PROHIBIR por completo el uso de CELULARES limita DERECHOS a la INFORMACIÓN, PRIVACIDAD y EXPRESIÓN

El mundo digital se ha convertido en la realidad de muchos niños y adolescentes. La interacción diaria a través de Internet y redes sociales forma parte de la comunicación con sus círculos cercanos, desde escribirse con amigos fuera del horario escolar hasta publicar historias de sus actividades cotidianas.

Por ello, prohibir por completo el uso de estos dispositivos y tecnologías es limitar sus derechos a la información, privacidad y expresión, coinciden especialistas, profesores y padres de familia.

  • Nancy Ramírez Hernández, directora nacional de incidencia política y temas globales de la organización Save the Children, consideró que toda discusión sobre los entornos digitales debe partir de un enfoque de derechos de la infancia, y no reducirse a estar en favor o en contra de las redes sociales y de los teléfonos celulares, ni dejar la responsabilidad en un sólo actor.
  • Si bien destacó que ningún país posee aún una respuesta con “evidencia clara” de qué debería hacerse, se debe empezar con transformar los espacios virtuales donde los niños están interactuando, para que se conviertan en entornos digitales seguros y apropiados para su edad.

“No podemos pensar que los únicos responsables son las familias, la comunidad educativa o los niños; necesitamos la responsabilidad de los múltiples actores que están involucrados en el tema, entre ellos el rol que deben jugar finalmente las plataformas y el sector privado”, indicó.

  • Empero, un primer paso es el control desde los núcleos familiares. El profesor Enrique Enríquez, director de la escuela primaria Japón, señaló que desde las aulas de este plantel se da una orientación adecuada acerca del uso responsable y crítico de las redes sociales, pero no se prohíben. Lo que sí se regula, aclara, es el empleo de teléfonos celulares, al ser aparatos distractores, pero las familias deben ser las primeras en hacerse responsables, enfatiza.
  • “Cuando hemos tenido pláticas con los papás, les decimos que debe haber una norma en casa de establecer límites y reglas claras de cómo usar esos aparatos”, afirma. Además, apunta, el uso del teléfono limita la capacidad de abstracción del alumno, no la deja fluir.

Agotamiento y violencia

El distraerse con facilidad a los pocos segundos de una actividad es un efecto de la dinámica de ver contenido constante y de corta duración en las redes sociales, plantea Betzaida Vázquez, educadora y madre de dos niños.

Tanto en sus alumnos como en el caso de uno de sus hijos, de ocho años, ha notado que la atención que prestan a las cosas es mínima si no les resulta llamativa desde el comienzo; incluso, no pueden ver una película completa o le adelantan a la escena que les gusta.

Su hijo Aarón suele quedar absorto al ver videos por YouTube o TikTok, o entrar a videojuegos. “Le tengo que hablar varias veces hasta que me hace caso, pues pareciera que deja de escucharme hasta que termina su ‘misión’”, reprochó.

Considera que sus emociones se han visto afectadas al jugar en su XBox, pues tiende a enojarse con facilidad, al grado de aventar el control remoto en señal de frustración.

Pero el uso de dispositivos no es negativo en todos los casos, éstos también pueden ser una herramienta en las aulas y en la vida cotidiana.

  • Cyntia Cedillo, madre de un adolescente de 14 años, comenta que en la secundaria particular a la que asiste su hijo, el uso de tabletas es constante, pero para temas educativos. Mediante programas y aplicaciones, algunas editoriales complementan las actividades de los libros de texto.
  • Los celulares sí están prohibidos, por considerarlos un distractor o por el riesgo de hacer mal uso de él, como tomar fotografías para burlarse de otros compañeros.
  • En tanto, para Alan Calderón, padre de dos niños, Internet y los teléfonos móviles se volvieron un “arma de doble filo”.
  • Por un lado, en plataformas como YouTube o TikTok sus hijos han aprendido sobre futbol, animales, historia y música, pues han logrado ser autodidactas con el contenido que les aparece y les gusta consumir.
  • Asimismo, les han generado una adicción, por lo que deben restringirles el tiempo que pasan frente a las pantallas por medio de los controles parentales, al igual que prohibir cierto tipo de contenidos o páginas que no son adecuados para su edad.

Sin embargo, añade, en el caso de su hija Aline, de 13 años, a quien le permitió abrir una cuenta de Instagram y WhatsApp para seguir en contacto con sus amigos de la primaria, las interacciones en los mensajes privados no se pueden controlar. “Si bien hacemos revisiones constantes para saber qué platica o qué busca en Internet, siempre está la posibilidad de que haya borrado algo”.

Parte de la vida diaria

Para los adolescentes, “usar redes sociales no es malo, sólo tienes que saber a quién agregas y tratar de no mensajear con quien sea”.

Naim, de 14 años, mencionó que podría vivir sin redes sociales, pero no sin YouTube, porque es ahí donde sube contenido de videojuegos y aprende programación, que es la carrera que estudiará.

Aunque admite que sí hay plataformas o redes sociales más peligrosas que otras. “En Instagram o TikTok puedes hablar con quien sea, lo que las hace más riesgosas, pues con tal de tener likes (me gusta) o seguidores aceptan a más personas”.

Apunta que entre amigos se dan recomendaciones para evitar correr riesgos o que aparezca contenido que no sea de interés. También, “si una cosa te gusta mucho, les digo a mis amigos que deben darle me gusta, comentar, guardar en favoritos y compartir, así te saldrá más contenido similar”.

En el caso de Aline, de 13 años, Instagram se ha vuelto parte de su vida diaria al subir historias, fotos instantáneas y platicar con sus amigos de la primaria, de la natación y de otros de sus círculos.

  • A lo que se suma ver reels (videos cortos y grabados en posición vertical) de recetas, belleza y moda. Pero su principal entretenimiento son las plataformas para ver películas, videos musicales o escuchar a sus artistas favoritos, actividades a las que dedica más tiempo.
  • Afirma que las historias que sube en esta red social alimentan su autoestima, pues sus amigas le comentan lo bonita que se ve, que el outfit (ventimenta) le queda bien, además de publicar conciertos, obras y lugares adonde va.
  • Asegura que hasta el momento no ha tenido un comentario desagradable, porque sólo tiene agregados a sus amigos y borra a quien ya no considera parte de su grupo social, a fin de evitar algún conflicto.
  • Save the Children enfatiza que la prohibición no siempre se traduce en seguridad si no va acompañada de educación, más responsabilidad exigida a las empresas que generan estos espacios virtuales, así como mayor compromiso para erradicar los discursos de odio y misóginos del entorno digital.

Por ello, sugiere que sea prioridad la alfabetización mediática, es decir, hablar con los menores sobre cómo los algoritmos moldean sus contenidos y enseñar cómo detectar la desinformación o el contenido producido por inteligencia artificial.

También, generar confianza en los niños para que hablen si llegan a padecer comportamientos dañinos en sus tiempos de pantalla, así como involucrar a los adolescentes en conversaciones sobre qué normas deben establecerse en el diseño de las plataformas./Agencias-PUNTOporPUNTO

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