La pobreza y pobreza extrema en América Latina y el Caribe ha tenido una tendencia a la baja en los últimos años, en una región marcada por una alta heterogeneidad y donde la desigualdad sigue presionando a los sectores más vulnerables, reveló este miércoles un estudio de la Cepal.
- La Comisión Económica para América Latina y el Caribe reveló en su informe «Panorama social» un descenso tanto en la pobreza monetaria como en la multidimensional, que mide no solamente el nivel de ingresos, sino también el acceso a derechos como salud, educación, vivienda y trabajo.
- «En 2024 el 25.5% de la población regional estaba en situación de pobreza (monetaria), lo que supone una disminución de 2.2 puntos porcentuales respecto de 2023 y de más de siete puntos porcentuales en comparación con 20204, por lo que alcanzó la tasa más baja registrada desde que hay registro comparable», apuntó el organismo de la ONU.
Por su parte, la pobreza extrema llegó al 98% en 2024, 0.7 puntos porcentuales menos que en 2023. «La fuente que más impacto tuvo en las variaciones de la pobreza en todos los países, tanto en su reducción como en su aumento, fue el ingreso por trabajo asalariado», dijo.
- En cuanto a la pobreza multidimensional, entre 2014 y 2024 se registró una caída del 34.4% al 20.9%, con la tendencia a la reducción interrumpida en 2020 debido a los efectos de la pandemia de Covid-19.
- La heterogeneidad entre países se mantiene con una pobreza multidimensional en Guatemala, Honduras y El Salvador superior al 50% al 2024, mientras que en Chile, Costa Rica y Uruguay afecta a menos del 6% de la población.
«La mayoría de los países de América Latina y el Caribe enfrentan tres trampas del desarrollo que limitan la mejora del bienestar de su población: una de baja capacidad para crecer; otra de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social, y una tercera de bajas capacidades institucionales y de gobernanza poco efectiva», señaló la Cepal.
En la última década, la desigualdad de ingresos en la región es persistentemente más alta que la de los países de la OCDE. El organismo dijo que el índice de Gini promedio de América Latina y el Caribe es el más alto de todas las regiones del mundo, y solo inferior al África Subsahariana.
En cuatro de los cinco países que más redujeron la desigualdad entre 2021 y 2024, la mayor parte del avance de las mejoras distributivas se explica principalmente por el mercado laboral, pero que aún tiene una estructura «profundamente desigual».
«Aunque el aumento del nivel educativo debería traducirse en mayor participación, menor desocupación, mejores salarios y más acceso a empleos de calidad para todas las personas, esto no ocurre de manera equitativa, lo que afecta negativamente a grupos históricamente excluidos», dijo.
- En tanto, la informalidad laboral afecta a casi la mitad de las personas ocupadas, especialmente a las mujeres, personas jóvenes y personas trabajadoras de menores ingresos, lo que se traduce en la falta de cobertura legal y de acceso efectivo a la protección social.
- En 2024, 24 países de la región registraron un nivel de gasto social del gobierno central equivalente en promedio al 11.6% del PIB y un 53.7% del gasto público total. Esta cifra revela una estabilización del gasto en los últimos años, tras la reducción desde los valores máximos observados en 2020 ocasionada por la pandemia de Covid-19.
Entre los 17 países de América Latina, el valor promedio del gasto social del gobierno central por persona fue de 1,110 dólares en 2024, 53 dólares por debajo de su nivel más alto, alcanzado en 2022, pero 3 dólares por encima del registrado en 2023.
América Latina tendrá un crecimiento a la baja
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) corrigió a la baja este lunes su previsión de crecimiento del producto interno bruto (PIB) regional para este 2026, pasando del 2,3 % proyectado en diciembre a 2,2 % en un contexto internacional marcado por conflictos geopolíticos.
- Según el organismo de las Naciones Unidas, el menor dinamismo económico proyectado para este año «se observa de manera generalizada», con una desaceleración del crecimiento en 24 de los 33 países de la región, mientras que solo siete mostrarían una aceleración.
