO y Programa Mundial de Alimentos (PMA) publican periódicamente el análisis de Puntos críticos del hambre, que identifica los lugares del planeta donde la inseguridad alimentaria aguda está alcanzando niveles catastróficos. El último informe señala cinco puntos de máxima preocupación: Sudán, Palestina, Sudán del Sur, Haití y Malí.
En estos países hay comunidades que ya sufren hambruna, están en riesgo inminente de padecerla o se encuentran en niveles extremos de inseguridad alimentaria aguda debido a una combinación de conflictos prolongados, crisis económicas y desastres naturales. A todo ello se suman crecientes restricciones de acceso humanitario y una grave escasez de financiación internacional, lo que limita la capacidad de respuesta de las agencias de ayuda.
El informe semestral funciona como un sistema de alerta temprana para los próximos cinco meses, al proyectar cómo pueden deteriorarse las crisis alimentarias en 13 países y territorios identificados como los puntos de hambre más críticos del mundo. Además de los cinco de máxima preocupación, Yemen, República Democrática del Congo, Myanmar y Nigeria se clasifican como focos de extrema preocupación que requieren atención urgente para salvar vidas y medios de vida.
Otros puntos críticos relevantes son Burkina Faso, Chad, Somalia y Siria. En todos ellos, la combinación de violencia, desplazamientos, destrucción de medios productivos y choques climáticos, incluido el calor extremo, crea escenarios donde resulta cada vez más difícil asegurar el acceso regular a alimentos suficientes y de calidad para la población más vulnerable.
El Director General de la FAO, QU Dongyu, recalca que el hambre hoy no es una amenaza lejana, sino una emergencia cotidiana para millones de personas. Insiste en la importancia de proteger granjas y ganado para mantener la producción de alimentos in situ, incluso en las condiciones más adversas. Por su parte, la directora ejecutiva del PMA, Cindy McCain, califica el informe como una «alerta roja» y subraya que, sin financiación ni acceso, las organizaciones humanitarias no pueden desplegar la respuesta a la escala necesaria.
Situaciones país por país en los puntos críticos del hambre
En Sudán se confirmó la hambruna en 2024, y se prevé que las condiciones se mantengan debido a la continuidad del conflicto y al desplazamiento masivo, especialmente en las regiones del Gran Kordofán y el Gran Darfur. Se espera que los desplazamientos aumenten todavía más en el periodo analizado, mientras el acceso humanitario sigue muy restringido.
- El país se encuentra en riesgo de un colapso económico parcial, con una inflación muy alta que limita severamente el acceso a alimentos básicos. Las previsiones indican que unas 24,6 millones de personas podrían sufrir niveles de inseguridad alimentaria aguda de Crisis o peor (Fase 3 o superior de la CIF), incluyendo 637 000 personas en situación de Catástrofe (Fase 5 de la CIF) hasta mayo de 2025.
- En Palestina, la probabilidad de hambruna en la Franja de Gaza aumenta a medida que las operaciones militares a gran escala dificultan la entrega de asistencia humanitaria vital, tanto alimentaria como no alimentaria. Además, los altos precios de los alimentos, el agotamiento de los medios de vida y el bloqueo comercial aceleran el colapso económico del enclave.
Las estimaciones apuntan a que los 2,1 millones de habitantes de Gaza se enfrentarán a inseguridad alimentaria aguda de Crisis o peor (Fase 3 o superior de la CIF), incluidas 470 000 personas en Catástrofe (Fase 5) hasta septiembre de 2025. Se trata de un escenario extremo en el que las posibilidades de garantizar una alimentación mínima dependen completamente de la llegada regular de ayuda y de un alivio de las restricciones.
- En Sudán del Sur, las tensiones políticas, el riesgo de inundaciones y los desafíos económicos multiplican las amenazas. Se calcula que 7,7 millones de personas, alrededor del 57 % de la población, se enfrentarán a altos niveles de inseguridad alimentaria aguda (Fase 3 o superior) entre abril y julio de 2025, con 63 000 personas en niveles de Catástrofe (Fase 5). Una actualización posterior de la CIF incluso señaló riesgo de hambruna en dos zonas del país.
- Haití vive una situación igualmente crítica, con niveles récord de violencia de bandas e inseguridad que desplazan comunidades enteras y dificultan enormemente el acceso a la ayuda. Se estima que más de 8 400 personas desplazadas internas se enfrentarán a inseguridad alimentaria aguda en fase de Catástrofe (Fase 5) en el área metropolitana de Puerto Príncipe para junio de 2025, en un contexto donde las estructuras del Estado están profundamente debilitadas.
En Malí, el conflicto en curso y los altos precios de los cereales están minando la capacidad de supervivencia de los hogares más pobres, sobre todo en las zonas de enfrentamientos. Se calcula que unas 2 600 personas corren el riesgo de entrar en Fase 5 (Catástrofe) entre junio y agosto de 2025 si no se proporciona ayuda a tiempo, un número que podría aumentar si las condiciones se deterioran./Agencias-PUNTOporPUNTO
Documento íntegro a continuación:
https://www.fightfoodcrises.net/sites/default/files/resource/file/2026_GRFC_IN-BRIEF.pdf



















