La travesía para que a una adolescente en situación de calle la califiquen como víctima de trata

Desinformémonos

A la jovencita la vieron por las calles los comerciantes del centro histórico. Estaba prostituyéndose y estaba sola. Lastimada y además, por lo que podían ver, era menor de edad. Entonces dieron aviso a la Brigada Callejera Elisa Martínez, que la buscó y finalmente la encontró un mediodía, en la calle Donceles.

Elvira Madrid, de la Brigada, era quien la buscaba y quien finalmente la halló. Sola y confundida. Con un tobillo y una mano quebrados, con marcas de cigarrillo en las manos. La nena, con un poco de espacio y mucha paciencia, finalmente relató lo crucial de una vida trágica: en su ciudad natal fue violada, a los 12 años, por un narco, sicario, que la embarazó. Cuando su padre increpó al agresor, fue asesinado. Eso reclamará la niña cuando en uno de los tantos interrogatorios que le harán luego, desbordada, golpeándose la cabeza: que se quiere morir, para irse con el papá. Tiene 16.

“Nuestra primer intento para sacarla de la calle fue acudir a la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y trata de personas (Fevimtra) con quienes habíamos conversado que, en caso de encontrar a una menor de edad en las calles podríamos acudir a ellos sin necesidad de levantar una averiguación previa” explica Jaime Montejo, también integrante de la Brigada.

Fevimtra depende de la Procuraduría General de la República y tiene como cometido la integración de las investigaciones penales de los delitos de violencia contra la mujer y la trata, así como la atención a las víctimas.

“Fevimtra atiende los casos de trata trasnacional de personas o los delitos de violencia contra la mujer del fuero federal, pero en el caso de encontrar a una menor de edad, podrían darle alojo en su refugio. Llevamos ahí a la jovencita y fue atendida por una trabajadora social, una doctora y una abogada que la entrevistaron de una muy buena manera, pero no pudieron ingresarla porque sí necesitaba de una denuncia, es decir, de la apertura de una averiguación previa”

Además de estar lastimada, la nena tiene problemas de lenguaje, lo que dificulta su comunicación y sufre ataques de epilepsia. Al no tener cabida en Fevimtra, la Brigada se va con ella a hacer la denuncia de su situación ante la Fiscalía en Atención de Delitos Sexuales de la Procuraduría de Justicia del DF (PGJDF) donde vuelven a interrogarla. De ahí, a la Fiscalía del delito de Trata.

“Después de dos horas de interrogarla, el fiscal dice que no califica dentro del delito de trata de personas, que sí es menor de edad, pero que se prostituye por cuenta propia, aún a pesar de ver las fracturas y quemaduras que trae”

Finalmente levantaron la denuncia, pero en el documento que certifica el inicio de la averiguación previa, al que accedió Desinformémonos, consta que la denuncia es por “violación” y no por “trata de personas”.

“Nos ha pasado esto ya en Tapachula, que cuando la víctima es una persona menor de edad que encuentran en la clausura de algún lugar nocturno, rectifican las denuncias como otro tipo de delitos. En la Brigada nos guiamos por el Protocolo de Palermo (que versa sobre la prevención, represión y sanción de la trata de personas) que establece que ser menor de edad es suficiente para que la persona sea considerada como una víctima de trata de personas. En el caso de los adultos sí pone como requisito el traslado con fines de explotación bajo engaño y/o amenaza, pero no para los niños. Es suficiente con que esté ejerciendo la prostitución o trabajando a destajo y sin paga”

Desde la Brigada Callejera denuncian que la denuncia tomada sobre la situación de la niña en la Fiscalía contra la Trata de Personas de la PGJDF, no refleja lo que denunciaron, y a su vez que quienes interrogaron a la jovencita lo hicieron demostrando el poco tacto que tienen para lidiar con situaciones harto complejas.

“Quien la interrogó allí empezó a cuestionarla, de por qué no estaba en su casa, de por qué se prostituía, a regañarla, como si la víctima fuese el victimario” La niña se sintió tan increpada y tan nerviosa que le dio una especie de ataque. Así lo describe la averiguación previa:

“En este momento se encuentra presente la persona del sexo femenino, que responde al nombre tal, quien al ser entrevistada no quiere hablar nada al respecto, presenta problemas de lenguaje y al ser cuestionada por esta autoridad, comienza a agredirse golpeándose en la cabeza, se jala el cabello, gritando que se quiere morir para irse con su papá.”

“Para que puedan trasladar a la chava a un refugio, te debe acompañar una abogada victimista o una trabajadora social, pero no había ninguno. Nos quedamos cuidándola hasta que el personal de la fiscalía de Trata llegó al día siguiente, como a las 10 de la mañana y ahí si dieron por completa la denuncia.”

Una vez que la averiguación previa fue finalmente abierta ante la Fiscalía especializada en delitos de Trata, pero que fue registrada como una denuncia por violación, los derivan a la Agencia 59 especializada en niñas, niños y adolescentes, a cargo de la fiscal Margarita Maguey.

La niña fue llevada al médico, donde la enyesaron y le dieron pase urgente a un ginecólogo, ya que su salud sexual es pésima.

“Se supone que cualquier niña de 16 años, que vive en esas condiciones de abandono, recurre de manera forzada a la prostitución. Pero hay un tema que pesa a los burócratas de turno, que es el cambio de turno: si comienzan una averiguación previa tienen que quedarse hasta el final y eso era hasta el otro día.”

La Brigada va a hacer una ampliación de la denuncia del caso de la chica, para que el caso se investigue como Trata de Personas. Así como a plantear el poco tacto de los fiscales “especializados” para interrogar a una víctima sin causarle un ataque de pánico.

“Cuando, como hemos visto en Tapachula, se trata de adultas que deciden hacer baile erótico, trabajar como meseras o sexuales y hay un operativo en un centro nocturno, las detienen y las fuerzan a acusar a otras de ser las responsables de su decisión consciente. Pero cuando encuentran a una menor de edad, dan mil vueltas para reconocer que no lo está haciendo voluntariamente. Los ministeriales sólo ven lo que quieren ver. Lo vemos con las menores centroamericanas o las niñas indígenas de los altos de Jalisco, no les dan la debida diligencia a sus casos, cuando la Ley General de Trata obliga a los servidores públicos a atender estos casos. Entonces, ante las disposiciones de la ley, aparecen los problemas de interpretación y burocracia que trancan la atención a las víctimas y las aleja de la justicia.”

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