El Gobierno de Panamá ha sido acusado de atacar la libertad sindical en el país, tras pedir la disolución de una de las centrales más importantes en el Estado centroamericano. El asunto fue analizado recientemente por la comisión de normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la agencia de Naciones Unidas dedicada a las relaciones laborales.
- Según explica el secretario de Política Internacional de UGT, Jesús Gallego, distintos miembros del organismo con sede en Ginebra (Suiza) pretendían enviar una misión al país centroamericano para comprobar la situación in situ, pero se descartó por “escasez de fondos”.
Gallego apunta a este episodio como una metáfora de la “profundísima crisis” que atraviesa la organización internacional, asfixiada por el recorte de la aportación económica de Estados Unidos a las instituciones multilaterales, esos espacios para el consenso internacional que la Administración de Donald Trump detesta. El presidente estadounidense ha forzado la salida de su país de algunos, como la Organización Mundial de la Salud, y en los que se queda intenta imponer su línea política ultra, con el poderío económico como una baza a su favor.
- Según especifica la dirección de la OIT a EL PAÍS, la deuda de Estados Unidos con el organismo asciende actualmente a 257 millones de francos suizos (280 millones de euros). Es el 70% de todo lo que adeudan distintos países a la organización.
“Está en la UCI por la asfixia a la que la tiene sometida Washington, que debería financiar el 22% del presupuesto y no lo hace”, critica Cristina Faciaben, secretaria confederal de Internacional y Cooperación de CC OO. “Es el referente mundial para señalar unas normas laborales mínimas, para sostener la justicia social, y la están destrozando”, completa.
- Esta sindicalista habla de un organismo atípico, el único de la ONU en el que además de los gobiernos de los países, también participan los empresarios y los trabajadores. El órgano de gobierno de la OIT está integrado por 28 Estados (entre los que figura España), 14 representantes de los sindicatos y otros 14 de los empleadores. “A muchos gobiernos les resulta incómodo, no solo al de Estados Unidos. No les gusta que haya un espacio en el que trabajadores y empresas puedan expresar sus posiciones”, agrega Faciaben.
Esa expresión fructifica en normas de rango internacional, los convenios de la OIT. Cuando un país los ratifica, pueden ser exigibles por los empleados ante los tribunales. Por ejemplo: el Tribunal Supremo español confirmó recientemente que las empresas no pueden despedir disciplinariamente a los trabajadores sin abrir un trámite de audiencia previa, un precepto que no parte de normativa nacional, sino del artículo 7 del convenio 158 de la OIT, ratificado por España. Es solo uno de los múltiples ejemplos de que la línea de puntos que marca el organismo tiene una traslación fáctica al mundo del trabajo.
De ahí que los representantes sindicales españoles expresen su “preocupación” por el “giro” que observan en la línea política de la OIT, dirigida por el togolés Gilbert F. Houngbo desde 2022. “Está dando cada vez más peso a la agenda de Estados Unidos. Cada vez es más difícil incluir conceptos relacionados con el colectivo LGTBI+, o pelear por derechos tan básicos como el de huelga”, indica Gallego.
- Faciaben explica que las expectativas en torno a Houngbo eran muy altas, al ser el primer africano al frente del organismo, del que se esperaba una atención especial al llamado sur global. “En mi opinión, su mandato está siendo errático. Ha sucumbido a presiones de su región en cuestiones de género, entre otros temas, y se ha dejado someter al chantaje económico y político de Estados Unidos”, añade la representante de CC OO.
Gallego y Faciaben consideran que Houngbo lleva tiempo intentando sellar la influencia trumpista en la organización, con la esperanza de que Estados Unidos pague lo que debe y le sostenga al frente del organismo. En 2025 estuvo a punto de nombrar al estadounidense Nels Nordquist, asesor económico de Trump, en un puesto de nueva creación en el que recaería la dirección política de la organización.
Como informó Reuters entonces, el movimiento no se llegó a consumar por los recelos que despertó en buena parte de la organización que alguien tan cercano a Trump, con la deuda con el organismo impagada, lograse un puesto de tal responsabilidad. En abril de 2026 se anunció la elección de otro candidato estadounidense, Sheng Li, pero el nombramiento tampoco llegó a fructificar por el impago estadounidense.
