Extrañas RELACIONES

La relación entre la política y la delincuencia organizada en México no es un fenómeno de eventos aislados, sino un proceso de integración estructural que ha redefinido la naturaleza del Estado y el ejercicio del poder. Históricamente, el sistema político mexicano operó bajo un esquema de centralismo donde el control sobre las actividades ilícitas formaba parte de un pacto no escrito de estabilidad.

  • Durante gran parte del siglo XX, el Estado no buscaba erradicar el mercado de sustancias prohibidas, sino administrarlo mediante una jerarquía que subordinaba a los grupos criminales a las directrices de las autoridades locales y federales. Este modelo de subordinación permitía que los flujos de dinero ilegal aceitaran las maquinarias electorales y el control territorial a cambio de impunidad y zonas de tolerancia.

Sin embargo, el tránsito hacia la competencia democrática a finales de los años noventa y principios del dos mil alteró este equilibrio. Al fragmentarse el poder político, también se fragmentó el control sobre el crimen.

  • Los grupos delictivos dejaron de ser subordinados para convertirse en socios o, en los escenarios más extremos, en los verdaderos arquitectos de la política local. Esta metamorfosis ha dado lugar a lo que diversos académicos denominan como la captura del Estado, un estadio donde las instituciones públicas son puestas al servicio de intereses privados criminales.

La delincuencia organizada ha comprendido que la política es su herramienta de blindaje más eficiente. A través del financiamiento de campañas, los carteles aseguran que los candidatos electos operen como sus representantes en el gobierno.

  • Esta relación es simbiótica ya que el político obtiene los recursos y la fuerza coercitiva necesaria para desplazar a sus rivales y consolidar su control, mientras que el grupo criminal obtiene acceso a información de inteligencia, protección policial y el control sobre la obra pública.
  • La penetración del crimen en el ámbito municipal es el eslabón más visible y vulnerable de esta cadena. Al controlar las presidencias municipales y las policías locales, las organizaciones delictivas no solo aseguran rutas de tránsito, sino que también diversifican sus ingresos mediante la extorsión a la economía formal y el desvío de recursos públicos.
  • El impacto de esta simbiosis es devastador para la democracia, pues el voto ciudadano se ve condicionado por el miedo o el clientelismo financiado por el narcotráfico, anulando la soberanía popular y reemplazándola por una gobernanza criminal.

En este contexto, la frontera entre la legalidad y la ilegalidad se vuelve porosa. Los actores políticos que participan en estas redes de corrupción a menudo utilizan su estatus oficial para facilitar el lavado de dinero y la adquisición de activos legales, lo que complica aún más la labor de fiscalización.

  • La impunidad se convierte en el pegamento que sostiene estas estructuras, ya que los sistemas judiciales locales suelen estar infiltrados o amenazados por los mismos intereses que deberían combatir.

La violencia política se utiliza como un mecanismo de selección: aquellos candidatos que se niegan a cooperar o que representan una amenaza para el statu quo criminal son eliminados, dejando el camino libre para perfiles más dóciles o directamente vinculados a los grupos de poder delictivo. Esta realidad ha transformado regiones enteras de México en zonas donde el Estado de derecho es una ficción y donde la autoridad real emana de la fuerza de las armas y el capital ilícito.

Por eso es que el interés de las agencias de seguridad de los Estados Unidos, como el Departamento de Justicia (DOJ) y la Administración de Control de Drogas (DEA), en investigar y arrestar a políticos mexicanos con probables vínculos con la delincuencia, se sustenta en la amenaza a su seguridad nacional y salud pública, con base en su doctrina contra el terrorismo y su sentido de preservación de la integridad de las instituciones de su país.

Los cálculos políticos del gobierno mexicano no son suficientes para desviar la atención de la administración norteamericana.

*Es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México
Correo electrónico: [email protected]
Twitter: @racevesj

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