De concretarse esta proyección, que refleja un entorno externo caracterizado por tensiones internacionales, condiciones financieras restrictivas y el resurgimiento de presiones inflacionarias a nivel global, «la región completaría cuatro años consecutivos con tasas de crecimiento cercanas al 2,3 %, evidenciando un patrón de baja capacidad para crecer».
Se acostumbran a no crecer mucho económicamente
En medio de un panorama económico incierto debido a los conflictos geopolíticos y el precio del petróleo al alza, América Latina y el Caribe crecerán apenas un 2,2% este año, según las proyecciones de la Comisión Económica para la región (CEPAL), que rebaja en una décima la estimación anterior del 2,3%.
- Por cuarto año consecutivo, la región se instala en un crecimiento perezoso, rondando el 2% anual. Un techo bajo que habla de una incapacidad estructural para despegar, insertada en un contexto internacional que pesa como un ladrillo.
- Desde diciembre de 2025 hasta hoy, el escenario externo se ha endurecido, especialmente a raíz de la guerra en Oriente Medio que ha disparado la volatilidad de los mercados y el precio del petróleo que ha llegado a subir un 74% en lo que va de 2026 respecto a finales del año pasado.
- También se encarecieron los alimentos a nivel global, mientras el comercio mundial frenó su crecimiento, con proyecciones de la Organización Mundial del Comercio que indican que crecerá solo de un 2,7% en 2026, frente al 4,7% de 2025.
A eso se añade que, también se ha desacelerado la economía de los grandes socios de la América Latina y el Caribe (China, la Zona Euro, India), al tiempo que los bancos centrales del mundo, asustados por la inflación, se han vuelto cautelosos, por lo que las condiciones financieras son menos amables que las esperadas hace apenas unos meses.
Dentro de la región, la ecuación es incómoda: la economía se desacelera, los precios suben y el trabajo escasea.
- El freno viene sobre todo del bolsillo de la gente, ya que el consumo privado pierde fuelle. Peor aún, la media de la inflación en la región superará el 3% frente al 2,4% de 2025, aunque se dejará sentir más particularmente en América del Sur, debido a la volatilidad del tipo de cambio y la subida de los costos de la importación.
En ese contexto, la inversión muestra señales muy tímidas de recuperación y el empleo crecerá solo un 1,1% en 2026 (fue 1,5% en 2025).
Un mapa desigual
De los 33 países de la región, 24 crecerán menos en 2026 que en 2025, con un panorama desigual:
- América del Sur crecerá 2,4% (menos que el 2,9% de 2025)
- América Central crecerá 2,2% (similar al 2,3% del año pasado), aunque si se deja fuera a Cuba y Haití, que sufren contracciones, el promedio sube a un esperanzador 3,9%
- El Caribe de habla no hispana tiene un crecimiento engañoso del 5,6%, gracias al empuje de Guyana, aunque si se deja fuera a ese país, la subregión apenas alcanzará el 1,2% de crecimiento.
En resumen, nueve países crecerán un 4% o más, otros ocho lo harán entre el 3% y el 4%, trece lo harán menos del 3% y tres tendrán contracciones.
El fondo del problema: baja capacidad de crecer
El dato del 2,2% no es una catástrofe puntual. Es un síntoma crónico. La región lleva años atrapada en una trampa de bajo crecimiento, alta exposición a los vaivenes del mundo y poca capacidad para encender motores propios, con unos riesgos que no desaparecen como una condiciones financieras restrictivas, inflación alimentaria y energética, y volatilidad cambiaria.
- Además, en algunos países, pesan problemas estructurales más profundos: restricciones externas, margen de maniobra político agotado, instituciones frágiles.
Por eso, el mensaje final de la CEPAL no es solo económico, es político: «Ampliar la movilización de recursos internos y externos, y fortalecer la gobernanza son factores fundamentales para impulsar políticas que dinamicen la inversión, aumenten la productividad y fortalezcan la resiliencia macroeconómica, en un entorno global cada vez más incierto.» /PUNTOporPUNTO