- Este periódico ha pedido a la dirección de la OIT su punto de vista sobre la presunta influencia de la Administración de Trump en el organismo, pero la organización no ha respondido a esas preguntas. Sin señalar directamente a Estados Unidos, sí reconoce que “la OIT, al igual que el conjunto del sistema de las Naciones Unidas, se enfrenta a una difícil situación financiera y de liquidez debido al retraso en el pago de las contribuciones obligatorias por parte de los Estados miembros”.
“Estos atrasos han afectado al flujo de caja, y estamos trabajando activamente con los Estados miembros afectados para fomentar la regularización de los pagos lo antes posible”, agrega el organismo en una respuesta escrita.
Ningún país debe tanto como Estados Unidos, pero también son relevantes las deudas de China (38 millones de francos suizos), Venezuela (23,3), Argentina (7,2 millones), Italia (10,7 millones) o México (4,3), según la información provista por la OIT. Los sindicalistas españoles anticipan recortes de personal y otras medidas de impacto en la organización a la vuelta de la esquina si no se corrige la situación financiera. “Hay sensación de pánico. Mucha gente teme perder su trabajo”, dice la sindicalista de CC OO.
La CEOE, actor empresarial español que participa en la OIT, opina que la organización “opera hoy en un contexto especialmente complejo, tanto desde el punto de vista geopolítico como en términos de sostenibilidad financiera y de capacidad de acción”. La patronal que dirige Antonio Garamendi cree que “a esto se suma un entorno en el que, en general, las organizaciones internacionales atraviesan un momento delicado en cuanto a confianza y legitimidad”.
Críticas del Gobierno
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se refirió a la situación de la OIT en su última intervención en la sede del organismo, en Ginebra, el pasado 9 de junio. Lo hizo de forma velada, sin mencionar a Houngbo o a Trump directamente, pero con contundencia: “La OIT está en crisis y es relevante porque lo que está en juego es su mandato. Si el trabajo no es una mercancía, tampoco puede serlo la organización que representa el trabajo”. Díaz agregó: “La organización que tanto queremos pasa por turbulencias financieras que no podemos obviar, pero de las mismas no se puede salir poniendo en riesgo sus valores fundacionales; sin esta organización el mundo sería peor y debemos reconocer día a día la importancia que ha tenido y sigue teniendo la OIT para la construcción de una civilización laboral global de la que estamos aún muy lejos”.
Cinco días después de aquella intervención, El Confidencial aseguró que la vicepresidenta estudia plantar cara a Houngbo en la carrera para dirigir la OIT. El proceso de renovación de la secretaría general del organismo, adelantado por Houngbo, culmina el próximo noviembre y Trabajo rechaza comentar la posibilidad de que Díaz se postule. El ministerio se remite a lo expresado por la vicepresidenta durante la intervención de principios de junio.
Preguntados al respecto, los líderes de los principales sindicatos españoles fueron tajantes al afirmar que no han pedido a Díaz que presente su candidatura. Unai Sordo, de CC OO, expresó su “preocupación” por la “deriva” de la OIT “ante un trumpismo que aspira a derribar la ONU”. En UGT, Pepe Álvarez subrayó que la recomendación debería partir del Gobierno español, no de los sindicatos. Con todo, fuentes de ambas centrales transmiten que Díaz sería una “muy buena opción” para el cargo.
En la decisión, además de los 28 representantes de los países y los 14 de los sindicatos, también participan otras 14 patronales. La principal voz empresarial española, CEOE, considera que “el debate sobre la OIT no debería instrumentalizarse en clave política ni nacional”.
“Existe un riesgo cuando estos debates se utilizan para reformular agendas o liderazgos políticos”, añade la patronal en una clara referencia a la posibilidad de que Díaz se presente a esta carrera. La asociación dirigida por Antonio Garamendi ve con preocupación que, a su juicio, “se esté llevando el debate a un terreno excesivamente ideológico, presentándolo como una confrontación entre modelos (enfoques más desregulados y otros más intervencionistas)”./Agencias-PUNTOporPUNTO
























