Uno de cada tres mexicanos mayores de edad enfrentó, al menos, un problema causado por una falta cívica o de convivencia durante los primeros tres meses de l 2026. La cifra representa un aumento de dos puntos porcentuales frente al cierre de 2025, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
La información confirma un repunte en la tensión social en ciudades del país, donde la convivencia cotidiana concentra la mayor parte de estas fricciones.
El núcleo de esa problemática se concentra en los vecinos. Siete de cada diez conflictos ocurren entre personas que comparten el mismo entorno habitacional, una cifra que prácticamente no se ha movido en los últimos meses. La estabilidad de ese dato no implica una mejora; por el contrario, evidencia que los problemas comunitarios se mantienen como un fenómeno estructural.
- Detrás aparecen los desacuerdos con desconocidos en la vía pública, que alcanzan 35 puntos porcentuales, mientras que las fricciones con autoridades ocupan el tercer lugar, con 15.5 por ciento de las menciones, una reducción ligera que no elimina su peso dentro de la experiencia urbana. Las disputas con familiares, establecimientos o compañeros de trabajo, se mantienen en niveles bajos, todos del siete por ciento, lo que refuerza el carácter cotidiano del problema.
- Los motivos de estos enfrentamientos delinean un mapa preciso de la vida urbana. El ruido encabeza la lista, con 29.4 por ciento de las menciones, lo que refleja una fricción constante por horarios, hábitos y tolerancia, donde la cercanía física amplifica las diferencias e, incluso, las escala.
- Gerardo López, policía de proximidad en la Ciudad de México, describe escenas que se repiten con frecuencia en zonas habitacionales, donde la cercanía entre viviendas vuelve inevitable el contacto diario. En uno de esos llamados, acudió junto con su equipo a un edificio donde una discusión por ruido escaló más allá de un intercambio verbal.
“Atendimos un llamado por una riña entre vecinas que empezó como un reclamo por ruido. Una mujer aseguró que no podía dormir a su bebé porque la persona del departamento de arriba ‘caminaba muy fuerte’. La discusión subió de tono, pasó a los golpes y tuvimos que intervenir y detener a la agresora”, relató.
El elemento explica que este tipo de conflictos suele gestarse durante varios días o semanas, cuando una molestia aparentemente menor se acumula sin resolverse. En este caso, la falta de descanso detonó la confrontación directa.
El policía advierte que los reportes por ruido son parte de los servicios más comunes en su sector. Aunque algunas llamadas se relacionan con fiestas o reuniones, muchas otras surgen por sonidos cotidianos que, en espacios reducidos, adquieren otra dimensión: televisores encendidos a alto volumen, muebles arrastrados o pasos constantes en pisos superiores.
- En otro llamado, una queja por ruido derivó en violencia grave. La música alta en una fiesta provocó reclamos vecinales que escalaron en minutos “primero fueron gritos y luego golpes en la puerta. Cuando llegamos, ya había disparos”, relató. La discusión subió de tono y una persona sacó un arma, lo que dejó varios heridos antes de que la situación se controlara.
- La basura tirada o quemada por vecinos se coloca en el segundo puesto de la lista. Quienes la señalan como problema apuntan a una disputa directa por la responsabilidad colectiva y el manejo de residuos, un tema que, sin acuerdos comunitarios claros, se convierte en un detonante inmediato de tensiones.
- Un video de un ataque entre vecinos se viralizó en redes. En las imágenes, un sujeto sin camisa persigue a un automovilista y lanza una piedra contra su vehículo, en un conflicto que escaló en segundos. Según reportes, todo comenzó cuando el conductor reclamó a otro residente por tirar basura al río. Tras la falta de intervención policial, el agresor lo esperó afuera de su domicilio y, junto con otros hombres, lo golpeó y amenazó con matarlo.
En tercer lugar aparecen los conflictos por los espacios de estacionamiento, una fuente constante de fricción en ciudades donde el terreno resulta cada vez más limitado. Con 27.2 por ciento, estas disputas reflejan la presión sobre la vía pública y la falta de reglas claras para su uso.
Apartar lugares con objetos, bloquear accesos o invadir cajones ajenos suele detonar discusiones que, en entornos de alta densidad, escalan con rapidez y se repiten como parte de la rutina urbana.
A estos factores se suman problemas con animales domésticos, que llegan hasta 10 puntos, así como conflictos por transporte, chismes o consumo de alcohol en la vía pública. Ninguno de estos elementos resulta aislado; todos responden a una misma dinámica de saturación urbana y falta de acuerdos comunitarios.
- Diversas investigaciones académicas han documentado que la cercanía física en las ciudades intensifica los conflictos cotidianos. El estudio Disputas vecinales y la producción del espacio 2017, publicado en la revista Cities, señala que estos problemas suelen originarse en “molestias como ruido, olores o estacionamiento”, factores que, aunque parecen menores, responden a dinámicas estructurales de convivencia urbana.
- El ruido, en particular, ha sido ampliamente documentado como detonante de conflicto. El análisis Relación entre las quejas por ruido y factores socioeconómicos en Inglaterra, elaborado por investigadores del University College London, concluye que las zonas con mayor densidad poblacional y vivienda compartida registran más quejas, debido a la cercanía física, el tamaño reducido de los inmuebles y la diversidad social.
- La investigación Conflictos vecinales durante el confinamiento por Covid-19 en México, difundida en la plataforma PubMed Central, documenta cómo la convivencia forzada durante la pandemia incrementó los conflictos entre vecinos, con 31 por ciento de casos relacionados con ruido, y 22 por ciento por basura, lo que evidencia que la cercanía y el uso compartido del espacio amplifican los desacuerdos.
En el plano territorial, el fenómeno no se distribuye de manera homogénea. Aunque 58 ciudades no presentan cambios estadísticamente significativos, el balance general muestra más deterioro que mejora: 21 urbes registran incrementos en conflictos, frente a 12 que logran reducciones. La estabilidad, en este caso, no representa una solución, sino su persistencia.
La Ciudad de México ilustra con claridad esta dinámica. Alcaldías como Coyoacán y Cuajimalpa superan el 50 por ciento de población que ha experimentado conflictos, mientras que otras zonas presentan variaciones relevantes entre un trimestre y otro. El comportamiento resulta mixto, pero el nivel general se mantiene alto, lo que confirma que, en áreas con mayor infraestructura o servicios, la convivencia enfrenta tensiones constantes.
La naturaleza del conflicto son fricciones cotidianas acumuladas que, sin mecanismos de mediación, escalan hasta convertirse en enfrentamientos. La ausencia de canales claros para resolver desacuerdos, sumada a la presión sobre servicios y espacios, alimenta la dinámica./Agencias-PUNTOporPUNTO























